El Judaísmo y el Cristianismo: Raíces Comunes que Unen Dos Grandes Tradiciones de Fe
El judaísmo y el cristianismo comparten raíces profundas que se remontan a los orígenes mismos de la revelación divina. Ambas religiones monoteístas encuentran su fundamento en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, en la figura de Abraham como padre de la fe, y en la alianza que Dios estableció con su pueblo elegido. Comprender estas raíces comunes no solo enriquece nuestra fe católica, sino que también nos permite establecer un diálogo respetuoso y fraterno con nuestros hermanos mayores en la fe, como los llamó el Papa Juan Pablo II. Este artículo explora las conexiones históricas, teológicas y espirituales que unen al judaísmo y al cristianismo, destacando tanto los elementos compartidos como las diferencias que nos distinguen, siempre desde una perspectiva de respeto mutuo y búsqueda de la verdad.

El Judaísmo y el Cristianismo: Raíces Comunes que Unen Dos Grandes Tradiciones de Fe
Extracto
El judaísmo y el cristianismo comparten raíces profundas que se remontan a los orígenes mismos de la revelación divina. Ambas religiones monoteístas encuentran su fundamento en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, en la figura de Abraham como padre de la fe, y en la alianza que Dios estableció con su pueblo elegido. Comprender estas raíces comunes no solo enriquece nuestra fe católica, sino que también nos permite establecer un diálogo respetuoso y fraterno con nuestros hermanos mayores en la fe, como los llamó el Papa Juan Pablo II. Este artículo explora las conexiones históricas, teológicas y espirituales que unen al judaísmo y al cristianismo, destacando tanto los elementos compartidos como las diferencias que nos distinguen, siempre desde una perspectiva de respeto mutuo y búsqueda de la verdad.
Introducción: Una Relación Histórica y Teológica Única
La relación entre el judaísmo y el cristianismo es única en la historia de las religiones. El cristianismo no surgió en el vacío, sino que nació del seno mismo del judaísmo del siglo I. Jesús de Nazaret era judío, sus apóstoles eran judíos, y la primera comunidad cristiana estaba compuesta enteramente por judíos que reconocieron en Jesús al Mesías prometido.
Esta conexión íntima hace que el cristianismo sea incomprensible sin el judaísmo. Como afirmó el Concilio Vaticano II en la declaración Nostra Aetate, "la Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los patriarcas, en Moisés y en los profetas, conforme al misterio salvífico de Dios".
El Contexto Histórico del Nacimiento del Cristianismo
Para comprender las raíces comunes, debemos situarnos en el contexto del judaísmo del Segundo Templo, el período que abarca desde la reconstrucción del Templo de Jerusalén (516 a.C.) hasta su destrucción por los romanos (70 d.C.). En esta época, el judaísmo era una religión diversa con múltiples corrientes: fariseos, saduceos, esenios, zelotes, y otros grupos que interpretaban de manera diferente la Ley y las tradiciones.
Jesús y sus primeros seguidores se movían dentro de este mundo judío, participaban en las sinagogas, celebraban las fiestas judías, y debatían sobre la interpretación de la Torá. El cristianismo primitivo no se veía a sí mismo como una religión separada del judaísmo, sino como el cumplimiento de las promesas hechas a Israel.
El Antiguo Testamento: Herencia Sagrada Compartida
El Antiguo Testamento constituye la herencia sagrada más importante que comparten judíos y cristianos. Para los judíos, estos textos conforman el Tanaj, dividido en tres secciones: la Torá (Ley), los Neviim (Profetas) y los Ketuvim (Escritos). Para los católicos, estos mismos libros forman la primera parte de la Biblia, preparando el camino para la revelación plena en Jesucristo.
La Torá: Fundamento de la Fe
La Torá, los cinco primeros libros de la Biblia (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), es el corazón de la fe judía y también fundamental para el cristianismo. En estos libros encontramos:
-
La creación del mundo y del ser humano: El relato del Génesis nos enseña que todos somos creados a imagen y semejanza de Dios, estableciendo la dignidad fundamental de toda persona humana.
-
La historia de los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob son figuras veneradas tanto por judíos como por cristianos, representando la fe, la obediencia y la confianza en Dios.
