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Equipo ReligionHoy
Lectura: 18 min
Actualizado: 17 de abril de 2026

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El Purgatorio: Qué Es, Qué Dice la Biblia y la Iglesia Católica

Introducción: La esperanza en la eternidad

La muerte es, sin duda, el misterio más profundo y aterrador que el ser humano enfrenta. Sin embargo, para el cristiano, la muerte no es el final absoluto, sino el umbral hacia la vida eterna. En medio de este misterio, existe una realidad que genera dudas, temores y, a la vez, una inmensa esperanza: el Purgatorio.

Es un tema delicado que a menudo se malinterpreta o se ignora en el mundo moderno, pero que es central en la teología católica. El Purgatorio no es un infierno de castigo, ni un lugar de perdición; es, por el contrario, la obra máxima de la Misericordia de Dios. Es el lugar (o estado) donde las almas que han muerto en gracia de Dios, pero que aún no están totalmente purificadas de las consecuencias del pecado, son preparadas para entrar en la inmensa alegría del cielo.

Comprender el Purgatorio es comprender el amor de Dios, que no nos deja en un estado imperfecto, ni siquiera por un momento, en su presencia. Es la prueba final de que Dios es Santo, y que nada impuro puede ver Su rostro. Al mismo tiempo, es la prueba de que Dios es Amor, porque no nos abandona en nuestra debilidad, sino que nos ayuda a cruzar esa puerta.

En este artículo profundo, exploraremos la doctrina del Purgatorio desde la Biblia, la Historia de la Iglesia, la Teología y la práctica devocional. Entenderemos por qué rezar por los difuntos es un acto de caridad supremo y cómo podemos ayudar a nuestras almas queridas en su tránsito hacia la luz.


¿Qué es el purgatorio?

El concepto de Purgatorio proviene del latín purgare, que significa "limpiar" o "purificar". Para la Iglesia Católica, el Purgatorio no es tanto un "lugar" geográfico o espacial —ya que el cielo y la vida eterna son estados de ser más que de lugares físicos— sino un estado de purificación después de la muerte.

Definición Católica y Teológica

La Catequesis de la Iglesia explica de manera magistral que el Purgatorio es el estado final de purificación de aquellos que mueren en la gracia de Dios, pero que todavía necesitan ser limpiados de las "penas temporales" derivadas del pecado.

Es crucial hacer una distinción fundamental que a menudo se pierde en la cultura popular: el Purgatorio no es una segunda oportunidad. Muchas personas creen erróneamente que es como un "retraso" en la salvación donde uno puede arrepentirse al final de la vida. Esto es falso. El alma que entra al Purgatorio ya ha sido juzgada. Si fuera condenada, iría al infierno. Si fuera perfecta, iría directamente al cielo. El Purgatorio es exclusivamente para aquellos que han sido salvados, pero que aún tienen "manchas" o apegos a la tierra que deben ser quemados antes de ver la gloria de Dios.

El Fuego Purificador

¿Cómo funciona esta purificación? La Escritura y los Santos usan la metáfora del fuego. No se trata de un fuego físico que quema la carne (ya que en el Purgatorio no hay cuerpo), sino un fuego espiritual, que es el amor mismo de Dios.

Imaginemos a una persona que ha vivido una vida de egoísmo, de ira y de desorden. Su corazón está lleno de escoria y de apegos a las cosas creadas en lugar de al Creador. Cuando esa persona se para ante la Santidad perfecta de Dios, el amor de Dios es tan intenso que quema todo lo que no es Él. Para el alma que ama a Dios, este "fuego" es un sufrimiento inmenso, porque es el dolor de no poder ver a Dios plenamente todavía, debido a la imperfección de su corazón. Es un dolor de amor: el dolor de saber que "casi" está en casa, pero que hay una puerta cerrada que debe ser abierta por la purificación.

