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Novena a Todos los Santos 2026: 9 Días y Oraciones

Equipo ReligionHoy
Lectura: 17 min
Actualizado: 14 de agosto de 2026

Reza la novena a Todos los Santos del viernes 23 al sábado 31 de octubre de 2026, para la solemnidad del domingo 1 de noviembre. Meditación diaria, la diferencia con el día de los difuntos y qué se hace el 1 y el 2.

Novena a Todos los Santos 2026: 9 Días y Oraciones

La novena a Todos los Santos se reza del viernes 23 al sábado 31 de octubre de 2026. Es una preparación para la solemnidad del domingo 1 de noviembre. Nueve días para recordar que la santidad no es un club exclusivo de los que tienen estampas, sino la meta de toda la Iglesia. Rezamos por nosotros y encomendamos a los que se fueron antes.

Cuándo se reza la novena a Todos los Santos en 2026

DíaFechaSe medita
Día 1viernes 23 de octubreLa multitud incontable
Día 2sábado 24 de octubreLos mártires
Día 3domingo 25 de octubreLa puerta de al lado
Día 4lunes 26 de octubreSantidad en el trabajo
Día 5martes 27 de octubreLos que cuidaron
Día 6miércoles 28 de octubreLos que perdonaron
Día 7jueves 29 de octubrePerseverar sin ver
Día 8viernes 30 de octubreNuestros difuntos
Día 9sábado 31 de octubreVolver a vernos

Qué se celebra el 1 de noviembre y qué el 2

Hay una confusión extendida. Mucha gente mezcla las fechas porque vienen seguidas. Es lógico. Pero conviene aclararlo.

El domingo 1 de noviembre es la solemnidad de Todos los Santos. Celebramos a todos los que ya están con Dios. Son millones. Los conocemos por nombre, como san Francisco o santa Teresa, y los desconocemos por completo, como aquella vecina de tercero que rezaba el rosario en silencio y nunca dijo una mala palabra. El día 1 es su fiesta. Es un día de alegría porque están en la patria.

El lunes 2 de noviembre es la Conmemoración de todos los fieles difuntos. No es lo mismo. Ese día rezamos por los que han muerto y que aún no contemplan a Dios cara a cara. Hablamos de la etapa de purificación. Por eso rezamos por ellos, les pedimos a Dios que los acoja y los libere de todo lo que les impida la plenitud. Es un día de oración y de recuerdo, pero de tinte distinto al anterior.

Un día celebramos la victoria. Al siguiente pedimos misericordia. Ambos son necesarios. Ambos nos recuerdan que la muerte no es el final, pero que hay una diferencia entre quien ya ha llegado y quien todavía camina hacia la luz.

De dónde viene la fiesta de Todos los Santos

Al principio, la Iglesia dedicaba días concretos a cada mártir. Eran tantos que el calendario se quedaba pequeño. Había más santos que días en el año. Así nació la idea de celebrarlos a todos juntos en una sola fecha.

El paso definitivo vino a principios del siglo VII. Bonifacio IV consagró el Panteón de Roma, aquel templo circular construido para todos los dioses romanos, al culto cristiano. Lo dedicó a Santa María de los Mártires. Fue un gesto simbólico enorme: el lugar donde se rendía culto a muchos dioses falsos pasaba a ser casa de los verdaderos testigos de Cristo.

En el siglo VIII, el papa Gregorio III dedicó una capilla en la basílica de San Pedro a todos los santos. Amplió la celebración. Pero fue Gregorio IV, en el siglo IX, quien extendió la fiesta del 1 de noviembre a toda la Iglesia. Desde entonces, esa es la fecha.

El día 2 de noviembre tiene una historia más tardía. La impulsó san Odilón, abad de Cluny, en el siglo XI. Quería un día específico para rezar por los monjes fallecidos y por todos los difuntos. La costumbre se extendió rápido por toda la Iglesia latina.

Los santos que no están en el calendario

Cuando pensamos en santos, se nos vienen a la cabeza imágenes de estampas. Vestiduras raras, palmas en la mano, aureolas doradas. Pero eso es una minoría.

La inmensa mayoría de los que están con Dios no tienen fiesta propia. No salen en los libros de liturgia. No hay iglesias con su nombre. Son abuelas que educaron a ocho hijos sin quejarse. Son padres que se levantaron a las cinco de la mañana durante treinta años para llevar el pan a casa. Son enfermeras que cuidaron de moribundos con paciencia infinita. Son vecinos que supieron guardar silencio cuando tocaba y hablar cuando era necesario.

