San Francisco de Asís: El Santo de la Naturaleza y Patrono de los Animales
San Francisco de Asís es uno de los santos más queridos de la Iglesia Católica, reconocido como patrono de los animales y la ecología. Nacido en 1181 en una familia acomodada, Francisco experimentó una conversión radical que lo llevó a renunciar a todas sus riquezas para seguir a Cristo en pobreza absoluta. Fundador de la Orden Franciscana, su vida estuvo marcada por un amor profundo por la creación, la recepción de los estigmas de Cristo y una alegría contagiosa. Descubre la vida, enseñanzas y legado de este santo extraordinario cuyo mensaje de paz, simplicidad y cuidado de la creación sigue inspirando al mundo.
San Francisco de Asís: El Santo de la Naturaleza y Patrono de los Animales
Introducción
San Francisco de Asís es uno de los santos más queridos y venerados de la Iglesia Católica, reconocido mundialmente como el patrono de los animales, la ecología y el medio ambiente. Su vida extraordinaria, marcada por una conversión radical, un amor profundo por la creación de Dios y una pobreza evangélica absoluta, continúa inspirando a millones de personas en todo el mundo, tanto católicos como no católicos. Francisco no solo fundó una de las órdenes religiosas más importantes de la historia, sino que también revolucionó la espiritualidad cristiana con su enfoque en la humildad, la simplicidad y la fraternidad universal.
Nacido en una familia acomodada de comerciantes en Asís, Italia, Francisco renunció a todas las riquezas materiales para seguir a Cristo de manera radical. Su testimonio de vida, sus escritos místicos y su profunda conexión con la naturaleza lo convirtieron en un modelo de santidad que trasciende épocas y culturas. En este artículo exploraremos en profundidad la vida, las enseñanzas, los milagros y el legado perdurable de San Francisco de Asís, el "Poverello" que cambió el mundo con su amor incondicional.
Biografía de San Francisco de Asís
Nacimiento y Juventud
Giovanni di Pietro di Bernardone, conocido como Francisco, nació en Asís, Italia, en 1181 o 1182. Su padre, Pietro di Bernardone, era un próspero comerciante de telas que viajaba frecuentemente a Francia, mientras que su madre, Pica Bourlemont, era de origen francés. Francisco recibió su apodo debido a la pasión de su padre por Francia y el comercio francés.
Durante su juventud, Francisco disfrutó de una vida privilegiada y despreocupada. Era conocido por su generosidad, su amor por las fiestas y su carácter alegre. Soñaba con convertirse en caballero y alcanzar la gloria militar, un ideal común entre los jóvenes nobles de su época. Recibió una educación básica en latín, pero su verdadera pasión era la vida social y las aventuras caballerescas.
La Conversión Radical
La vida de Francisco cambió drásticamente a partir de una serie de experiencias transformadoras. En 1202, participó en una guerra entre Asís y Perugia, donde fue capturado y encarcelado durante un año. Durante su cautiverio, enfermó gravemente, lo que le dio tiempo para reflexionar sobre el sentido de su vida.
Tras su liberación, intentó nuevamente alcanzar la gloria militar, pero una visión divina lo detuvo en Espoleto. En esta experiencia mística, escuchó una voz que le preguntaba: "¿A quién es mejor servir, al señor o al siervo?" Francisco respondió que al señor, y la voz le dijo: "Entonces, ¿por qué sigues al siervo en lugar del Señor?"
Este encuentro marcó el inicio de su conversión. Francisco comenzó a buscar la soledad para orar, visitaba iglesias abandonadas y se dedicaba a obras de caridad. El momento culminante de su conversión ocurrió cuando, a pesar de su repulsión natural, abrazó y besó a un leproso en el camino. Este acto de amor radical transformó completamente su corazón.
El Llamado de San Damián
En 1205, mientras oraba en la pequeña iglesia de San Damián, que estaba en ruinas, Francisco escuchó la voz de Cristo desde el crucifijo que le decía: "Francisco, ve y repara mi casa, que como ves, está en ruinas." Interpretando esto literalmente, Francisco vendió telas del negocio de su padre para financiar la restauración de la iglesia.
Este acto provocó la ira de su padre, quien lo llevó ante el obispo de Asís exigiendo que devolviera el dinero y renunciara a su herencia. En un gesto dramático y simbólico, Francisco se despojó de todas sus ropas en la plaza pública, devolviéndolas a su padre y declarando: "Hasta ahora he llamado padre a Pietro di Bernardone, pero ahora quiero servir a Dios. Por eso le devuelvo el dinero y toda la ropa que es suya, porque de ahora en adelante quiero decir solamente: Padre nuestro que estás en los cielos."