Diferencia con el Cielo y el Infierro

  • El Cielo: Es el estado de perfección, donde el alma ve a Dios "cara a cara" (la Visión Beatífica). No hay dolor, solo alegría infinita. El alma está en gracia y sin pecado.
  • El Infierno: Es la separación eterna de Dios. Es el estado de aquellos que mueren en pecado mortal sin arrepentimiento. No hay purificación allí, solo condenación.
  • El Purgatorio: Es el estado intermedio. Es temporal (no eterno) y doloroso, pero está lleno de certeza de salvación. Las almas en el Purgatorio aman a Dios, pero sufren porque ese amor es intenso y su voluntad está aún manchada por el pecado venial o las deudas pendientes de la justicia divina.

En resumen, el Purgatorio es el último acto de misericordia de Dios con nosotros. Es la garantía de que, si aceptamos la gracia de Dios en la tierra, Él nos ayudará a completar esa obra de santificación, aunque sea después de nuestra muerte.


¿Qué dice la Biblia sobre el purgatorio?

Una de las preguntas más comunes es: "¿No está el Purgatorio en la Biblia?". La respuesta corta es que la Iglesia cree que el Purgatorio es una verdad revelada implícita en las Sagradas Escrituras y explícita en la Tradición. Los protestantes suelen rechazar esta doctrina citando Sola Scriptura, pero la Iglesia Católica sostiene que la Biblia no contradice el Purgatorio, sino que lo respalda, aunque las referencias sean sutiles y requieran una interpretación teológica profunda.

2 Macabeos 12:41-46: La prueba fundamental

El texto más claro y directo sobre la existencia del Purgatorio se encuentra en el Antiguo Testamento, específicamente en el libro de los Macabeos. Este libro es deuterocanónico, es decir, forma parte del canon bíblico católico y ortodoxo, aunque fue eliminado por los protestantes en el siglo XVI.

En este pasaje, Judas Macabeo descubre que algunos de sus soldados habían muerto en batalla llevando consigo amuletos prohibidos por la ley judía (símbolos de ídolos). Judas, al ver esto, considera que estos hombres murieron en pecado. Sin embargo, en lugar de condenarlos, Judas y su ejército toman dinero y lo envían a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por los pecados de los muertos.

"Hecho esto, formaron todos una piadosa y solemne petición para que el pecado que habían cometido fuese totalmente borrado. Y el valiente Judas exhortó al pueblo a guardarse del pecado, pues habían visto con sus propios ojos lo que había sucedido a causa del pecado de los que habían muerto. Y he aquí que Judas tomó una colecta de doce mil dracmas de plata y las envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por los pecados de los muertos. Era una excelente y piadosa resolución. Por eso, hizo expiación por los muertos, a fin de que fuesen liberados de su pecado." (2 Macabeos 12:42-45)

Este texto es crucial por tres razones:

  1. La oración por los muertos: Judas reza por ellos. Si estuvieran condenados al infierno, la oración no serviría de nada. Si estuvieran en el cielo, no necesitarían ayuda.
  2. El sacrificio expiatorio: Se ofrece un sacrificio para "borrar" el pecado. Esto implica que el pecado no fue perdonado completamente en la vida terrenal, pero tampoco merecía la condenación eterna.
  3. La esperanza de resurrección: Judas actuó con la convicción de que estos hombres resucitarían. Su oración fue un acto de esperanza en que Dios los liberaría de su pecado.

Mateo 12:32: El pecado que no se perdona aquí ni en la otra vida

En el Nuevo Testamento, Jesús hace una declaración interesante sobre el perdón:

"Todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero el que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero." (Mateo 12:32)

Aquí, Jesús establece una distinción entre pecados que pueden ser perdonados "en este siglo" (la tierra) y pecados que pueden ser perdonados "en el venidero" (la otra vida). Si todo se decidiera al momento de la muerte y no hubiera posibilidad de perdón posterior, la frase "ni en este siglo ni en el venidero" carecería de sentido. Al mencionar que hay pecados que se perdonan en la otra vida, Jesús está dejando implícito un estado donde el perdón y la purificación son posibles después de la muerte.