Esta fiesta es suya. De los que murieron sin hacer ruido. De los que vivieron la fe sin teatralidad. De los que nadie canonizará oficialmente, pero que sin duda contemplan ya a Dios.

Piensa en alguien concreto. En tu abuelo. En esa compañera de trabajo que perdió a su hijo y nunca perdió la fe. En el cura de tu pueblo, de ese pueblo abandonado donde aún así celebraba misa cada domingo para tres personas. Esos son los santos de esta novena.

Qué se hace el 1 y el 2 de noviembre

El 1 de noviembre se celebra misa de solemnidad. El 2, misa por los difuntos. En muchos pueblos y barrios de España, la gente va a misa y luego al cementerio. Lleva flores, agua para limpiar la lápida, quizá un paño. Algunos rezan allí, otros simplemente están un rato. No hace falta más.

La Iglesia concede indulgencia plenaria aplicable a los difuntos a quien visite un cementerio y rece alli por ellos, del 1 al 8 de noviembre. Las condiciones habituales son cuatro: confesion sacramental, comunion, oracion por las intenciones del Papa y no estar apegado a ningun pecado, tampoco venial. Conviene saber que rezar por los difuntos forma parte de la visita, no es un anadido: sin esa oracion, la visita se queda en visita. Lo que no hace falta es llevar flores, quedarse una hora ni recitar nada concreto.

"Aplicable a los difuntos" quiere decir que no es para uno. La indulgencia plenaria, si se cumplen esas condiciones, se ofrece por un alma del purgatorio. No reduce el propio tiempo de purificación. Es un acto de caridad hacia quien ya no puede hacer nada por sí mismo.

Mucha gente no puede ir al cementerio. Vive lejos de donde está enterrado su padre, o su madre reposa en un pueblo de la otra punta del país. Algunos no se mueven bien, o el cementerio queda en cuesta y el otoño ha traído lluvia. Otros ni siquiera saben dónde están los restos. Nada de eso les deja fuera. La indulgencia tiene su camino, pero la oración no entiende de mapas. Rezar en casa por los difuntos, nombrarlos en voz alta, pedir por ellos: eso no necesita permiso ni ubicación. La Iglesia establece medios seguros, no únicos.

Hay familias que guardan la costumbre de sentarse a rezar el rosario el 2 de noviembre, y en cada misterio nombran a los muertos de la casa. Abuelos, tíos, a veces un hermano que se fue de niño. Se dice el nombre, se pide por él, se pasa la página. Es una forma de que los que no conocieron a quien murió hace sesenta años sientan que forma parte de la familia. También hay quien lo hace solo, en silencio, sin rosario. La Iglesia no prescribe formas. Prescribe la caridad hacia los muertos.

Cómo se reza esta novena

No hace falta preparación especial. Basta un rato de silencio y la intención de acompañar a los que han llegado antes que nosotros.

Esquema diario:

  • Señal de la cruz.
  • Oración inicial (la misma durante los nueve días).
  • Breve meditación sobre el tema del día.
  • Petición concreta.
  • Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  • Oración final.

Oración inicial:

Señor Dios, Padre de misericordia, en estos nueve días que nos acercan a la solemnidad de Todos los Santos, queremos unirnos a la multitud de tus hijos que ya contemplan tu rostro. Abre nuestros ojos para reconocer la santidad escondida en la vida cotidiana y fortalece nuestra esperanza en la comunión de los santos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración final:

Señor, que has reunido en la patria celestial a tus hijos de todas las épocas y condiciones, concédenos vivir de modo que podamos unirnos a ellos en tu reino. Por la intercesión de todos los santos, conocidos y desconocidos, protégenos en este peregrinar terrenal hasta que nos encontremos todos contigo. Amén.

Los nueve días

Día 1 — viernes 23 de octubre: La multitud incontable

San Juan tuvo una visión en la isla de Patmos. Vio una muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono de Dios, vestidos de blanco, con palmas en las manos. El apóstol no los reconocía a todos. Eran demasiados.

Esa es la imagen con la que empezamos. La santidad no es un club selecto. Es una avalancha de gente corriente que ha respondido al amor de Dios con fidelidad. Hoy pensamos en esa multitud anónima. En los cristianos de los primeros siglos que murieron sin dejar nombre. En los bautizados de tiempos de guerra que mantuvieron la esperanza. En los misioneros que enfermaron lejos de casa y murieron sin que nadie lo supiera.

Son ellos los que nos reciben. Los que forman la nube de testigos de la que habla la Escritura. No están solos. No estamos solos.

"Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos de vestiduras blancas, con palmas en las manos" (Ap 7,9).

Hoy te pido, Señor, que me hagas sentir parte de esa multitud que te pertenece, y que me des la humildad de saber que hay millones de santos que interceden por mí sin que yo conozca sus nombres.

Día 2 — sábado 24 de octubre: Los mártires

La fiesta de Todos los Santos nació de la imposibilidad de celebrar por separado a cada mártir. Eran tantos que el calendario estallaba. La sangre de los cristianos perseguidos se convirtió, como decía Tertuliano, en semilla de creyentes.

Hoy recordamos a los que entregaron la vida por no renunciar a Cristo. No solo en la antigüedad. También en el siglo XX, en campos de concentración, en gulags, en calles de ciudades donde ser cristiano era delito. Recordamos a los que murieron por asistir a misa, por esconder a un sacerdote, por negarse a blasfemar.

Su testimonio nos interpela. No todos estamos llamados a morir de forma violenta, pero todos estamos llamados a ser fieles hasta el final. La vida del mártir es el extremo de una constancia que también se pide en lo cotidiano: no traicionar lo que se es, aunque cueste.

"Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,10).

Hoy te pido por todos los cristianos que hoy mismo sufren persecución, y por los que en secreto preparan su testigo sin saber que lo harán.

Día 3 — domingo 25 de octubre: La puerta de al lado

A veces buscamos la santidad lejos. En figuras exóticas, en gestos heroicos imposibles. Pero los santos de verdad suelen estar más cerca. En el piso de arriba. En la mesa del comedor. En la cama de al lado.

Hoy pensamos en los santos de la puerta de al lado. En la madre que se levantó cada noche durante años para atender a un hijo enfermo. En el matrimonio que no se separó a pesar de las dificultades. En el anciano que iba a misa de rodillas cuando ya no podía caminar. En la hija que abandonó sus planes para cuidar de sus padres hasta el final.

No hicieron milagros. No predicaron a multitudes. Solo amaron a los que tenían cerca con una paciencia que no entendían ni ellos mismos. Esa es la santidad más común y la más difícil. La que se ejerce en el silencio de las cuatro paredes.

"Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8).

Hoy te pido que me ayudes a ver la santidad en quienes me rodean, y a no despreciar mi propia vida por parecerme demasiado ordinaria.

Día 4 — lunes 26 de octubre: Santidad en el trabajo

Pasamos la mayor parte de la vida trabajando. Oficinas, talleres, cocinas, campos de cultivo. La tentación es dividir la vida en compartimentos: aquí Dios, allá el trabajo. Pero la santidad no entiende de horarios.

Hoy recordamos a los que santificaron su trabajo sin hacerlo teatro. El obrero que ofrecía sus horas de fábrica. La profesora que enseñaba con rigor porque educar es un modo de amar. El comerciante que no engañaba en los pesos. La ama de casa que convirtió el lavado de ropa en oración.

San José trabajó en silencio. Probablemente murió sin saber quién era realmente su hijo adoptivo, pero habiendo sido fiel cada día. Ese es el camino. Hacer bien lo que toca, con amor, por amor.

"Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,9).

Hoy te pido que santifiques mi trabajo, por aburrido o difícil que sea, y que me permita ofrecértelo como un don.

Día 5 — martes 27 de octubre: Los que cuidaron

Hay una santidad silenciosa que pasa desapercibida hasta que falta. Es la de los cuidadores. Los que limpiaron a un anciano incontinente. Los que dieron de comer a un enfermo de Alzheimer que ya no reconocía a nadie. Los que pasaron noches en vela junto a una cuna.

Hoy pensamos en ellos. En los que gastaron su juventud cuidando de un padre enfermo. En las esposas que no abandonaron al marido cuando la enfermedad lo convirtió en un extraño. En los médicos y enfermeras que llevaron la cruz ajena con profesionalidad y ternura.

Este servicio cansado es un modo de lavar los pies como hizo Jesús. Es bajar al lodo de la condición humana y decir: aquí estoy. No buscan reconocimiento. Muchas veces ni siquiera les quedan fuerzas para rezar. Pero su amor es oración pura.

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).

Hoy te pido por todos los que están cuidando de alguien en este momento, que no se sientan solos y que encuentren descanso en tu amor.

Día 6 — miércoles 28 de octubre: Los que perdonaron

Perdonar es lo más difícil. Más que morir, a veces. Es soltar una deuda que el otro no puede pagar. Es dejar ir el rencor que nos daba identidad.