-
El Éxodo y la liberación: La salida de Egipto y la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud es un evento central que prefigura la liberación del pecado que Cristo traerá a toda la humanidad.
-
La Alianza del Sinaí: Los Diez Mandamientos y la Ley mosaica establecen los principios morales y religiosos que siguen siendo fundamentales para ambas tradiciones.
Los Profetas: Mensajeros de Dios
Los profetas del Antiguo Testamento ocupan un lugar central en ambas religiones. Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel y los profetas menores proclamaron la palabra de Dios, llamaron al pueblo a la conversión, denunciaron la injusticia, y anunciaron la esperanza de salvación.
Para los cristianos, muchas profecías del Antiguo Testamento encuentran su cumplimiento en Jesucristo. Isaías 53, por ejemplo, describe al "Siervo Sufriente" que los cristianos identifican con Jesús crucificado. Miqueas 5:2 profetiza que el Mesías nacería en Belén. Estas y muchas otras profecías conectan directamente el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Los Salmos: Oración Común
Los Salmos son quizás el libro del Antiguo Testamento que más une a judíos y cristianos en la oración. Estos 150 poemas sagrados expresan toda la gama de emociones humanas ante Dios: alabanza, súplica, acción de gracias, lamento, confianza.
Jesús mismo rezaba los Salmos. En la cruz, pronunció las palabras del Salmo 22: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". La Iglesia Católica ha incorporado los Salmos en la Liturgia de las Horas, manteniendo viva esta tradición de oración que nos une con nuestros hermanos judíos.
Abraham: Padre de la Fe para Judíos y Cristianos
Abraham ocupa un lugar único como padre de la fe tanto para el judaísmo como para el cristianismo. Su historia, narrada en el libro del Génesis, es fundamental para comprender la relación entre Dios y la humanidad.
La Llamada de Abraham
Dios llamó a Abraham (entonces llamado Abram) a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para ir a una tierra que Él le mostraría (Génesis 12:1). Esta llamada requería una fe extraordinaria: abandonar todo lo conocido y seguro para seguir a Dios hacia lo desconocido.
La respuesta de Abraham fue de obediencia total: "Abram se fue, como le había dicho el Señor" (Génesis 12:4). Esta fe incondicional convierte a Abraham en el modelo de creyente para todas las generaciones.
La Alianza con Abraham
Dios estableció una alianza con Abraham, prometiéndole:
- Descendencia numerosa: "Haré de ti una nación grande" (Génesis 12:2)
- Bendición: "Te bendeciré... y serás una bendición" (Génesis 12:2)
- Tierra: "A tu descendencia daré esta tierra" (Génesis 12:7)
- Bendición universal: "En ti serán benditas todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3)
Para los judíos, esta alianza establece su identidad como pueblo elegido de Dios. Para los cristianos, San Pablo enseña que todos los que tienen fe son hijos de Abraham: "Los que viven de la fe, ésos son hijos de Abraham" (Gálatas 3:7).
El Sacrificio de Isaac
El episodio del sacrificio de Isaac (Génesis 22) es uno de los más conmovedores y significativos del Antiguo Testamento. Dios pide a Abraham que sacrifique a su hijo único, Isaac, el hijo de la promesa. Abraham obedece, pero en el último momento Dios detiene su mano y provee un carnero para el sacrificio.
Este relato tiene múltiples niveles de significado:
-
Para el judaísmo: Demuestra la fe absoluta de Abraham y establece el principio de que Dios no desea sacrificios humanos, a diferencia de las religiones paganas circundantes.
-
Para el cristianismo: Prefigura el sacrificio de Cristo. Así como Abraham no escatimó a su hijo único, Dios Padre no escatimó a su Hijo único, Jesucristo, por nuestra salvación. Isaac cargando la leña para su propio sacrificio prefigura a Jesús cargando la cruz.
Conceptos Teológicos Compartidos
Más allá de las Escrituras comunes, el judaísmo y el cristianismo comparten conceptos teológicos fundamentales que los distinguen de otras religiones del mundo.
El Monoteísmo Radical
Tanto el judaísmo como el cristianismo profesan un monoteísmo estricto: la creencia en un solo Dios, creador del cielo y de la tierra. Esta fe se expresa en el Shemá, la oración central del judaísmo: "Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor es uno" (Deuteronomio 6:4).