1 Corintios 3:10-15: La prueba del fuego

El Apóstol San Pablo ofrece otra imagen muy potente sobre el Purgatorio en su primera carta a los Corintios:

"Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvado, pero como a través del fuego." (1 Corintios 3:15)

Pablo habla de los obreros que construyen sobre el fundamento que es Cristo. Algunos construyen con oro, plata y piedras preciosas; otros con madera, heno y paja. Cuando llegue el día del Juicio (el fuego), la obra de cada uno será probada.

  • Si la obra es buena (oro), el alma pasa.
  • Si la obra es mala (heno), se quema.

Pero el versículo 15 dice: "él mismo será salvado, pero como a través del fuego".

Aquí está la clave teológica: El alma es salva, pero pasa a través del fuego. Si fuera infierno, no sería salva. Si fuera cielo puro, no pasaría por el fuego. Este texto describe perfectamente el estado de purificación: el alma es salva por la gracia, pero debe pasar por un proceso de limpieza para que el "fuego" consuma todo lo que no es fruto de Dios (heno y paja).

Otros textos de apoyo

  • 2 Timoteo 1:18: Pablo pide a Timoteo que recuerde a Onésimo, su compañero, para que sea "hallado en el día del Señor". Aunque no menciona explícitamente el fuego, el contexto de orar por la salvación de los difuntos es constante en las primeras comunidades cristianas.
  • Apocalipsis 21:27: "No entrará en ella [la Ciudad Santa] nada que sea inmundo...". Esto confirma que no podemos entrar a la presencia de Dios con nuestras "inmundicias" (pecados veniales, apegos) sin haber sido limpiados antes.

La Iglesia interpreta estos textos no como contradicciones, sino como un desarrollo de la revelación divina que culmina en la doctrina del Purgatorio.


Historia de la doctrina del Purgatorio

La creencia en el Purgatorio no es una invención medieval ni una creación tardía de la Iglesia. Es una verdad que ha estado presente desde los orígenes del Cristianismo, aunque su formulación teológica se ha ido precisando a lo largo de los siglos.

Los primeros cristianos y las catacumbas

Ya en el siglo II y III, los cristianos celebraban la Eucaristía por los difuntos. En las catacumbas de Roma, se han encontrado inscripciones que datan de este periodo, como "Pax cum Anima tua" (Paz con tu alma) o "In pace dormis" (Descansas en paz).

El Didascalia Apostolorum (siglo III) y los escritos de San Cipriano de Cartago mencionan la práctica de ofrecer sacrificios (misas) y oraciones por los difuntos. Los primeros cristianos no dudaban de que existía un estado intermedio donde la oración de la Iglesia viviente podía ayudar a los difuntos.

La tradición de los Padres de la Iglesia

En el siglo IV, San Agustín de Hipona, uno de los padres más importantes de la Iglesia, escribió extensamente sobre este tema. En sus Confesiones, habla de la muerte de su madre, Santa Mónica, y cómo su oración y sus lágrimas ayudaron a su conversión y salvación. Agustín explica que hay pecados que se perdonan después de la muerte, aunque no todos, sino solo aquellos que no impiden la entrada al Reino de Dios.

San Gregorio Magno (siglo VI) es famoso por sus Diálogos, donde relata historias de almas que fueron liberadas del purgatorio gracias a las oraciones de los vivos. Gregorio es quien popularizó la idea de que el fuego del purgatorio es real y doloroso, pero temporal.

Los Concilios y la definición dogmática

A lo largo de la Edad Media, la teología sobre el Purgatorio se refinó. Fue en el siglo XII cuando se popularizó el término "Purgatorio" en Occidente, aunque la idea ya existía.