Hoy recordamos a los que perdonaron de verdad. No de boquilla. Los que acogieron al hijo que les había fallado. Los que estrecharon la mano del enemigo después de una guerra. Los que no denunciaron al que les robó, porque preferían la paz a la justicia punitiva.

No fueron ingenuos. Sintieron el dardo del odio. Pero decidieron no dejar que el mal recibido definiera su vida. Elegieron ser libres. Eso es santidad: no estar atado por los errores ajenos ni por los propios.

"Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también vosotros el Padre celestial" (Mt 6,14).

Hoy te pido la gracia de perdonar de verdad a quien me hirió, y de aceptar tu perdón por mis propias culpas.

Día 7 — jueves 29 de octubre: Perseverar sin ver

Hay una fe que no ve resultados. Que ora y no recibe respuesta. Que trabaja por un mundo mejor y ve que todo empeora. Que cuida de un hijo que no mejora, que espera un cambio que no llega.

Hoy pensamos en los que perseveraron en la oscuridad. Santa Teresa de Calcuta pasó décadas sin sentir la presencia de Dios, y siguió sirviendo a los más pobres. Pero hay miles anónimos que hicieron lo mismo sin que nadie lo supiera. Padres que mantuvieron la familia unida contra viento y marea. Creyentes que fueron a misa durante años sin consuelo sensible.

Esa perseverancia es heroica. Es la fe más pura, la que no necesita premios. Es confiar en que Dios actúa aunque todo parezca fracaso.

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,3).

Hoy te pido la paciencia para seguir cuando no vea frutos, confiando en que tú siembras donde yo no alcanzo a ver.

Día 8 — viernes 30 de octubre: Nuestros difuntos

Hoy la novena toca lo más cercano. No hablamos de santos genéricos, sino de los nuestros. De los que compartieron nuestra mesa y ahora comparten el silencio. De los que se fueron este año o hace décadas, pero que siguen presentes en la memoria.

Pensamos en ellos con cariño realista, sin idealizarlos. Recordamos sus defectos y sus virtudes. Lo que nos dieron y lo que nos faltó. Y los encomendamos. No sabemos exactamente dónde están, pero confiamos en que tu misericordia es más grande que nuestras tinieblas.

Este día es para el duelo sano. Para llorar sin desesperación. Para recordar que el amor no muere. Que sigue vigente aunque la persona no esté.

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt 5,4).

Hoy te pido por todos mis difuntos, y por los que llevo en el corazón sin poder hablarles ya. Acógelos en tu paz.

Día 9 — sábado 31 de octubre: Volver a vernos

Llegamos al final de la novena. Mañana celebramos a todos los santos. Pasado mañana rezamos por los difuntos. Hoy nos detenemos en la esperanza que une ambas fiestas: no es un adiós definitivo.

La comunión de los santos no es una teoría. Es la certeza de que seguimos unidos a los que se fueron. Que la muerte es una puerta, no un muro. Que nos esperan, o nosotros les esperamos a ellos, en la patria.

Esta esperanza no quita la pena de la ausencia, pero le da sentido. Nos anima a vivir de modo que, cuando llegue nuestro momento, encontremos a esos seres queridos y les digamos: aquí estoy, gracias por esperarme.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados" (Mt 5,6).

Hoy te pido la esperanza de la resurrección, y que me prepare para el encuentro definitivo contigo y con todos los que amé.

Marca los días

  • Día 1 — viernes 23 de octubre
  • Día 2 — sábado 24 de octubre
  • Día 3 — domingo 25 de octubre
  • Día 4 — lunes 26 de octubre
  • Día 5 — martes 27 de octubre
  • Día 6 — miércoles 28 de octubre
  • Día 7 — jueves 29 de octubre
  • Día 8 — viernes 30 de octubre
  • Día 9 — sábado 31 de octubre

Rezar por alguien que no creía

La pregunta surge en casi todas las casas. El padre que dejó de ir a misa. La hermana que dijo que no creía en nada. El amigo de la universidad que se burlaba de los curas y murió de sobredosis. ¿Se puede rezar por ellos? Sí. Sin condiciones, sin letra pequeña, sin que nadie tenga que certificar antes qué creía en realidad.

La Iglesia no enseña dónde está el alma de nadie. Ni siquiera de los que parecían santos. El juicio particular de cada persona le corresponde a Dios, y a Dios solo. No es cosa nuestra clasificar a los muertos según nuestras impresiones. No sabemos qué entendió cada uno, qué le dijeron de pequeño, qué crisis le tocó vivir, qué gracia recibió en el último segundo. Dios juzga lo que cada uno pudo entender y vivir, no la etiqueta que llevara ni la filiación que declarara.

