Cómo confesarse bien: Guía completa para una buena confesión
como confesarse bien y encontrar la paz del alma. Guía completa para entender los pasos, la actitud correcta y qué hacer para que tu confesión sea válida, verda

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Cómo confesarse bien: El abrazo sanador de Dios
¿Alguna vez has sentido esa carga pesada en el pecho, como si llevaras piedras en los bolsillos de tu vestidura, impidiéndote caminar ligero y respirar profundo en la presencia del Señor? Si tu corazón está buscando alivio, has llegado al lugar adecuado para aprender como confesarse bien. No te preocupes, no estás solo en este camino; millones de católicos en México y Latinoamérica han caminado por este mismo umbral de humildad y han encontrado que la puerta del cielo se abre de par en par cuando nos atrevemos a ser honestos con Dios.
Confesarse bien no se trata de recitar un texto aprendido de memoria ni de llegar al confesionario con miedo paralizante. Se trata fundamentalmente de preparar el corazón con sinceridad, arrepentimiento verdadero y la firme voluntad de cambiar. Cuando quieres saber como confesarse bien, la respuesta más directa es: examina tu conciencia, reconoce tus faltas, siente dolor por ofender a Dios, confiesa todo lo que recuerdas y propón enmendarte. Este es el camino que la Iglesia nos enseña para recibir el perdón infinito. Hay una paz que solo el sacramento de la reconciliación puede dar, una paz que calma la conciencia y restaura la amistad con el Padre. No dejes que la vergüenza te aleje de este regalo; al contrario, usa esa vergüenza como el primer paso para acercarte, porque Dios no te mira con juicio, sino con una mirada de compasión inagotable.
Respuesta directa: Como confesarse bien
Para responder directamente a tu pregunta sobre como confesarse bien, debemos ir al grano pero con el corazón abierto, porque la teología no debe ser fría, sino viva. El proceso tiene cinco pasos esenciales que debes seguir cada vez que te acerques a la confesión sacramental. El primero es el Examen de Conciencia. Antes de entrar al templo, tómate unos minutos en silencio. Pregúntate: ¿dónde fallé en amar a Dios? ¿Dónde fallé en amar a mi prójimo? Piensa en las palabras que dijiste, en las acciones que omitiste, en los silencios que debieron ser gritos de ayuda. No busques perfección en este examen, busca verdad.
El segundo paso es la Contrición. Aquí es donde ocurre la magia del arrepentimiento. No necesitas llorar copiosamente para que el sacramento sea válido, pero sí necesitas sentir un dolor del alma por haber ofendido a Dios. ¿Es por miedo al infierno? Eso es válido, pero idealmente, debes llegar a sentir dolor porque Él te ama y tú le has hecho daño. Es como un niño que se arrepiente de romper el jarrón favorito de su madre no solo por el castigo, sino porque sabe que su madre se entristeció. El tercer paso es la Confesión Propia. Aquí debes decir tus pecados al sacerdote. No tienes que dar detalles escabrosos, pero sí debes ser claro en la especie de pecado y lo más cerca posible en la cantidad. Si olvidas algo, no te preocupes, pero no ocultes nada a propósito.
El cuarto paso es la Satisfacción o Penitencia. El sacerdote te dará una oración o una acción para hacer. Hazla con el mismo espíritu con el que confesaste, como un medicamento espiritual para fortalecer tu voluntad. Finalmente, el acto de Contrición. Es un momento de oración que puedes recitar con tus propias palabras o usar la fórmula clásica. "Señor, ten piedad de mí, pecador". Y luego, el sacerdote te dará la absolución. Ese es el momento en que escuchas las palabras que transforman: "Yo te absuelvo de tus pecados". Eso, amigo mío, es como confesarse bien. Es un acto donde tú te vacías de tu orgullo y Dios se vacía de su gracia sobre ti. Es un truece divino donde tu miseria se encuentra con su misericordia.
Lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica
Para profundizar en nuestra fe, es hermoso recordar que no somos nosotros quienes inventamos este camino; la Iglesia nos lo entrega con la autoridad que Cristo mismo le dio. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) nos ofrece una luz clara sobre como confesarse bien, y es fundamental que conozcamos estos fundamentos para que nuestra fe no sea un sentimiento, sino una verdad sólida. Cuando hablamos de este sacramento, hablamos del sacramento de la Reconciliación o Penitencia, y el Catecismo nos enseña que es para convertirnos del pecado y volver al Padre.
En el número 1422 del Catecismo, leemos que Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia para la conversión de los bautizados que, después de su bautismo, hayan caído en pecado grave. Esto es vital: la gracia bautismal nos hace hijos de Dios, pero el pecado puede alejarnos de esa comunión. El sacramento de la Reconciliación restablece la comunión rota. El CIC nos explica que la conversión implica un cambio de vida, un retorno a Dios con todo el corazón. Esto nos da una pista importante sobre como confesarse bien: no puedes ir a confesarte esperando que todo siga igual. La conversión debe ser visible. Si confiesas que robaste, pero sigues robando sin intención de parar, tu confesión no es verdadera. El Catecismo en el número 1431 nos habla de la tristeza que tiene el pecador, una tristeza que nace de la caridad y del amor a Dios, llamada contrición.
Además, en el número 1451, el Catecismo detalla los actos del penitente. Nos dice que la contrición, la confesión y la satisfacción son los actos del penitente. Esto es lo que tú haces en el confesionario. La contrición es el dolor del alma y el detestamiento del pecado cometido, con la determinación de no volver a pecar. Aquí vemos que la firmeza de propósito es clave. Si no hay intención de cambiar, no hay arrepentimiento. El número 1455 nos dice que la confesión de los pecados, incluso de los pecados veniales, tal como la recomienda la Iglesia, es el único medio para que el fiel reciba una purificación completa. Esto es un consuelo enorme para nosotros. A veces pensamos que solo los pecados graves importan, pero el Catecismo nos invita a confesar todo lo que pesa en nuestra alma.
En el número 1491, encontramos la esencia del perdón sacerdotal. El sacerdote actúa en nombre de Cristo y de la Iglesia para perdonar los pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esto no es el propio sacerdote quien perdona, sino Dios a través de él. Por eso, como confesarse bien implica una obediencia de fe hacia la Iglesia misma. El número 1493 nos recuerda que la absolución perdona los pecados y reconcilia con la Iglesia. Esto es importantísimo: no somos pecadores aislados, somos miembros de un cuerpo. Cuando pecamos, lastimamos a la Iglesia, y al confesarnos, nos sanamos a nosotros y a nuestro cuerpo. El Catecismo es claro: la gracia del sacramento restaura la vida bautismal. Si la habías perdido por el pecado mortal, ahora la recuperas. Si la tenías, se fortalece.
Es fundamental entender que el Catecismo no nos da un algoritmo frío, sino una teología del amor. Nos enseña que el pecado es una ofensa a Dios, pero también una falta contra el amor. Por eso, la penitencia no es un castigo vengativo, es una medicina. El número 1460 nos dice que la absolución quita el pecado y la pena eterna, pero no siempre la pena temporal. Esto significa que el perdón es total en cuanto a la relación con Dios, pero a veces necesitamos purificarnos más. Por eso, hacer la penitencia que el sacerdote te da es parte de como confesarse bien. Es decirle a Dios: "Señor, quiero limpiar hasta el último rastro de mi pecado". El Catecismo nos invita a la alegría, porque el perdón es el regalo más grande que podemos recibir en esta vida. Al entender esto, tu visita al confesionario deja de ser un trámite y se convierte en un encuentro personal de amor.
Historia y origen de esta doctrina
La doctrina sobre como confesarse bien no es algo que surgió de la noche a la mañana en el siglo XX. Es una verdad antigua, tan antigua como la Iglesia misma, que ha sido transmitida de generación en generación a través de los siglos. Ya en el Antiguo Testamento, vemos señales de la necesidad de confesión. En el libro del Levítico, Dios instruye a los sacerdotes para que perdonen los pecados bajo ciertas condiciones. Pero fue con la venida de Jesucristo que la confesión se transformó en un sacramento vivo y eficaz para el perdón de nuestros pecados.