Fundación de la Orden Franciscana
Vestido con una simple túnica atada con una cuerda, Francisco comenzó a vivir en pobreza absoluta, predicando el Evangelio y restaurando iglesias. Pronto, otros hombres se sintieron atraídos por su estilo de vida radical y se unieron a él. En 1209, Francisco escribió una regla de vida simple basada en los Evangelios y viajó a Roma para obtener la aprobación del Papa Inocencio III.
Según la tradición, el Papa inicialmente dudó, pero tuvo un sueño en el que veía la Basílica de San Juan de Letrán a punto de derrumbarse, sostenida por un pequeño hombre pobre: Francisco. Interpretando esto como una señal divina, el Papa aprobó verbalmente la regla franciscana.
La orden creció rápidamente. Francisco y sus hermanos vivían en pobreza extrema, trabajaban con sus manos, cuidaban de los leprosos y predicaban la paz y el arrepentimiento. En 1212, Clara de Asís, inspirada por Francisco, fundó la rama femenina de la orden, conocida como las Clarisas.
La Espiritualidad Franciscana
Pobreza Evangélica
El corazón de la espiritualidad franciscana es la pobreza radical. Para Francisco, la pobreza no era simplemente la ausencia de posesiones materiales, sino una actitud del corazón que liberaba al alma para amar a Dios y a los demás sin apegos. Francisco llamaba a la pobreza "Dama Pobreza" y la consideraba su esposa espiritual.
Esta pobreza se manifestaba en todos los aspectos de la vida franciscana: vivían en chozas simples o cuevas, no poseían propiedades, trabajaban por su sustento diario y cuando era necesario, mendigaban. Francisco enseñaba que los hermanos debían alegrarse cuando eran despreciados o rechazados, viendo en esto una oportunidad para identificarse más plenamente con Cristo crucificado.
Amor por la Creación
Una de las características más distintivas de San Francisco es su profundo amor y respeto por toda la creación. Francisco veía en cada criatura un reflejo de la bondad y belleza de Dios. Llamaba al sol, la luna, las estrellas, los animales y hasta la muerte sus "hermanos" y "hermanas", reconociendo la fraternidad universal de toda la creación.
Su famoso "Cántico de las Criaturas" o "Cántico del Hermano Sol" es una de las primeras obras poéticas en italiano vernáculo y expresa esta visión cósmica de la alabanza a Dios a través de toda la creación:
"Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, corresponden, y ningún hombre es digno de hacer de ti mención."
Francisco predicaba a los pájaros, liberaba animales atrapados, rescataba lombrices del camino para que no fueran pisoteadas, y según la tradición, hasta amansó a un lobo feroz que aterrorizaba la ciudad de Gubbio, estableciendo un pacto de paz entre el animal y los habitantes.
Humildad y Alegría
Francisco cultivaba una humildad profunda, considerándose el "menor de los hermanos" (de ahí el nombre de "Frailes Menores" para su orden). Rechazaba honores y títulos, prefiriendo servir a los más pobres y marginados. A pesar de su rigurosa vida de penitencia, Francisco era conocido por su alegría contagiosa. Creía que la tristeza era un obstáculo para la vida espiritual y animaba a sus hermanos a servir a Dios con gozo.
Los Estigmas de Cristo
Uno de los eventos más extraordinarios en la vida de San Francisco ocurrió en septiembre de 1224, dos años antes de su muerte. Mientras ayunaba y oraba en el monte Alverna, Francisco tuvo una visión de un serafín crucificado. Durante esta experiencia mística, recibió los estigmas: las cinco heridas de Cristo crucificado aparecieron en su cuerpo (manos, pies y costado).
Francisco intentó ocultar estas marcas, pero los hermanos que lo cuidaban las descubrieron. Los estigmas le causaban gran dolor físico, pero Francisco los consideraba un regalo inmenso, una participación en el sufrimiento redentor de Cristo. Este fenómeno místico, documentado por testigos cercanos, convirtió a Francisco en el primer estigmatizado conocido en la historia de la Iglesia.
Misión y Predicación
Viaje a Tierra Santa
En 1219, durante la Quinta Cruzada, Francisco emprendió un viaje audaz a Egipto con el deseo de convertir al sultán Al-Kamil y poner fin al conflicto entre cristianos y musulmanes. A pesar del peligro, Francisco cruzó las líneas enemigas y fue recibido por el sultán.