El Concilio de Florencia (1439) fue un hito importante. En él, la Iglesia definió dogmáticamente que las almas que mueren en gracia de Dios, pero no están totalmente purificadas, son purificadas después de la muerte por castigos purgatorios, y que las oraciones de los fieles vivos, especialmente el sacrificio de la Misa, ayudan a aliviar sus sufrimientos.

Más tarde, el Concilio de Trento (1563), en respuesta a la Reforma Protestante que rechazaba la doctrina, reafirmó y profundizó la enseñanza. Trento declaró:

"El Concilio Santo manda a los obispos que se esfuercen en que los fieles sean instruidos sobre esta verdad, para que sepan que existe el Purgatorio, y que las almas que están allí detenidas son ayudadas por los sufragios de los fieles en la tierra, y principalmente por el aceptable sacrificio de la Misa."

El Catecismo Actual

Hoy en día, el Catecismo de la Iglesia Católica (publicado en 1992) resume esta tradición en los párrafos 1030-1032. El Catecismo confirma que el Purgatorio es una purificación final para los elegidos que necesitan llegar a la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. Es, en esencia, la continuidad de la tradición apostólica: la comunión de los santos que une a la Iglesia Militante (vivos), la Iglesia Purgante (difuntos) y la Iglesia Triunfante (santos en el cielo).


¿Cuánto tiempo dura el purgatorio?

Esta es una de las preguntas más frecuentes y, a menudo, la más difícil de responder con precisión, porque toca la mente humana que intenta medir lo divino con relojes terrenales.

El tiempo no es cronológico

La respuesta teológica más aceptada es que el tiempo en el Purgatorio no es cronológico como el tiempo en la Tierra. No podemos decir "están ahí por 10 años" o "por 200 años", porque el Purgatorio no funciona bajo las leyes físicas del tiempo.

Para Dios, todo es presente. El Purgatorio es un estado de conciencia. El sufrimiento de una alma en el Purgatorio puede ser intenso, pero su duración depende de la necesidad de purificación de esa alma, no de las horas o días que pasen.

Las teorías teológicas

A lo largo de la historia, los teólogos han especulado sobre esto:

  • Algunos han sugerido que podría durar un breve periodo de años si la persona murió joven.
  • Otros han sugerido que podría ser un periodo de siglos.
  • Sin embargo, la mayoría de los teólogos coinciden en que es imposible comparar.

Una comparación útil es la de la metamorfosis de una oruga en mariposa. El proceso puede durar días o meses, pero para la mariposa, el proceso de transformación es instantáneo en su nueva dimensión de ser.

La Misericordia de Dios

Es importante no alarmarse pensando que el Purgatorio será eterno. La Iglesia enseña que ninguna alma queda en el Purgatorio para siempre. Todas las que llegan allí, eventualmente saldrán al cielo.

El tiempo de permanencia depende de la "deuda" de satisfacción que el alma tiene. Una persona que murió en un estado de gran imperfección, con muchos pecados veniales y apegos, tendrá que purificarse más. Pero, ¡aquí está la gracia! Las oraciones de los vivos, las misas y las indulgencias pueden reducir este tiempo drásticamente.

El dolor de amor

San Alfonso María de Ligorio y otros santos describieron que el dolor del Purgatorio es inmenso, pero no desesperanzado. Es el dolor de quien sabe que va a ganar, pero que quiere que sea ya. Para el alma en el Purgatorio, el tiempo pasa muy rápido porque su único deseo es ver a Dios.


¿Qué podemos hacer por las almas del purgatorio?

La doctrina del Purgatorio tiene una función pastoral inmensa: nos llama a la caridad. Si las almas del Purgatorio no pueden rezar por sí mismas, necesitan de nosotros. La Iglesia llama a esto el Oficio de la Caridad.

El vínculo entre los vivos y los difuntos se llama "Comunión de los Santos". No hay muerte real entre los cristianos; solo hay un cambio de estado. Por tanto, nuestras oraciones son vitales.

