Novena a la Presentación de la Virgen 2026: 9 Días y Oraciones
Reza la novena a la Presentación de la Virgen del jueves 12 al viernes 20 de noviembre de 2026, para su fiesta del sábado 21. Meditación diaria, de dónde viene la escena y cómo rezarla en familia.

Índice del artículo
La novena a la Presentación de la Virgen María se reza del jueves 12 al viernes 20 de noviembre de 2026. La fiesta, el sábado 21, coincide con la Jornada Pro Orantibus: el día de los que rezan por todos sin que nadie lo sepa. Es una novena de lo escondido, de los comienzos que no parecen importantes, de la vida que se construye cuando nadie mira.
Cuándo se reza la novena a la Presentación de la Virgen en 2026
| Día | Fecha | Se medita |
|---|---|---|
| Día 1 | jueves 12 de noviembre | Los comienzos que nadie ve |
| Día 2 | viernes 13 de noviembre | Joaquín y Ana entregan lo que más querían |
| Día 3 | sábado 14 de noviembre | El silencio |
| Día 4 | domingo 15 de noviembre | La fidelidad en lo pequeño |
| Día 5 | lunes 16 de noviembre | Los años de espera |
| Día 6 | martes 17 de noviembre | Los que rezan por nosotros sin decírnoslo |
| Día 7 | miércoles 18 de noviembre | Ofrecer lo que uno tiene aunque parezca poco |
| Día 8 | jueves 19 de noviembre | La vocación de cada uno |
| Día 9 | viernes 20 de noviembre | Decir que sí antes de saber a qué |
Qué se celebra el 21 de noviembre
La escena es sencilla: una niña de tres años, llevada al Templo de Jerusalén por sus padres. Joaquín y Ana la ofrecen a Dios. Maria sube los escalones del atrio, entra, y se queda.
Esto no está en la Biblia. La Iglesia lo sabe. La narración viene del Protoevangelio de Santiago, un texto cristiano del siglo II que recoge tradiciones orales sobre la familia de María. La Iglesia no lo considera Escritura inspirada. No es palabra de Dios. Es tradición antigua, piadosa, pero distinta.
Esto no resta valor a la fiesta. La Iglesia celebra desde hace siglos lo que la tradición ha conservado: una niña entregada a Dios mucho antes de que pasara nada importante. La devoción no necesita que todo sea bíblico. Necesita que sea verdadero en el sentido de la fe: que ilumine algo esencial de cómo Dios actúa.
En Oriente se celebra desde el siglo VI. En Occidente entró mucho más tarde, en el siglo XIV, y se extendió a toda la Iglesia en el siglo XVI. La Iglesia ha querido guardar esta memoria: no la de un prodigio, sino la de un comienzo quieto, de una entrega que no vio nadie.
La fiesta de lo que no se ve
El 21 de noviembre es tambien la Jornada Pro Orantibus, una iniciativa que hunde sus raices en el impulso que Pio XII dio a la vida contemplativa a mediados del siglo XX. Ese día la Iglesia pide oración por los monjes y monjas de clausura, los que viven escondidos, los que rezan por todos sin que nadie los vea.
No es casual que ambas cosas caigan el mismo día. La Presentación es la fiesta de lo escondido. María niña no hizo nada público en aquel Templo. Pasaron años antes de que su vida importara a alguien fuera de su casa. La Jornada Pro Orantibus celebra exactamente eso: la eficacia de lo que no se ve, de quienes sostienen al mundo sin aparecer en él.
Hay una lógica aquí que la Iglesia ha querido subrayar. La vida contemplativa no es un resto del pasado. Es el reconocimiento de que casi todo lo que importa sucede así: en secreto, sin testigos, sin que nadie pueda medirlo. Los monjes lo saben. María lo supo. La novena es para quienes quieren aprenderlo.
Qué se pide en la novena a la Presentación
Esta novena no es para quien busca respuestas. Es para quien ya ha entregado algo y no sabe en qué acabará.
Los padres que llevan años criando un hijo pequeño encuentran aquí su advocación. María tiene tres años cuando Ana y Joaquín la llevan al Templo. Es demasiado pronto para saber quién será. La novena pide la misma entrega: criar sin ver el final, educar sin garantías, amar sin condiciones. No se pide que el niño salga bien. Se pide aguantar el no saber.
