Fe Católica

¿Qué es el limbo? La verdad sobre el estado final de los niños

Equipo ReligionHoy
Lectura: 17 min
Actualizado: 15 de abril de 2026

que es el limbo es una pregunta que muchos católicos se hacen ante la muerte de infantes sin bautizar. Descubre la doctrina, la esperanza y la misericordia de D

¿Qué es el limbo? La verdad sobre el estado final de los niños

¿Qué es el limbo? La verdad sobre el estado final de los niños

Respuesta directa: Que es el limbo

Cuando preguntamos que es el limbo, nos encontramos ante un concepto que genera mucha curiosidad, pero también cierta inquietud en los corazones de muchas familias. En términos sencillos y directos, el limbo (del latín limbus, que significa "borde" o "frontera") fue una hipótesis teológica desarrollada por la Iglesia Católica para describir el estado final de aquellas personas, especialmente niños, que mueren sin recibir el bautismo y sin cometer pecado personal alguno.

La Iglesia nunca ha definido el limbo como un dogma de fe, es decir, no es una verdad obligatoria para los católicos. Lo que sí enseña oficialmente la Iglesia es que el Bautismo es necesario para la salvación, pero al mismo tiempo, confía plenamente en la misericordia infinita de Dios para que los niños que mueren sin bautismo sean llevados a la vida eterna. Por lo tanto, hoy en día, la doctrina del "limbo" se considera una posibilidad histórica y teológica que ha sido superada por una esperanza más plena en la salvación de Dios.

Lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica

Para comprender verdaderamente la postura de nuestra fe, debemos adentrarnos en el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), que actúa como la brújula que guía a todos los católicos del mundo. Aunque el término "limbo" aparece poco o nada en el texto, la esencia de la enseñanza se encuentra en cómo la Iglesia reconcilia dos verdades fundamentales: la necesidad de la gracia del Bautismo y la misericordia de Dios.

El Catecismo toca este tema profundamente en los párrafos 1257, 1281 y, especialmente, en el 1260 y 1261. En el párrafo 1257, la enseñanza es clara: "El Señor mismo afirma que el bautismo es necesario para la salvación. Por ello, Él ha mandado a sus discípulos anunciar el Evangelio a toda criatura y bautizarla". Sin embargo, el Catecismo es sabio y no deja la puerta de la esperanza cerrada.

El punto crucial lo encontramos en el párrafo 1260, que nos habla de aquellos que no han recibido el bautismo. Dice el texto: "La Iglesia hace la referencia en la Sagrada Escritura a un bautismo distinto al de agua y del Espíritu Santo, como la única posibilidad de entrar en la vida eterna. Es, pues, la única vía necesaria para la salvación". Pero aquí viene el gran consuelo, el párrafo 1261, que es la base de nuestra esperanza sobre que es el limbo y cómo ha evolucionado esa idea. El Catecismo nos dice: "En cuanto a los niños que mueren sin bautismo, la liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia de Dios y a practicar el acto de enterrarlos con esperanza cristiana".

Esta es la gran distinción: la Iglesia no afirma que estos niños estén condenados. El Catecismo, siguiendo la tradición de Santos como San Agustín y luego refinada por los teólogos modernos, sugiere que la Iglesia "puede y debe encomendarlos a la misericordia de Dios". La evolución de la doctrina es notable: antiguamente se pensaba en un "limbo de los niños", un lugar de felicidad natural pero sin la visión beatífica de Dios (el Cielo propiamente dicho). Sin embargo, el Catecismo actual nos invita a alejarnos de la teoría del "borde" para acercarnos a la certeza de que Dios, que quiere que todos se salven, no dejará a nadie fuera de su amor.

El párrafo 1281 también es vital, pues nos recuerda que "Dios ha ligado la salvación al bautismo, pero Él mismo no está atado a sus sacramentos". Esto significa poderosos de que Dios, en su infinita sabiduría y amor, puede encontrar caminos que nosotros no conocemos para llevar la salvación a aquellos que, por razones ajenas a su voluntad, no recibieron el agua del bautismo.

Por lo tanto, lo que enseña el Catecismo no es un lugar de castigo ni una condena, sino una invitación a confiar. Nos enseña que, mientras debemos ser diligentes en bautizar a nuestros hijos (porque así lo ha mandado Cristo), no debemos desesperar en las circunstancias donde esto no es posible. La enseñanza es pastoral: no es un juicio sobre el destino de un niño, sino un llamado a la confianza en el Padre que tiene cuidado incluso de los pajaritos. Cuando hablamos de que es el limbo hoy en día, debemos decir que el Catecismo nos invita a sustituir la incertidumbre de un "lugar teórico" por la certeza de un Dios misericordioso.