1. La Oración por los difuntos

La oración es el alimento del alma. Cualquier oración hecha con fe y caridad es útil.

  • El Santo Rosario: Rezar el Rosario pensando en los difuntos es una de las armas más poderosas. Cada misterio meditado es una ofrenda de los dolores de la Virgen y los gozos de Cristo.
  • El Salmo 23 (El Señor es mi pastor): Es una oración muy común para pedir paz.
  • La Novena: Hacer una novena especial por un familiar fallecido es muy efectivo, ya que mantiene la intención viva.

2. Las Misas de Difuntos

La Misa es el sacrificio incruento de la Cruz. Es el acto más poderoso que podemos hacer. Cuando se ofrece una Misa por un difunto, se aplica la inmensa gracia de la Pasión de Cristo directamente a esa alma.

  • La Misa de Cuerpo Presente: El día del funeral.
  • Las Misas de 3er día, 9no día y Año: Son tradiciones que mantienen viva la intención.
  • Misas de sufragio: Se pueden pedir misas en cualquier momento, no solo en fechas conmemorativas.

3. Las Indulgencias

Las indulgencias son una parte vital de la teología católica (ver sección detallada más abajo). Ganar una indulgencia plenaria por un difunto es como "pagar la deuda" que le queda a esa alma.

4. Las Obras de Caridad

Dar dinero a los pobres, hacer limosnas y practicar obras de misericordia en nombre de un difunto es muy meritorio.

  • "La limosna libra de la muerte y purifica todo pecado" (Tobías 12:9).
  • Si un familiar murió con una deuda de impaciencia o avaricia, una obra de caridad en su nombre puede compensar ese desorden.

5. El Mes de Noviembre: Mes de las Ánimas

La Iglesia ha dedicado el mes de noviembre a rezar por las almas del Purgatorio.

  • Día 1 de Noviembre: Día de Todos los Santos.
  • Día 2 de Noviembre: Día de los Fieles Difuntos (Día de las Ánimas). Este es el día más importante del año para orar por los difuntos. La Iglesia concede indulgencias plenarias especiales en este día para visitar un cementerio o rezar por los difuntos.
  • Día 8 de Noviembre: Fin del mes de las Ánimas.

Cómo ayudar en casos difíciles

A veces, las familias sienten que han hecho todo lo posible y aún así las almas siguen sufriendo, o que la persona murió en pecado y no sabían cómo ayudar. En esos momentos de desesperación, donde la oración parece no funcionar, es recomendable recurrir a la intercesión de santos que tienen devoción especial por las almas.

Si sientes que tu caso es especial o difícil, puedes encontrar ayuda espiritual profunda en nuestras Novenas para Casos Difíciles, que a menudo incluyen oraciones específicas para la liberación de almas en situaciones complejas.


Los santos y el purgatorio: revelaciones y apariciones

A lo largo de la historia, Dios ha permitido que algunos santos y personas piadosas tengan visiones o comunión con las almas del Purgatorio para confirmar esta doctrina y pedir ayudas concretas. Estas revelaciones nos dan un consuelo inmenso, porque nos dicen que estas almas no están solas.

Santa Faustina Kowalska y la Divina Misericordia

Santa Faustina, la apóstol de la Divina Misericordia, tuvo revelaciones muy claras sobre el Purgatorio. En su diario, ella relata cómo Jesús le mostró el sufrimiento de las almas del Purgatorio y le pidió que rezara por ellas.

  • El mensaje: Jesús le dijo que le ofreciera su oraciones y sacrificios por las almas.
  • El Rosario por las Ánimas: Santa Faustina recomendó insistentemente el rezo del Santo Rosario por las almas. Ella decía que las almas del Purgatorio le pedían el Santo Rosario.
  • La Novena a la Divina Misericordia: Jesús le pidió que la novena que se reza después de Pascua se extendiera a las almas del Purgatorio, pidiendo misericordia para ellas también.