Sirve también por quien empieza. El sobrino que estrena carrera, la hermana que cambia de trabajo, el amigo que inicia un tratamiento largo. La Presentación es la fiesta de los comienzos inseguros. Ana y Joaquín no sabían qué pasaría con esa niña en manos de los sacerdotes. La novena pide lo mismo para los nuestros: que aguanten el primer año, que no abandonen, que encuentren sentido en lo que ahora no lo tiene.
Las vocaciones tienen aquí un lugar natural. Propias o ajenas. El seminarista que duda, la que ha entrado en noviciado, el matrimonio que acaba de decir sí para siempre. La Presentación es la primera entrega de María, hecha por otros en su nombre. Rezar por una vocación ajena es admitir que uno no controla nada, que solo puede acompañar desde fuera.
Hay una advocación olvidada en esta novena: los cuidadores invisibles. La mujer que lleva años con su madre enferma, el padre que asiste a su hijo discapacitado sin que nadie se dé cuenta. La Presentación dura un día, pero implica una vida entregada. Esta novena les reconoce. Pide que aguanten, que no se les olvide que Dios ve lo que los demás no ven.
Sirve también para lo que ya se decidió hace tiempo. La conversión que no termina de fructificar, la reconciliación que parece estancada, el proyecto de vida que avanza en cámara lenta. La Presentación no es eficaz inmediata. María pasará años en el Templo antes del anuncio del ángel. La novena pide paciencia para quien ya eligió y aún espera.
Finalmente, uno puede rezarla por sí mismo. Por la propia perseverancia cuando nada se mueve. Cuando la oración se ha vuelto rutina, cuando la misa del domingo pasa sin pena ni gloria, cuando la fe parece más hábito que convicción. La Presentación es la novena de la constancia sin pruebas. No pide sentimientos. Pide que se siga.
Aquí está la diferencia con otras novenas. La de la Virgen del Carmen pide protección. La de San Judas, casos desesperados. La Presentación no promete resultados. Pide que se siga entregando sin saber. Es la novena de quien ya ha soltado y no mira atrás.
Cómo se reza esta novena
Cada día, el mismo esquema:
- Señal de la cruz.
- Oración inicial (la misma los nueve días).
- Meditación del día.
- Petición propia.
- Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
- Oración final (la misma los nueve días).
Oración inicial:
Dios nuestro, que recibiste en el Templo a María, hija de Joaquín y Ana, y la preparaste para ser madre de tu Hijo: danos también a nosotros la gracia de entregarte lo que somos antes de que sepamos para qué nos pides. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración final:
María, que subiste al Templo sin saber lo que venía, enseña a nuestras vidas a confiar en lo que no entendemos. Tú que guardaste todo en tu corazón, danos paciencia para los años de espera. Tú que fuiste ofrecida antes de ser elegida, ayuda a quienes hoy se entregan sin ver el fruto. Amén.
Los nueve días
Día 1 — jueves 12 de noviembre: Los comienzos que nadie ve
Todo empieza antes de que empiece. La vida de María en el Templo no tuvo testigos dignos de crónica. Una niña entre otras niñas. Una familia más entre las familias de Israel. Los evangelios no cuentan nada de esos años porque no pasó nada que contar. O mejor: pasó todo lo que sostiene una vida, pero eso no se cuenta. Se vive.
La Presentación nos recuerda que Dios no necesita público para obrar. La gracia actúa en lo escondido, en los gestos que nadie valora, en las decisiones que parecen pequeñas. María fue ofrecida cuando aún no había hecho nada. Su santidad no era visible. Su misión no era conocida. Solo había una entrega, y la fidelidad de quienes la llevaron.
"Lo que haces en secreto, tu Padre que ve en lo escondido te lo recompensará" (Mt 6,6). Esta novena empieza ahí: en la certeza de que lo importante suele pasar sin que nadie lo vea.
Hoy te pido la gracia de confiar en los comienzos que no entiendo, y de seguir adelante aunque nadie me esté mirando.
Día 2 — viernes 13 de noviembre: Joaquín y Ana entregan lo que más querían
Los padres de María no la ofrecieron a Dios por desapego. Lo hicieron por amor. El Protoevangelio de Santiago cuenta que eran ancianos, que habían pedido un hijo durante años, que la habían recibido como quien recibe un milagro. Y a los tres años, la llevaron al Templo.