Historia y origen de esta doctrina

Para entender cómo llegamos a la situación actual, es necesario viajar por los siglos de la historia de la Iglesia. No podemos entender que es el limbo si no miramos cómo se formó esta idea en el pensamiento de los primeros Padres de la Iglesia.

El origen de esta doctrina se remonta principalmente a San Agustín de Hipona, en el siglo V d.C. Agustín estaba luchando contra una herejía llamada pelagianismo, que negaba la existencia del pecado original. Para defender la necesidad de la redención, Agustín enseñaba que la muerte de Cristo era necesaria incluso para los niños. Sin embargo, surgía una pregunta difícil: si el pecado original se transmite con la naturaleza humana, ¿qué pasa con los niños que mueren antes de poder ser lavados en el bautismo?

Agustín, en su firme defensa de la justicia divina, llegó a concluir que aquellos que murieran sin bautismo experimentaban una "condena leve". No es una condena por pecados personales, ya que esos niños no han hecho nada malo, sino una pena por la privación de la visión de Dios. Esta fue la semilla de lo que luego se llamaría "limbo".

Durante la Edad Media, teólogos como Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) sistematizaron esta idea. Tomás de Aquino, usando la filosofía aristotélica, describió el limbo como un lugar de felicidad natural. Según esta visión, los niños no sufrieron tormento, pero tampoco pudieron tener la felicidad sobrenatural de estar con Dios. Era un estado de paz, pero de falta de plenitud. A este lugar se le llamó "limbo de los niños" para diferenciarlo del "limbo de los padres" (limbus patrum), que era el lugar donde estaban los justos del Antiguo Testamento que esperaban la redención de Cristo antes de su ascensión.

Sin embargo, a lo largo de los siglos, la teología comenzó a cambiar. La idea de un "lugar" físico o espacial comenzó a ser cuestionada. El Concilio de Trento (siglo XVI) no condenó la idea del limbo, pero tampoco la elevó a dogma, dejándola como una opinión teológica probable o probable.

Fue en el siglo XX, y especialmente con el Concilio Vaticano II, cuando la teología cristiana dio un giro pastoral y profundo. Los teólogos comenzaron a dudar de que Dios pudiera negar su amor infinito a cualquier ser humano inocente. La pregunta "¿por qué castigar a un niño que no ha pecado?" comenzó a resonar con mucha fuerza.

En el año 2007, la Comisión Teológica Internacional de la Iglesia publicó un documento titulado "La Salvación de los niños que mueren sin bautismo". Este documento fue un hito fundamental. No dijo que el limbo no existía, pero concluyó que la esperanza de que los niños sean salvos por la misericordia de Dios es teológicamente fundada y pastoralmente necesaria.

Este cambio de mentalidad es crucial para entender que es el limbo hoy. Ya no se ve como un lugar físico en el inframundo, sino como una hipótesis que ha sido reemplazada por una confianza más grande. La Iglesia ha pasado de preguntar "¿dónde están?" a confiar en que "Dios los tiene".

Es importante notar que, aunque la "teoría del limbo" ha perdido fuerza, la doctrina del pecado original permanece intacta. Lo que se ha matizado es la consecuencia de ese pecado en aquellos que no tienen la capacidad de rechazar la fe.

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La historia nos enseña que la Iglesia es un camino. Las doctrinas teológicas a veces se clarifican a medida que avanzamos en la comprensión de la Escritura y la tradición. El limbo es un ejemplo de cómo la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, ha ido profundizando en la misericordia de Dios, alejándose de conceptos que pudieran parecer demasiado rígidos o duros para un Dios de amor.

Preguntas frecuentes que todos se hacen

En nuestra comunidad católica, las dudas sobre la muerte de los pequeños son constantes. Aquí respondemos a las preguntas más frecuentes que surgen cuando investigamos que es el limbo.

1. ¿Existe realmente el limbo como un lugar físico?

Muchos padres se imaginan una especie de "ciudad" o "lugar" donde van los niños. La respuesta corta es que la Iglesia no ha enseñado nunca que el limbo sea un lugar físico. Cuando los teólogos medievales hablaban de él, lo hacían más como un estado o una condición de la existencia, no como una coordenada geográfica en el más allá. Hoy en día, la Iglesia prefiere hablar de la "misericordia de Dios" y no de un "lugar". Decir que existe un lugar físico para el limbo sería una simplificación que la teología moderna ha dejado de lado. Lo que sí es real es la esperanza de que Dios, que no está atado a los sacramentos, acoge a los niños en su reino.