En los Evangelios, encontramos el momento fundacional. En Juan 20:22-23, después de su resurrección, Jesús sopló sobre los apóstoles y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los reteniereis, les serán retenidos". Aquí está la esencia: Jesús dio a sus apóstoles (y a sus sucesores, los obispos y sacerdotes) la autoridad para actuar en nombre suyo para el perdón. Esto no era solo una promesa de ayuda espiritual, sino una orden para administrar el perdón de manera tangible. En los primeros siglos de la Iglesia, la confesión era pública y solemne. Si alguien cometía un pecado grave, como la apostasía o el asesinato, debía hacer una penitencia pública durante años antes de ser reintegrado a la Eucaristía. Era un proceso largo y doloroso, pero muy formativo para la comunidad.
A medida que la Iglesia creció, la confesión pública se volvió difícil de sostener, especialmente cuando la cristiandad se convirtió en la religión dominante. Fue entonces cuando la confesión privada comenzó a tomar fuerza. En el siglo VI, los monjes irlandeses y escoceses jugaron un papel crucial. Ellos llevaron la práctica de la confesión privada por toda Europa, evangelizando territorios lejanos. Estaban convencidos de que cada alma necesitaba una atención personal. Es interesante notar que ellos crearon los "manuales de penitencia", que eran listas de pecados y penitencias asociadas. Esto ayudó a estandarizar como confesarse bien en la cultura popular. No era solo un acto, era un camino de vida.
En el Concilio de Trento, en el siglo XVI, la Iglesia definió dogmáticamente el sacramento de la Penitencia ante las críticas de la Reforma Protestante. Los reformadores rechazaban la necesidad de un sacerdote para el perdón, creyendo que la confesión directa a Dios era suficiente. El Concilio de Trento respondió afirmando que el sacramento es necesario para la salvación de los que han caído en pecado después del bautismo. Enseñó que la absolución sacerdotal es indispensable y que la confesión de los pecados es necesaria. Esto reafirmó la doctrina que tenemos hoy: necesitas a un hombre, en nombre de Cristo, para escucharte y perdonarte en su nombre.
También es importante mencionar el ejemplo de los santos. San Agustín, en sus "Confesiones", nos muestra una confesión espiritual profunda ante Dios, pero también nos habla de la humildad. San Francisco de Asís, quien fundó la orden franciscana, tenía un amor profundo por la penitencia y la humildad. San Alfonso María de Ligorio, quien escribió una doctrina moral famosa, nos dio pautas prácticas para el examen de conciencia y la buena confesión. Todo este legado histórico es un regalo para ti hoy. Cuando te confiesas, estás entrando en una línea de miles de años de fe. No estás inventando nada, estás recibiendo la tradición viva de la Iglesia. La historia nos enseña que como confesarse bien siempre ha sido el camino para la paz del alma y la renovación de la vida cristiana.
Preguntas frecuentes que todos se hacen
En mi experiencia pastoreando y escribiendo para la comunidad católica en Latinoamérica, sé que hay muchas dudas que nos asaltan cuando queremos acercarnos a Dios. Aquí respondo algunas de las preguntas más comunes sobre como confesarse bien para que puedas ir con la confianza de quien sabe lo que hace.
¿Tengo que confesar todos mis pecados veniales o solo los mortales? Esta es una duda muy frecuente. La Iglesia enseña que es necesario confesar todos los pecados mortales, ya que aquellos nos separan de la gracia santificante. Sin embargo, no es obligatorio confesar los pecados veniales, que son faltas más leves que no rompen la amistad con Dios. El Catecismo aconseja que también se confiesen los pecados veniales porque nos ayudan a formar un juicio más recto sobre nosotros mismos y a combatirmos con más eficacia contra el mal. Si te sientes conmovido por un pecado venial y quieres confesarlo para recibir una gracia especial, el sacerdote te lo permitirá. No te preocupes si olvidas un pecado venial; eso no invalida tu confesión, pero si puedes recordarlo, confiesalo con sinceridad. Es una forma de como confesarse bien para crecer en santidad, no solo para salvarse.