Esto no es abandono. Es reconocimiento de que los hijos no son propiedad. Joaquín y Ana entregaron lo que más querían porque sabían de quién había venido. No era suya. Era de Dios, y a Dios la devolvían.
Hay un tipo de generosidad que solo se aprende en la entrega. Los padres de María no sabían qué pasaría. No sabían que su hija sería la Madre de Dios. Solo sabían que querían darle a Dios lo mejor. Eso bastaba.
"Todo lo que vive es mío" (Nm 3,13). La frase del Señor a los levitas resuena aquí con otra intensidad. Lo que más amamos es lo que más cuesta ofrecer. Y es lo que más transforma cuando lo ofrecemos.
Hoy te pido la gracia de saber entregar lo que amo, sin saber aún qué harás con ello.
Día 3 — sábado 14 de noviembre: El silencio
María pasó en el Templo entre diez y doce años, según la tradición. No sabemos qué hizo. No sabemos qué aprendió, qué rezó, qué sufrió. El silencio de esos años es total.
Esto molesta. Queremos saber, queremos detalles, queremos ver cómo se forjó su santidad. Pero la santidad no se filma. Se construye en la repetición de lo ordinario, en la paciencia de quien espera sin saber para qué.
El silencio de María en el Templo es el silencio de toda vida consagrada: años de oración que no dejan rastro visible, de trabajo que nadie agradece, de amor que no se corresponde. Es el silencio de los monasterios, de las enfermerías, de las casas donde alguien cuida sin descanso.
"En silencio y en esperanza está vuestra fortaleza" (Is 30,15). La profecía de Isaías describe una actitud que María encarnó antes de que existiera la frase. El silencio no es vacío. Es llenura que aún no tiene palabras.
Hoy te pido la gracia de saber guardar silencio, y de no llenarlo con ruido que no viene de ti.
Día 4 — domingo 15 de noviembre: La fidelidad en lo pequeño
La vida de María en el Templo no fue espectacular. Oraba, ayunaba, cuidaba de los utensilios sagrados, aprendía las Escrituras. Cosas pequeñas, repetidas, sin público.
La Iglesia llama "fidelidad" a esto: la capacidad de seguir haciendo lo que toca cuando nadie aplaude. No es heroísmo. Es constancia. Es la virtud de quienes saben que la vida se construye de días, no de momentos.
María no sabía que estaba siendo preparada para ser la Madre de Dios. Solo sabía que tenía que estar ahí, hacer eso, seguir. La fidelidad no necesita saber el final. Necesita saber el paso siguiente.
"El que es fiel en lo poco, es fiel también en lo mucho" (Lc 16,10). Jesús dirá esto muchos años después, pero María ya lo vivía. La fidelidad en lo pequeño es la única que existe. Lo grande, si viene, es resultado. No es elección.
Hoy te pido la gracia de ser fiel en lo que parece poco, sin exigirte que sea grande.
Día 5 — lunes 16 de noviembre: Los años de espera
Entre la Presentación y la Anunciación hay una distancia de tiempo que los evangelios no cuentan. María creció, salió del Templo, se comprometió con José, esperó. Años de espera activa, de preparación invisible.
La espera es la dimensión olvidada de la vida espiritual. Queremos respuestas, queremos señales, queremos que algo pase. Pero Dios suele tardar. Y ese tiempo no es vacío. Es el tiempo en el que maduramos para lo que vendrá.
María esperó sin saber qué esperaba. Esta es la espera más pura: la de quien confía sin tener garantías, la de quien sigue sin ver el sentido. Los años de María entre el Templo y la Anunciación fueron así. Nada público. Nada memorable. Todo decisivo.
"Esperad en el Señor; esforzaos, cobrad ánimo; esperad en el Señor" (Sal 27,14). El salmista repite "esperad" porque una vez no basta. La espera es una práctica, no un momento.
Hoy te pido la gracia de saber esperar sin desesperar, y de confiar en que el tiempo tuyo no es el mío.
Día 6 — martes 17 de noviembre: Los que rezan por nosotros sin decírnoslo
Hoy, 17 de noviembre, estamos a cuatro días de la Jornada Pro Orantibus. Es buen momento para pensar en los que rezan por nosotros sin que lo sepamos.
Hay oraciones que nunca conoceremos. Padres que rezaron por hijos que se alejaron. Amigos que llevaron nuestro nombre ante el Santísimo sin decírnoslo. Monjas que ofrecen su vida por la Iglesia entera, sin saber nuestros nombres. Esta novena es también por ellos.