Esto vale también para quien se quitó la vida. La Iglesia hace décadas que no niega el funeral ni la oración por estas personas. Se reza por ellas como por cualquier otra. La salvación depende de factores que ignoramos: el estado de la razón, la enfermedad, lo que pudo arrepentirse en el último instante. Rezar no implica suponer dónde están. Implica confiar en que Dios es más justo y más misericordioso de lo que nosotros somos capaces de imaginar.

Muchos llegan a estos días cargando la duda de si su padre o su madre "se salvó". Si hizo lo suficiente, si creía de verdad, si el rencor que profesaba hacia la Iglesia era definitivo. No hay respuesta que calme esa pregunta del todo. Pero hay algo que está en su mano: rezar. Nombrar a esa persona ante Dios, pedir por ella, confiarla a la misericordia. Eso basta. No hay que añadir nada, no hay que justificar nada ante nadie. La oración por los difuntos es acto de amor, no de certeza. Y el amor no necesita pruebas.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre el 1 y el 2 de noviembre? El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos: todos los que ya están en la gloria de Dios, canonizados o no. El 2 de noviembre es la Conmemoración de todos los fieles difuntos: rezamos por quienes han muerto y aún no están en la plenitud, para que Dios los acoja. Un día es de fiesta, el otro de suplica.

¿Se puede rezar por un difunto concreto en esta novena? Sí, sobre todo el día 8, dedicado expresamente a nuestros difuntos. Aunque la novena es de preparación para Todos los Santos, está bien incluir intenciones por personas concretas que han muerto. La Iglesia une el culto a los santos con la oración por los difuntos.

¿Qué pasa si empiezo tarde? No pasa nada. La novena es ayuda, no obligación estricta. Si se te pasa un día, reza dos días juntos. Si empiezas el 28, haz los días que puedas. Lo importante es la intención de prepararse, no el cumplimiento rígido de un calendario.

¿Hay que ir al cementerio durante la novena? No es necesario. La novena se puede rezar en casa, en la iglesia, donde sea. Es tradición visitar los cementerios el día 2 de noviembre o en los días próximos, pero la novena misma no exige desplazamiento físico. Se trata de un viaje interior.

¿Tiene algo que ver esta fiesta con Halloween? Halloween (contracción de All Hallows' Eve, la víspera de Todos los Santos) tiene origen cristiano como víspera de la solemnidad. Sin embargo, se ha transformado en una fiesta secular y comercial. La novena y la celebración del 1 de noviembre tienen un sentido distinto y más profundo: la unión con los santos y la esperanza cristiana.

¿Se puede rezar por alguien que no era creyente? Sí. La Iglesia confía en la infinita misericordia de Dios. Podemos rezar por cualquier difunto, encomendándolos a Dios que conoce los corazones. La salvación depende de Él, no de nuestros méritos ni de la calidad de nuestra oración.

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Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.

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Preguntas Frecuentes

¿Cuándo se reza la novena a Todos los Santos en 2026?
Del viernes 23 al sábado 31 de octubre de 2026, los nueve días previos a la solemnidad de Todos los Santos, que se celebra el domingo 1 de noviembre.
¿Qué diferencia hay entre el 1 y el 2 de noviembre?
El 1 de noviembre se celebra a todos los que ya están con Dios, tengan fiesta propia o no. El 2 de noviembre se reza por los fieles difuntos, por los que aún no han llegado. Uno es fiesta y el otro es súplica.
¿Puedo rezar esta novena por un difunto concreto?
Sí, y es de lo más habitual. Aunque la fiesta del 1 de noviembre celebra a los santos, nada impide poner a los tuyos en la intención de cada día.
¿Se puede rezar por alguien que no era creyente?
Sí, sin condiciones. La Iglesia no enseña dónde está el alma de ninguna persona concreta, y juzgar eso no nos corresponde. Se reza por ella como por cualquier otra.
¿Hay que ir al cementerio para ganar la indulgencia?
La indulgencia plenaria aplicable a los difuntos se concede a quien visita un cementerio y reza allí por ellos, del 1 al 8 de noviembre, con las condiciones habituales. Quien no puede ir sigue pudiendo rezar por sus difuntos desde casa: la Iglesia establece medios seguros, no únicos.
¿Es lo mismo Todos los Santos que Halloween?
No. Halloween es una celebración popular que ha llegado a España desde el mundo anglosajón. La solemnidad de Todos los Santos es una fiesta litúrgica que se celebra el 1 de noviembre desde el siglo IX.

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