Aunque no logró la conversión del sultán, el encuentro fue notable por su espíritu de diálogo y respeto mutuo. El sultán quedó impresionado por la sinceridad y santidad de Francisco, y le permitió visitar los lugares santos en Jerusalén. Este episodio demuestra el compromiso de Francisco con la paz y su valentía evangélica.
Predicación Itinerante
Francisco y sus hermanos recorrían pueblos y ciudades predicando el Evangelio de manera simple y directa. A diferencia de los predicadores académicos de su tiempo, Francisco usaba un lenguaje sencillo, ejemplos de la vida cotidiana y su propio testimonio de vida. Su predicación enfatizaba el arrepentimiento, el amor a Dios y al prójimo, y la paz.
Francisco también promovía la paz civil, interviniendo en conflictos entre ciudades y facciones. Su saludo característico era "Pace e bene" (Paz y bien), que se convirtió en el lema franciscano.
Últimos Años y Muerte
Los últimos años de Francisco estuvieron marcados por el sufrimiento físico. Las austeridades de su vida, los estigmas y diversas enfermedades, incluyendo problemas en los ojos que lo dejaron casi ciego, lo debilitaron considerablemente. A pesar del dolor, Francisco mantuvo su alegría y su amor por Dios.
En 1226, sabiendo que su muerte se acercaba, Francisco pidió ser llevado a la Porciúncula, la pequeña capilla donde había comenzado su movimiento. Allí, rodeado de sus hermanos, Francisco pidió que lo colocaran desnudo sobre la tierra desnuda, simbolizando su total desprendimiento y su retorno a la "Madre Tierra".
Francisco murió el 3 de octubre de 1226, a los 44 años de edad, cantando el Salmo 142. Según los testigos, una multitud de alondras, pájaros que normalmente no cantan de noche, volaron sobre el techo cantando, como despidiéndose de su amigo.
Canonización y Legado
Francisco fue canonizado por el Papa Gregorio IX apenas dos años después de su muerte, el 16 de julio de 1228. La rapidez de su canonización refleja el reconocimiento inmediato de su santidad y el impacto de su vida.
La Orden Franciscana Hoy
La familia franciscana se ha expandido enormemente desde su fundación. Hoy incluye tres órdenes principales:
- Primera Orden: Los Frailes Menores (OFM), divididos en varias ramas incluyendo los Franciscanos Conventuales y los Capuchinos
- Segunda Orden: Las Clarisas, fundadas por Santa Clara
- Tercera Orden: Los Franciscanos Seglares, laicos que viven la espiritualidad franciscana en el mundo
Miles de franciscanos en todo el mundo continúan el legado de Francisco a través del servicio a los pobres, la educación, la atención médica, el trabajo misionero y la promoción de la paz y la justicia.
Influencia Cultural y Espiritual
La influencia de San Francisco trasciende las fronteras de la Iglesia Católica. Es venerado por cristianos de todas las denominaciones y respetado por personas de otras religiones y hasta por no creyentes. Su mensaje de paz, simplicidad, respeto por la naturaleza y amor universal resuena profundamente en el mundo contemporáneo.
En el arte, Francisco ha sido representado innumerables veces, desde los frescos de Giotto en la Basílica de Asís hasta obras modernas. En la literatura, su vida ha inspirado biografías, novelas, poemas y obras de teatro.
San Francisco y la Ecología Moderna
En 1979, el Papa Juan Pablo II proclamó a San Francisco patrono de los ecologistas, reconociendo su visión profética sobre la relación armoniosa entre la humanidad y la naturaleza. En un tiempo de crisis ecológica global, el mensaje franciscano sobre el cuidado de la creación es más relevante que nunca.
El Papa Francisco, al elegir su nombre papal en honor a San Francisco de Asís, señaló esta conexión en su encíclica "Laudato Si'" (2015), que toma su título del Cántico de las Criaturas. La encíclica desarrolla una ecología integral basada en la visión franciscana de la creación como un don de Dios que debe ser cuidado con amor y responsabilidad.
Devoción a San Francisco
Fiesta Litúrgica
La Iglesia Católica celebra la fiesta de San Francisco de Asís el 4 de octubre, día siguiente a su muerte. En muchas parroquias, especialmente aquellas bajo la advocación franciscana, este día se celebra con la bendición de animales, recordando el amor especial de Francisco por todas las criaturas.