La eficacia de la oración no depende de que sepamos quién reza. Depende de la caridad de quien ora. Hay una red de intercesión invisible que sostiene el mundo. Forma parte de ella quien reza sin que nadie lo sepa.
"Orad los unos por los otros" (St 5,16). La exhortación de Santiago es práctica, no teórica. Oramos porque otros necesitan que oremos, y porque nosotros necesitamos que otros oren. La intercesión es la forma más humilde de amar: hacer algo por alguien que quizá nunca lo sabrá.
Hoy te pido por quienes rezan por mí sin que yo lo sepa, y la gracia de rezar por otros sin necesidad de que me lo agradezcan.
Día 7 — miércoles 18 de noviembre: Ofrecer lo que uno tiene aunque parezca poco
Joaquín y Ana ofrecieron una niña de tres años. No era mucho. No era un tesoro, ni una habilidad, ni una obra terminada. Era una vida que empezaba, un proyecto incierto, algo frágil.
Así son nuestras ofrendas. Lo que traemos a Dios suele parecer poco: un trabajo mediocre, una familia complicada, un cuerpo que envejece, una fe débil. Pero Dios no pide perfección. Pide entrega.
María fue ofrecida siendo pequeña. Su grandeza vino después, y vino de la ofrenda, no a pesar de ella. Lo que ofrecemos a Dios, por pequeño que sea, adquiere una dimensión que nosotros no controlamos. La multiplicación de los panes empieza siempre por lo poco que alguien se atreve a traer.
"Dios ama al que da con alegría" (2 Cor 9,7). Pablo lo escribe hablando de limosnas, pero la lógica es la misma: la entrega importa más que la cantidad. Dios no necesita lo que le damos. Nosotros necesitamos darlo.
Hoy te pido la gracia de ofrecerte lo que tengo, aunque me parezca poco, y de confiar en que tú sabes multiplicarlo.
Día 8 — jueves 19 de noviembre: La vocación de cada uno
María no eligió ser ofrecida al Templo. Sus padres eligieron por ella. Pero ella eligió quedarse, elegir cada día, elegir la fidelidad. La vocación no es solo el llamado inicial. Es la respuesta repetida.
Cada uno tiene una vocación. No solo los que entran en religión. El matrimonio es vocación. El trabajo bien hecho es vocación. La vida de oración en medio del mundo es vocación. Lo que importa no es la forma. Es la entrega.
María encontró su vocación en el silencio del Templo, antes de saber que sería la Madre de Dios. La vocación no se descubre de golpe. Se construye en la fidelidad de cada día, en la respuesta a lo que Dios pide ahora, sin ver el conjunto.
"Antes de formarte en el vientre materno, te conocí; antes de que nacieras, te consagré" (Jer 1,5). La palabra de Dios a Jeremías es palabra para cada uno. Fuimos pensados, llamados, consagrados. La vocación es el descubrimiento de lo que ya éramos.
Hoy te pido la gracia de descubrir mi vocación, y de seguirla con la paciencia de quien sabe que no depende solo de mí.
Día 9 — viernes 20 de noviembre: Decir que sí antes de saber a qué
Mañana es la fiesta. Hoy es el último día de la novena, y el tema es el más difícil: el sí de María en la Anunciación tiene una raíz en el sí de María niña en el Templo. Dijo que sí a una vida que no entendía, y eso la preparó para decir que sí a lo que tampoco entendió.
El "fiat" de la Anunciación no nace de la nada. Nace de años de fidelidad, de silencio, de espera. María pudo decir que sí al Ángel porque ya había dicho que sí muchas veces, sin saber a qué.
Esta es la fe que la novena quiere cultivar: no la certeza de saber lo que viene, sino la confianza de saber a quién se lo decimos. Decir que sí antes de saber a qué es el gesto más libre que existe. Es entregar la propia vida sin condiciones, sin garantías, sin plan B.
"Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). La frase de María es breve. No pide explicaciones. No pide plazos. Pide que se cumpla lo que Dios quiere, en ella, aunque no entienda cómo.
Hoy te pido la gracia de decirte que sí, aunque no sepa a qué, y de confiar en que tu palabra es más segura que mis planes.