Jesús mismo citó el Shemá como el primer y más grande mandamiento (Marcos 12:29). Aunque el cristianismo desarrolló la doctrina de la Trinidad (un solo Dios en tres Personas), mantiene firmemente el monoteísmo: no hay tres dioses, sino un solo Dios que existe eternamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La Alianza: Relación Personal con Dios
El concepto de alianza (berit en hebreo) es central en ambas tradiciones. Dios no es un ser distante e impersonal, sino que establece una relación de compromiso mutuo con su pueblo. Esta alianza implica:
- Elección divina: Dios toma la iniciativa de establecer la relación
- Promesas: Dios se compromete a bendecir, proteger y guiar a su pueblo
- Obligaciones: El pueblo se compromete a obedecer los mandamientos de Dios
- Fidelidad: La alianza es permanente, aunque el pueblo sea infiel
Para los judíos, la alianza del Sinaí es eterna e irrevocable. Para los cristianos, Jesús establece una "nueva alianza" en su sangre (Lucas 22:20), que no anula sino que cumple y perfecciona la alianza anterior.
La Ley Moral y los Mandamientos
Los Diez Mandamientos, dados por Dios a Moisés en el monte Sinaí, constituyen el fundamento de la ley moral tanto para judíos como para cristianos. Estos mandamientos se dividen en dos tablas:
Primera tabla (deberes hacia Dios):
- No tendrás otros dioses delante de mí
- No harás imágenes talladas
- No tomarás el nombre de Dios en vano
- Acuérdate del día de reposo para santificarlo
Segunda tabla (deberes hacia el prójimo): 5. Honra a tu padre y a tu madre 6. No matarás 7. No cometerás adulterio 8. No robarás 9. No darás falso testimonio 10. No codiciarás
Jesús resumió toda la Ley en dos mandamientos: amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:37-40). Estos dos mandamientos ya estaban presentes en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18), mostrando la continuidad entre ambas tradiciones.
La Esperanza Mesiánica
Tanto el judaísmo como el cristianismo comparten una esperanza mesiánica, aunque la interpretan de manera diferente. El Antiguo Testamento está lleno de promesas sobre un Mesías (Ungido) que vendría a salvar a Israel y establecer el reino de Dios.
Los judíos continúan esperando la venida del Mesías, que traerá la paz universal, reunirá a los exiliados de Israel, reconstruirá el Templo, y establecerá el reino de justicia y paz profetizado por los profetas.
Los cristianos creemos que Jesús de Nazaret es el Mesías prometido, que vino a cumplir las profecías del Antiguo Testamento. Sin embargo, reconocemos que su reino no es de este mundo (Juan 18:36) y esperamos su segunda venida en gloria para establecer definitivamente el reino de Dios.
La Santidad de la Vida y la Dignidad Humana
Ambas tradiciones enseñan que el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), lo que confiere una dignidad inviolable a toda persona humana. De esta verdad fundamental se derivan principios éticos compartidos:
- El respeto absoluto por la vida humana
- La obligación de cuidar de los pobres, viudas, huérfanos y extranjeros
- La justicia social y la denuncia de la opresión
- La responsabilidad de ser administradores (no dueños) de la creación
Las Diferencias Fundamentales
Aunque compartimos raíces comunes, existen diferencias teológicas fundamentales entre el judaísmo y el cristianismo que no pueden minimizarse. Reconocer estas diferencias con honestidad es esencial para un diálogo auténtico y respetuoso.
La Persona de Jesucristo
La diferencia más fundamental se refiere a la identidad de Jesús de Nazaret:
Para los cristianos: Jesús es el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se hizo hombre para nuestra salvación. Es verdadero Dios y verdadero hombre. Su muerte en la cruz y su resurrección son el centro de nuestra fe y la fuente de nuestra salvación.
Para los judíos: Jesús fue un maestro judío (rabino) del siglo I, pero no el Mesías prometido ni el Hijo de Dios en sentido divino. El judaísmo rechaza la idea de que Dios pueda encarnarse en forma humana, considerándola incompatible con el monoteísmo estricto.