Lugares de Peregrinación
Asís, la ciudad natal de Francisco, es uno de los destinos de peregrinación más importantes del mundo católico. Los peregrinos visitan:
- La Basílica de San Francisco: Construida sobre su tumba, contiene magníficos frescos que narran su vida
- La Porciúncula: La pequeña capilla donde Francisco vivió y murió, ahora protegida dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles
- San Damián: La iglesia donde Francisco escuchó el llamado de Cristo
- El Eremo delle Carceri: El eremitorio en el monte Subasio donde Francisco se retiraba a orar
Oraciones Franciscanas
Francisco compuso varias oraciones que siguen siendo populares hoy:
- La Oración de San Francisco ("Señor, hazme un instrumento de tu paz...")
- El Cántico de las Criaturas
- Las Alabanzas al Dios Altísimo
Estas oraciones reflejan la profundidad de su vida espiritual y continúan inspirando a los fieles en su camino de fe.
Enseñanzas y Virtudes de San Francisco
La Perfecta Alegría
En uno de sus escritos más conocidos, Francisco enseña a sus hermanos sobre la "perfecta alegría". Explica que la verdadera alegría no se encuentra en los éxitos externos, los milagros o el reconocimiento, sino en soportar con paciencia las pruebas y sufrimientos por amor a Cristo. Esta enseñanza paradójica revela la profundidad de la espiritualidad franciscana, que encuentra gozo en la cruz.
Vivir el Evangelio Sine Glossa
Francisco insistía en vivir el Evangelio "sine glossa" (sin glosa o comentario), es decir, de manera literal y radical. Para él, las palabras de Cristo no necesitaban interpretación académica, sino obediencia práctica. Esta actitud lo llevó a vivir la pobreza, la humildad y el amor de manera extrema.
La Fraternidad Universal
Francisco promovía una visión de fraternidad que incluía no solo a los seres humanos, sino a toda la creación. Esta fraternidad universal se basaba en el reconocimiento de Dios como Padre común de todo lo creado. En sus escritos, Francisco se refiere a "hermano sol", "hermana luna", "hermano fuego", "hermana agua", "hermano lobo" y hasta "hermana muerte".
Milagros Atribuidos a San Francisco
Durante su vida y después de su muerte, se han atribuido numerosos milagros a San Francisco:
Durante su Vida
- El lobo de Gubbio: Según la tradición, Francisco amansó a un lobo feroz que aterrorizaba la ciudad, estableciendo un pacto de paz entre el animal y los habitantes
- Predicación a los pájaros: En Bevagna, Francisco predicó a una multitud de pájaros que lo escucharon en silencio
- Multiplicación de alimentos: En varias ocasiones, se dice que Francisco multiplicó alimentos para alimentar a los pobres y a sus hermanos
- Curaciones: Numerosas personas fueron sanadas de enfermedades físicas y espirituales a través de su intercesión
Después de su Muerte
Miles de milagros han sido reportados en los lugares donde se veneran sus reliquias o donde se invoca su intercesión. Estos incluyen curaciones físicas, conversiones espirituales, protección en peligros y ayuda en situaciones desesperadas.
Conclusión
San Francisco de Asís permanece como uno de los santos más amados y relevantes de la historia cristiana. Su vida radical, su amor por los pobres, su respeto por la creación y su alegría contagiosa continúan inspirando a personas de todas las culturas y creencias. En un mundo marcado por el materialismo, la división y la crisis ecológica, el mensaje franciscano de simplicidad, fraternidad y cuidado de la creación ofrece un camino de esperanza y transformación.
Francisco nos enseña que la verdadera felicidad no se encuentra en la acumulación de bienes materiales, sino en el amor a Dios y al prójimo, en la libertad interior que da la pobreza evangélica, y en el reconocimiento de la dignidad sagrada de toda la creación. Su testimonio nos desafía a vivir el Evangelio de manera radical, a buscar la paz en medio del conflicto, y a ver en cada criatura un reflejo del amor de Dios.
Que San Francisco de Asís, el Poverello de Asís, el santo de la naturaleza, interceda por nosotros y nos ayude a seguir sus pasos en el camino de la santidad, viviendo con alegría, humildad y amor incondicional. Que su ejemplo nos inspire a cuidar nuestra casa común, a servir a los más necesitados, y a alabar a Dios con toda la creación. Amén.