¿Qué pasa si me olvido de un pecado grave al confessarme? Este miedo es muy común. Si te olvidaste de un pecado grave por no recordar, no por ocultarlo, tu confesión sigue siendo válida. Dios conoce tu corazón y sabe que no fue intención tuya ocultarlo. Por eso, en el confesionario se suele empezar diciendo: "Padre, me confieso de mis pecados...". Si te acuerdas después de salir, lo confesarás en la siguiente ocasión. Sin embargo, es importante hacer un buen examen de conciencia para no olvidar. Si te acordaste durante la confesión pero no te atreviste a decirlo por vergüenza, entonces no está perdonado. Pero si fue un olvido real, no tienes que preocuparte. Dios es misericordioso y entiende nuestras limitaciones humanas. Como confesarse bien incluye la honestidad total, pero también incluye la confianza en que Dios entiende tu debilidad.
¿Cuánto tiempo debo guardar el secreto de confesión? El secreto de confesión es absoluto y sagrado. El sacerdote está obligado bajo la pena más grave de la Iglesia a guardar el secreto de lo que se le confiesa. Esto se llama el "sello del confesionario". No está permitido revelar nada de lo que se escuchó en la confesión, ni siquiera una parte, por ninguna razón. Si el sacerdote te dijera algo de tu confesión, sería un sacrilegio y sería expulsado del sacerdocio. Además, no se debe preguntar nada que pueda deducir el pecado de otra persona. Nadie más que tú y Dios saben lo que pasa dentro de ese cubículo. Esto te da la tranquilidad para ser totalmente libre. Es la garantía de que como confesarse bien es un espacio seguro donde tu alma puede desnudarse sin miedo a ser juzgada por nadie más.
¿Puedo confesarme por teléfono o internet? No, el sacramento de la Reconciliación requiere la presencia física del sacerdote y del penitente. No se puede confesar por medios virtuales. El Catecismo enseña que el sacramento es sensible, usa signos materiales (las palabras, las manos, la presencia) para transmitir la gracia. La palabra de Dios se hace carne en la persona del sacerdote que te absuelve. Además, la experiencia humana de la voz humana y la cercanía física son parte importante de la experiencia sacramental. Si no puedes ir a una iglesia, busca a un sacerdote que pueda atenderlo en persona, pero no hay atajos para el perdón sacramental. La fe no puede ser virtual en este punto. Saber como confesarse bien implica cumplir con los requisitos que Cristo estableció para que el sacramento sea válido.
¿Qué hago si tengo vergüenza de confesar ciertos pecados? La vergüenza es normal, pero no debe paralizarte. El sacerdote ha escuchado todo. No hay nada que tú puedas decirle que lo sorprenda más que lo que ya ha escuchado en su vida. Él te ve como un hermano que necesita ayuda, no como un monstruo. Si la vergüenza es muy grande, puedes empezar el examen de conciencia en casa y luego decirle al sacerdote que tienes dificultades para hablar. Él te ayudará con paciencia. Recuerda que el sacerdote no te juzga, te representa a Cristo. Como confesarse bien es vencer esa vergüenza. Es decirle al mundo que tu pecado no define quién eres, porque tu identidad está en Cristo. La vergüenza que nos impide avanzar es el enemigo; la vergüenza sana que nos hace sonrojar por nuestro pecado es una gracia. No dejes que el miedo te aleje de la sanación.
¿Qué dice la Biblia al respecto?
La Biblia es la Palabra de Dios y nos da las bases fundamentales de como confesarse bien. No es solo una regla eclesiástica, es una promesa divina. Vamos a reflexionar sobre tres pasajes clave que nos iluminan este camino.
1 Juan 1:9 "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad". Este versículo es el corazón del sacramento. Juan, el discípulo amado, nos dice que Dios es "fiel y justo". Su fidelidad es para perdonar. Su justicia nos limpia de toda maldad. No es que Dios tenga que perdonarnos, es que Él quiere perdonarnos y su justicia nos asegura que el perdón es real. Cuando confesamos, no estamos pidiendo un favor, estamos activando la promesa de Dios. La limpieza es total: "toda maldad". No quedan rastros. Cuando te confiesas, estás diciendo: "Señor, confeso mis pecados". Y Él cumple su palabra. Es una certeza absoluta. Este versículo nos invita a ser valientes en la confesión, porque sabemos que la respuesta de Dios no es un silencio, sino una limpieza pura.