La Trinidad
La doctrina cristiana de la Trinidad (un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo) es ajena al judaísmo. Los judíos consideran que esta doctrina compromete el monoteísmo puro enseñado en el Shemá.
Los cristianos, por su parte, afirmamos que la Trinidad no contradice el monoteísmo, sino que revela la naturaleza íntima de Dios como comunión de amor. No son tres dioses, sino un solo Dios que existe eternamente en tres Personas distintas.
La Salvación y la Redención
Para el cristianismo: La salvación viene por la fe en Jesucristo y su obra redentora. Todos los seres humanos están marcados por el pecado original y necesitan la gracia de Dios, que nos viene a través de Cristo. La salvación es un don gratuito de Dios que recibimos por la fe y las obras.
Para el judaísmo: No existe el concepto de pecado original en el sentido cristiano. La salvación se alcanza mediante la observancia de la Torá, las buenas obras, el arrepentimiento (teshuvá) y la misericordia de Dios. El judaísmo no enseña que se necesite un mediador entre Dios y el ser humano.
El Papel de la Ley
Para el judaísmo: La Torá (Ley) es un don precioso de Dios que guía al pueblo judío en todos los aspectos de la vida. Los 613 mandamientos (mitzvot) de la Torá son obligatorios para los judíos y su observancia es fuente de alegría y bendición.
Para el cristianismo: Jesús cumplió la Ley y la llevó a su plenitud. Los cristianos no estamos obligados a observar las leyes ceremoniales y rituales del Antiguo Testamento (como las leyes dietéticas o la circuncisión), aunque sí los principios morales eternos. San Pablo enseña que "Cristo es el fin de la Ley" (Romanos 10:4) y que somos justificados por la fe, no por las obras de la Ley.
Las Escrituras
Para el judaísmo: Las Escrituras sagradas son el Tanaj (Antiguo Testamento) y la tradición oral codificada en el Talmud y otros textos rabínicos. El Nuevo Testamento no es considerado escritura sagrada.
Para el cristianismo: La Biblia incluye tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Ambos son Palabra de Dios inspirada. El Antiguo Testamento prepara y anuncia al Nuevo, y el Nuevo cumple y revela plenamente lo que estaba oculto en el Antiguo.
El Diálogo Interreligioso y la Enseñanza de la Iglesia Católica
La Iglesia Católica ha recorrido un largo camino en su relación con el judaísmo, especialmente desde el Concilio Vaticano II (1962-1965). Este cambio representa uno de los desarrollos más significativos en la historia de las relaciones judeo-cristianas.
Nostra Aetate: Un Punto de Inflexión
La declaración Nostra Aetate (1965) del Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión histórico. Este documento:
- Reconoce el vínculo espiritual entre cristianos y judíos
- Rechaza la acusación de deicidio contra el pueblo judío
- Condena el antisemitismo en todas sus formas
- Promueve el diálogo y el entendimiento mutuo
El documento afirma: "La Iglesia... no puede olvidar que recibió la revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo con quien Dios, por su inefable misericordia, se dignó establecer la Antigua Alianza".
Las Enseñanzas de los Papas
Los papas posteriores al Concilio han profundizado en el diálogo con el judaísmo:
San Juan Pablo II (1978-2005):
- Visitó la sinagoga de Roma en 1986, el primer papa en hacerlo
- Llamó a los judíos "nuestros hermanos mayores en la fe"
- Visitó el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén y pidió perdón por los pecados cometidos contra los judíos
- Estableció relaciones diplomáticas con Israel
Benedicto XVI (2005-2013):
- Visitó la sinagoga de Roma y Auschwitz
- Publicó el libro "Jesús de Nazaret" que incluye reflexiones sobre las raíces judías de Jesús
- Promovió el estudio del contexto judío del Nuevo Testamento
Papa Francisco (2013-presente):
- Ha continuado el diálogo fraterno con la comunidad judía
- Visitó Israel y oró en el Muro de las Lamentaciones
- Ha denunciado repetidamente el antisemitismo
- Promueve la amistad y colaboración entre católicos y judíos
Principios para el Diálogo
La Iglesia Católica ha establecido principios claros para el diálogo con el judaísmo:
- Respeto mutuo: Reconocer la dignidad y legitimidad de la fe judía
- Rechazo del antisemitismo: Condenar toda forma de discriminación o violencia contra los judíos
- Conocimiento mutuo: Estudiar y comprender la fe del otro sin prejuicios
- Colaboración: Trabajar juntos por la justicia, la paz y el bien común
- Testimonio: Cada tradición debe ser fiel a su propia identidad mientras respeta la del otro
Áreas de Colaboración
Católicos y judíos pueden colaborar en muchas áreas:
- Defensa de la vida y la familia: Ambas tradiciones valoran la santidad de la vida y la importancia de la familia
- Justicia social: Compartimos el compromiso con los pobres y marginados
- Libertad religiosa: Defender el derecho de todas las personas a practicar su fe
- Paz en Tierra Santa: Trabajar por una paz justa y duradera en Israel/Palestina
- Educación: Combatir la ignorancia y los prejuicios mediante la educación
- Diálogo interreligioso: Promover el entendimiento entre todas las religiones
La Importancia del Conocimiento Mutuo
Para que el diálogo sea fructífero, es esencial que católicos y judíos se conozcan mutuamente de manera auténtica, superando estereotipos y malentendidos históricos.