2. Si mi hijo muere sin bautizar, ¿qué pasa con él?

Esta es la pregunta que más duele, pero es la que debemos responder con la mayor caridad. La respuesta de la Iglesia es: "No lo separes, no lo condenes, no te desesperes". Si un niño muere sin bautismo, la Iglesia enseña que Dios, en su infinita bondad, tiene un plan para él. No hay que temer que sea un "castigo". La enseñanza actual es que existe una esperanza fundada de que esos niños sean salvos. El Catecismo nos invita a encomendarlos a la misericordia de Dios. Por lo tanto, la respuesta a tu inquietud es: confía en que Dios es Padre y cuida de sus hijos, incluso de aquellos que no pudieron recibir el agua del bautismo.

3. ¿Es el limbo una forma de castigo por el pecado original?

Antiguamente, se pensaba que era una pena leve por el pecado original. Sin embargo, hoy en día, la Iglesia prefiere ver la salvación de los niños como un acto de pura gracia. No es un castigo, sino un misterio de amor. Incluso si existiera alguna privación (lo cual la Iglesia no afirma como dogma), no sería un sufrimiento doloroso, sino simplemente la falta de la plenitud de la unión con Dios, la cual Dios, en su misericordia, podría haber suplido de otra manera. La idea de "castigo" ha sido superada por la idea de "esperanza". No debemos pensar en niños enojados o castigados, sino en niños amados por el Creador.

4. ¿Por qué bautizar a los niños si Dios no necesita el bautismo para salvarlos?

Esta es una pregunta muy lógica. La respuesta radica en la obediencia a Cristo y en la importancia de la gracia. Cristo dijo: "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos". Bautizar no es un "truco mágico" para ganar un pase al cielo, sino un acto de amor y obediencia. Al bautizar, queremos que el niño pertenezca a la familia de Dios desde la primera hora. Es como ponerle el nombre y el vestido de la familia antes de que pueda decir "sí" o "no". Es un regalo de la Iglesia para el niño. Sin embargo, aunque es necesario para nosotros, Dios no está "secuestrado" por el bautismo; Él es libre para salvar a quien Él quiera, pero nosotros debemos hacer lo que Él nos mandó.

5. ¿Pueden los niños del limbo ir al cielo?

Al hablar de que es el limbo en la actualidad, la respuesta es que ya no usamos el término "limbo" para describir un estado de no-cielo. La Iglesia moderna prefiere decir que hay una "vía probable" para la salvación de los niños sin bautismo. Es decir, creemos que sí van al cielo, porque Dios es bueno. Si el término "limbo" implicaba que no podían entrar al cielo, la teología actual rechaza esa implicación. La esperanza es que sí, que la misericordia de Dios es más grande que nuestras limitaciones o nuestras faltas.

¿Qué dice la Biblia al respecto?

Aunque el término "limbo" no aparece en la Biblia, las Escrituras están llenas de principios que nos dan luz sobre este tema. La Biblia nos habla de la justicia de Dios, pero sobre todo de su infinito amor. Vamos a reflexionar sobre tres pasajes clave.

Primera lectura: 1 Tesalonicenses 4, 13-14

"Hermanos, no queremos dejarlos en ignorancia con respecto a los que han muerto, para que no os entristezcáis como los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios, por medio de Jesús, traerá con él a los que durmieron".

Esta es una de las lecturas más hermosas para los padres y abuelos. San Pablo nos dice que no tenemos que "entristecernos como los que no tienen esperanza". La diferencia entre el cristiano y el no creyente es la esperanza. Si no tuviéramos esperanza en la vida eterna, nuestra dolor sería desolador. Pero como creemos que Jesús venció a la muerte, tenemos la certeza de que la muerte no es el final. Este versículo nos enseña que la muerte de los niños no nos debe dejar sin esperanza. La palabra "durmieron" es una metáfora de la paz. Los niños que mueren en la innocencia están "durmiendo" en el Señor, esperando el despertar de la vida eterna.

Segunda lectura: Lucas 23, 43

"Jesús le dijo: —En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso".