Salmo 51 (Versículos 3 y 12) "Contra ti, contra ti solo he pecado, he hecho lo que es malo ante tus ojos... Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mí un espíritu firme". Este es el Salmo de David, escrito cuando se arrepentía de su pecado grave. David no se excusa. No culpa a nadie más. Él entiende que el pecado es principalmente una ofensa a Dios. "Contra ti, contra ti solo". Esta es la actitud correcta de como confesarse bien. No culpar al ambiente, no culpar a la pareja, no culpar a la sociedad. Todo vuelve a Dios. Y pide un "corazón puro". La confesión no es solo quitar el pecado, es restaurar la pureza. Pide un "espíritu firme". La confesión te da fuerza para no caer de nuevo. El Salmo 51 nos enseña que la confesión es un acto de humildad total y un pedido de renovación interior. Es la oración de todo corazón arrepentido.
Lucas 15: 11-32 (Parábola del Hijo Pródigo) Esta historia es la representación más hermosa de nuestra relación con Dios. El hijo menor pide su parte de la herencia y se va a malgastarla. En la miseria, decide volver a casa. Al verlo de lejos, el padre corre a su encuentro y lo abraza. El hijo dice: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti". El padre no lo deja terminar la oración de castigo. Lo besa y lo restaura. Esto nos enseña que Dios espera nuestra confesión con los brazos abiertos. No está esperando para castigarnos, está esperando para abrazarnos. Como confesarse bien es como el retorno del hijo pródigo. Es volver a casa, es admitir la locura de haber salido. La confesión es ese abrazo del Padre que nos devuelve la túnica, el anillo y las sandalias. Es la alegría del cielo cuando un pecador se arrepiente.
Juan 20: 23 "Perdonen los pecados de los que se los perdonen, y reténganselos a los que se los retengan". Como mencionamos antes, este es el poder que Jesús dio a sus apóstoles. Nos muestra que el perdón tiene un canal visible. No es un perdón abstracto, es un perdón que se administra en la historia humana. Jesús sabe que necesitamos tocar la realidad para creer. Cuando el sacerdote te dice "Dios te perdona", es la voz de Jesús hablando a través de un hombre. Esto nos da seguridad. No tenemos que adivinar si Dios nos perdona; podemos escucharlo a través de la Iglesia. Este versículo es la base de la autoridad sacerdotal y nos recuerda que como confesarse bien es un acto de obediencia y fe en la misión de Jesús.
¿Qué dice la Biblia al respecto? (Continuación)
Es vital entender que la Biblia no solo nos da mandatos, sino que nos muestra el corazón de Dios. Cuando leemos sobre la confesión, vemos a un Dios que busca al hombre perdido. En Isaías 55:7, dice: "Deje el impío su camino, y el hombre maligno sus pensamientos, y vuélvase a Jehová el cual se compadecerá de él". La compasión es la clave. Dios se compadece. No es un juez severo esperando tu fallo, es un padre esperando tu vuelta. Como confesarse bien es activar esa compasión. Es decirle: "Señor, quiero volver a tu camino".
Objeciones y dudas comunes: respuestas claras
A veces, en nuestro entorno, nos encontramos con personas que tienen dudas sobre el valor de la confesión. Aquí respondo con caridad y firmeza a tres objeciones que se escuchan a menudo en México y Latinoamérica.
Objeción 1: "Yo le puedo pedir perdón directamente a Dios, no necesito un sacerdote." Es cierto que podemos pedir perdón directamente a Dios en la oración. Dios conoce nuestro corazón. Sin embargo, en el sacramento de la Reconciliación, Jesús nos dio un medio especial para asegurar que ese perdón es real y tangible. Él quiso que fuéramos humanos ante humanos para ser tratados por Dios. El sacerdote actúa in persona Christi. Si solo oras a Dios, estás bien, pero no estás recibiendo el sacramento. El sacramento es un encuentro con la Iglesia también. Ignorar la Iglesia es ignorar el plan de Jesús. Como confesarse bien incluye aceptar el medio que Cristo eligió para sanarnos.