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Rezarla en familia o con niños
La fiesta es de una niña llevada por sus padres. Eso ya es un argumento para rezarla en casa.
No hace falta teatro. Con niños pequeños, la meditación se reduce a dos frases. Se lee el texto del día, se elige lo esencial, se dice en voz alta. El niño no aguanta veinte minutos. Tampoco tiene que aguantarlos.
Que sea el niño quien lea la petición del día. Esto le da un papel, le obliga a prestar atención, le convierte en protagonista de algo que no es suyo. Si no sabe leer, que elija quién lee. Que señale con el dedo. Que cuente las velas si se enciende una.
Las casillas del calendario funcionan. Nueve noches, nueve casillas. Marcar cada una da ritmo, crea expectativa, convierte la novena en algo visible. No es obligación. Es cuenta atrás hacia el día grande.
No la conviertas en castigo. Si un día se atrasa, se atrasa. Si un niño se duerme antes, se reza sin él o se deja. La novena familiar que acaba en bronca ha perdido antes de empezar.
Para contar la escena a los pequeños, no hay que mentir. Esto no está en la Biblia. Es una historia que la Iglesia conserva desde los primeros siglos, que aparece en el Evangelio de Santiago, que la tradición ha celebrado siempre. Se puede querer una historia sabiendo lo que es. María tenía tres años, sus padres la llevaron al Templo, se quedó allí. Eso es todo. El resto —la devoción, la fiesta, la novena— es respuesta de la Iglesia a esa entrega.
Un niño no entiende la teología de la entrega. No importa. Lo que se lleva de una novena rezada en casa es la costumbre de parar. Nueve noches seguidas, un momento común, una interrupción voluntaria del día. Eso es lo que queda: no la explicación, sino el gesto. La memoria de que en casa se rezaba, de que había noches en las que los padres paraban lo que hacían y hablaban con Dios.
Eso es más difícil de perder que la doctrina. Y más raro de encontrar.
Preguntas frecuentes
¿Está la Presentación de María en la Biblia?
No. La escena de María niña llevada al Templo por Joaquín y Ana aparece en el Protoevangelio de Santiago, un texto del siglo II que la Iglesia no considera inspirado. La fiesta se basa en la tradición, no en la Escritura. Esto no la hace menos digna de celebración, pero conviene saberlo.
¿Por qué se mantiene la fiesta si no está en la Biblia?
La Iglesia ha celebrado siempre tradiciones piadosas que iluminan la fe aunque no sean bíblicas. La Presentación de María conserva algo esencial: el misterio de una vida entregada a Dios desde el principio, en lo escondido. La tradición, cuando no contradice la fe, enriquece la fe.
¿Qué es la Jornada Pro Orantibus?
Es la jornada dedicada a los monjes y monjas de clausura, instituida en 1953. El 21 de noviembre, la Iglesia pide oración por quienes viven la vida contemplativa, rezando por todos sin que nadie los vea. Coincide con la Presentación porque ambas celebran la eficacia de lo escondido.
¿Qué se pide en esta novena?
Lo que corresponda a cada uno. La novena pide la gracia de saber entregarse a Dios sin saber para qué, de confiar en los comienzos que no se ven, de ser fiel en lo pequeño. Es una novena de disposición interior, no de peticiones concretas, aunque cada uno puede añadir la suya.
¿Sirve para pedir por una vocación o por los hijos?
Sí. La Presentación es fiesta de las vocaciones, especialmente de la vida consagrada. También es fiesta de los padres que ofrecen a sus hijos. Quien pida por una vocación propia o por la de alguien cercano, o quien quiera consagrar a sus hijos, encontrará en esta novena un marco adecuado.
¿Qué pasa si se salta un día?
Se reza el día siguiente y se sigue. La novena no es magia. Es ayuda para la oración. Si se interrumpe, se reanuda. Si se olvida un día, se reza dos al día siguiente o se continúa donde se estaba. Lo importante no es la perfección del cumplimiento. Es la disposición del corazón.
Equipo editorial
Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.
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Preguntas Frecuentes
¿Cuándo se reza la novena a la Presentación de la Virgen en 2026?▼
¿La Presentación de María está en la Biblia?▼
¿Por qué se mantiene la fiesta si no está en la Biblia?▼
¿Qué es la Jornada Pro Orantibus?▼
¿Qué se pide en esta novena?▼
¿Se puede rezar con niños?▼
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