San Juan Bosco y las Apariciones

San Juan Bosco, el padre de los jóvenes, tuvo visiones donde veía las almas en el Purgatorio. En una visión famosa, vio a un joven que había muerto joven y le pidió a San Juan que le consiguiera una misa para salir del sufrimiento. Esto motivó a Don Bosco a ordenar sacerdotes y celebrar misas incesantemente por los difuntos.

El Padre Pío

El Padre Pío de Pietrelcina también tuvo experiencias con el Purgatorio. Se dice que el Padre Pío solía rezar por las almas hasta la madrugada. Él revelaba que sentía el sufrimiento de las almas y que su propia dolorosa unión con Cristo en sus estigmas le permitía aliviar a esas almas.

¿Qué piden las almas?

Lo que las almas piden en las apariciones es siempre lo mismo:

  1. Oración: Que los vivos no se olviden de ellos.
  2. Misa: El sacrificio de Cristo es su mayor consuelo.
  3. Penitencia: Que los vivos hagan penitencia por ellos.
  4. Indulgencias: Para ser liberados cuanto antes.

En una revelación atribuida a Santa Gertrudiana la Grande, una voz le dijo: "Si supieras el dolor que sufren estas almas, ¡cuánto darías por aliviarlas!". Esto nos debe motivar a ser más generosos en el rezo.


El purgatorio y las indulgencias: cómo funciona

Las indulgencias son un tema que a menudo se malinterpreta por la historia de la venta de indulgencias en la Edad Media (que Lutero criticó), pero la doctrina católica sobre las indulgencias es muy diferente y muy hermosa.

¿Qué es una indulgencia?

No es un "perdón de pecado". El perdón de los pecados graves (mortales) solo se da con el Sacramento de la Confesión. La indulgencia remite la pena temporal que queda después de que el pecado ha sido perdonado.

Es como si alguien cometiera un crimen en la cárcel. El juez le perdona el crimen (confesión), pero le queda una pena de 5 años por el daño causado a la sociedad. Si alguien más hace obras muy buenas a favor de ese preso, el juez podría reducir esa pena. Esa reducción es la indulgencia.

Tipos de Indulgencias

  1. Indulgencia Plenaria: Remite toda la pena temporal.
  2. Indulgencia Parcial: Remite una parte de la pena temporal.

Cómo se ganan indulgencias

Para ganar una indulgencia (plenaria o parcial), se deben cumplir tres condiciones (a menos que se especifique otra cosa):

  1. Confesión sacramental: (Rezar el Rosario no basta, se debe ir a Confesión).
  2. Comunión Eucarística: Recibir la Eucaristía en el mismo día.
  3. Oración por las intenciones del Papa: (Generalmente el Padre Nuestro y el Avemaría).
  4. Realizar la obra prescrita: (Visitar un cementerio, rezar el Rosario, visitar a un enfermo, etc.)

Aplicación a los difuntos

Aquí está la clave: No podemos ganar indulgencias para nosotros mismos, solo podemos aplicarlas a los difuntos.

Si yo hago la obra (por ejemplo, rezar el Rosario en un cementerio) y cumplo las condiciones, puedo aplicar la indulgencia plenaria a una alma del Purgatorio. La Iglesia tiene la autoridad de "transferir" los méritos a favor de esas almas.

Es un acto de amor supremo. Si tienes una indulgencia plenaria para ti, debes aplicarla a ti mismo. Si tienes una para el Purgatorio, debes decir en tu corazón: "Aplico esta indulgencia a [Nombre del difunto]".

Recomendación: San Judas Tadeo

Para aquellos que buscan intercesores poderosos en momentos de necesidad espiritual, o que desean obtener indulgencias especiales, la devoción a San Judas Tadeo es muy fuerte. San Judas es el patrono de las causas imposibles y de las almas. Puedes encontrar más información sobre esta devoción en nuestro artículo sobre San Judas Tadeo.


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Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.

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