Objeción 2: "Es demasiado difícil confesar mis pecados, es muy vergonzoso." La vergüenza es real, pero es temporal. La vergüenza del pecado nos aleja; la vergüenza sana nos acerca a Dios. Si el sacerdocio te parece un muro, recuerda que detrás de él está el amor de Dios. La vergüenza es una señal de que te importa Dios, que no quieres ofenderlo. No dejes que la vergüenza te gane. Es mejor un momento de vergüenza alivio que una vida de carga invisible. Como confesarse bien requiere valentía, pero esa valentía te dará una paz que no puedes explicar. No es difícil para Dios, es difícil para nuestro orgullo. Y el orgullo es lo que debemos vencer para ser libres.
Objeción 3: "Ya he confesado muchas veces y sigo cayendo en los mismos pecados." Esto sucede por falta de firmeza en el propósito de enmienda. No basta con confesar, hay que trabajar en la enmienda. A veces necesitamos más tiempo, más oración, más sacramentos. Si caes, no significa que la confesión no sirvió. Significa que tu proceso de conversión sigue abierto. El sacramento te da la gracia para luchar. Como confesarse bien implica un esfuerzo continuo. No es un botón mágico que te quita la debilidad de golpe, es la medicina que te da fuerza día a día. Si sigues cayendo, sigue confesándote, pero pide ayuda para cambiar también.
Cómo vivir esta verdad de fe en tu vida diaria
Saber como confesarse bien es solo el comienzo. Lo importante es cómo llevas esta verdad a tu vida cotidiana. La confesión no termina cuando sales del confesionario. Debe influir en todo tu ser. En tu familia, si te has enojado con tu esposa o tu esposo, usa la confesión para pedir perdón a ellos. Si has hablado mal de tus hijos, busca reconciliarte con ellos. La confesión sacramental debe traducirse en reconciliación humana. Si vas al confesionario pero no perdonas a quien te ofendió en casa, tu confesión está incompleta.
En el trabajo, sé honesto. Si has engañado en un reporte, si has tomado algo que no te pertenece, o si has sido negligente, usa tu conciencia de fe para corregirlo. Como confesarse bien implica integridad. Que tu salario, tu esfuerzo, tu trato con los compañeros, refleje la paz que recibiste en el altar. Si te sientes culpable en el trabajo, busca una solución, no solo una excusa. La fe debe ser práctica. En la oración, después de confesarte, no te quedes solo en el pensamiento de "ya soy perdonado". Agradece. La gratitud es la mejor forma de mantener la pureza. Ora por tu familia, por tus enemigos, por todos los que te rodean.
En tu tiempo libre, evita las ocasiones de pecado. Si sabes que cierto lugar te lleva a pecar, no vayas. Si sabes que cierta persona te hace caer, mantén distancia. Como confesarse bien incluye la prevención. No es solo limpiar la casa después del desastre, es no traer el desastre a casa. Usa las herramientas de Dios: la Eucaristía, la oración diaria, la lectura de la Biblia. Estas son las vigas que sostienen tu casa espiritual.
Conclusión: por qué esto importa para tu vida espiritual
En definitiva, saber como confesarse bien es saber cómo vivir. Es saber cómo mantener tu alma sana en un mundo que a veces está enfermo. Es saber cómo cargar la cruz de forma ligera, porque la cruz se lleva con manos perdonadas. No hay nada más liberador que decir "soy un pecador, pero Dios me ama" y salir con la conciencia limpia. Que tu vida sea un testimonio de esta verdad. Que la gente vea en ti una paz que el mundo no puede dar.
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Vivir esta verdad de fe en tu vida diaria no es solo para el día de domingo. Es para el lunes, para el martes, para el sábado. Es para cuando tienes que tomar decisiones difíciles. Es para cuando tienes que perdonar a alguien que no merece perdón. La confesión te enseña a perdonar. Si Dios te ha perdonado a ti, tú también puedes perdonar. Y eso es lo que hace la diferencia en nuestra sociedad. Es un cambio de cultura, de corazón.
Equipo editorial
Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.
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