Superar los Prejuicios Históricos
Durante siglos, las relaciones entre cristianos y judíos estuvieron marcadas por la incomprensión, el prejuicio y, en ocasiones, la persecución. Es necesario:
- Reconocer honestamente los pecados del pasado
- Estudiar la historia con objetividad
- Rechazar las interpretaciones teológicas que fomentan el antisemitismo
- Educar a las nuevas generaciones en el respeto mutuo
Aprender del Judaísmo
Los católicos podemos enriquecer nuestra fe aprendiendo del judaísmo:
- Comprender mejor las Escrituras: Conocer el contexto judío del Antiguo y Nuevo Testamento
- Apreciar las raíces judías de Jesús: Jesús era judío y vivió según las tradiciones judías
- Valorar la Ley: Comprender el amor judío por la Torá nos ayuda a apreciar la Ley de Dios
- Aprender de la espiritualidad judía: La tradición de estudio, oración y celebración del judaísmo es rica y profunda
Compartir Nuestra Fe
Al mismo tiempo, los católicos estamos llamados a compartir nuestra fe en Cristo con respeto y amor. Esto no significa proselitismo agresivo, sino testimonio auténtico de lo que Cristo significa para nosotros. El diálogo genuino incluye la capacidad de compartir nuestras convicciones más profundas mientras respetamos las del otro.
Conclusión: Respeto Mutuo y Búsqueda Común de la Verdad
Las raíces comunes entre el judaísmo y el cristianismo son profundas y significativas. Compartimos:
- Las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento
- La fe en el Dios único, creador del cielo y de la tierra
- La figura de Abraham como padre de la fe
- Los profetas y su mensaje de justicia y esperanza
- Los principios morales fundamentales
- El compromiso con la dignidad humana y la justicia social
Al mismo tiempo, existen diferencias teológicas fundamentales, especialmente en lo que se refiere a la persona de Jesucristo, que no pueden minimizarse ni ignorarse.
El camino hacia adelante no es negar estas diferencias, sino reconocerlas con honestidad mientras cultivamos el respeto mutuo, el diálogo fraterno y la colaboración en áreas de interés común. Como enseñó el Concilio Vaticano II, debemos buscar "lo que es común y conduce a la mutua cooperación".
En un mundo marcado por la división, el odio y la violencia, el diálogo entre católicos y judíos es un testimonio poderoso de que es posible mantener convicciones profundas mientras se respeta al otro. Nuestras raíces comunes nos recuerdan que todos somos hijos del mismo Dios, llamados a vivir en paz y a trabajar juntos por un mundo más justo y fraterno.
Que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos bendiga y nos guíe en este camino de diálogo, comprensión y amor mutuo. Que podamos ser instrumentos de su paz y testigos de su amor para todas las naciones.
Como católicos, honramos nuestras raíces judías, agradecemos a Dios por la herencia que hemos recibido del pueblo de Israel, y nos comprometemos a construir puentes de amistad y colaboración con nuestros hermanos mayores en la fe. En palabras del Salmo 133: "¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos vivan unidos!"