Aquí vemos a Jesús hablando con el buen ladrón. El ladrón no fue bautizado. No tenía tiempo para recibir el agua, ni para hacer obras de caridad. Sin embargo, Jesús, que tiene autoridad para perdonar y salvar, le promete inmediatamente el paraíso. Este pasaje es fundamental para entender que es el limbo. Nos demuestra que la salvación no depende exclusivamente de un ritual que pueda fallar, sino del corazón. Si Jesús puede salvar a un ladrón en el último momento de su vida, ¿cuánto más puede Dios salvar a un niño inocente que nunca pudo pecar? La respuesta de Jesús es clara: la misericordia puede llegar más allá de las normas externas.

Tercera lectura: 1 Pedro 3, 19-20

"En él también fue a predicar a los espíritus encarcelados, que en otro tiempo fueron rebeldes, cuando Dios aguardaba con paciencia en los días de Noé, mientras se preparaba el arca".

Este es un pasaje difícil y misterioso. Algunos teólogos antiguos pensaron que esto se refería a un "limbo de los padres" o incluso a una visita a los condenados. Sin embargo, una reflexión más profunda nos dice que habla de la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal y la muerte. Nos recuerda que Cristo desciende a los lugares más bajos para traer luz. Si Cristo baja incluso a los lugares más oscuros para traer salvación, ¿cómo podría un Dios de amor dejar a los niños en la oscuridad? Este pasaje nos anima a pensar que la obra de salvación de Jesús es total y abarca todo lo que está bajo la tierra.

Estos versículos, juntos, pintan un cuadro donde la justicia de Dios se encuentra con su amor infinito. La Biblia no nos da un manual técnico sobre el destino de los no bautizados, pero nos da el carácter de Dios: un Padre que no quiere que ninguno se pierda.

Objeciones y dudas comunes: respuestas claras

A menudo, cuando hablamos de teología, surgen objeciones de personas que dudan o de aquellos que no creen. Es importante responder a estas dudas con caridad, firmeza en la verdad y sin miedo.

Objeción 1: "Si el limbo existe, Dios parece cruel y limitado"

Esta es una objeción muy común. La gente siente que si Dios permite que haya un "limbo", significa que no es omnipotente o no es amoroso. Respuesta: Es justo lo contrario. La idea de que Dios necesita el bautismo para salvar a un niño sin pecar sería la que limitaría a Dios. La teología del limbo antiguo se desarrolló para proteger la justicia (el pecado original necesita ser lavado), pero la teología moderna protege la omnipotencia y el amor. Decir que Dios no puede salvar a un niño sin bautismo es decir que Dios es limitado. Nosotros creemos que Dios es libre. Si el limbo implicara una negativa a salvar, Dios sería cruel. Pero como la Iglesia ya no enseña el limbo como dogma, sino como una teoría superada por la esperanza en la misericordia, la objeción se disipa. Ahora creemos en un Dios que salva por medios que nosotros no entendemos.

Objeción 2: "Es imposible que Dios castigue a alguien por algo que no hizo"

Esta objeción es teológicamente correcta. Nadie puede ser castigado por el pecado original en el sentido estricto del término "castigo" si ese niño nunca tuvo capacidad de rechazar a Dios. Respuesta: Aquí es donde la distinción es clave. El limbo no era un castigo por "mala conducta", sino una pena por la falta de la gracia santificante. Sin embargo, la Iglesia actual ha eliminado la idea de "pena". Decimos que Dios, en su amor, suple esa falta. Si un niño muere sin bautismo, no sufre, no llora, no tiene hambre. Simplemente, si no entra al Cielo, es porque no se le dio la plenitud de la vida divina, pero Dios, en su misericordia, asegura que esa falta no sea un tormento. Por lo tanto, Dios no castiga a un niño inocente; Dios es justo, pero su justicia se manifiesta en amor.

Objeción 3: "Si el bautismo es necesario, ¿por qué no se salvaron todos los niños en la historia?"

Esta es una pregunta que nos duele en el corazón. Si el bautismo es necesario, ¿por qué existen tantos niños que murieron en la historia sin ser bautizados? Respuesta: La respuesta radica en la diferencia entre la "necesidad preceptiva" y la "necesidad absoluta". Para nosotros, los humanos, el bautismo es un mandato obligatorio. Debemos hacerlo. Pero para Dios, no hay nada imposible. La Iglesia enseña que la necesidad del bautismo es absoluta para nosotros, que es el medio ordinario. Pero si hay una necesidad extraordinaria (como la muerte de un niño sin acceso al bautismo), Dios puede usar un "bautismo de deseo" o un "bautismo de sangre", o simplemente, su misericordia directa. Dios no obliga a los padres a hacer algo que no pueden hacer, pero Dios sí exige que los padres hagan lo que están obligados a hacer. Dios juzga la intención y la capacidad, no solo el ritual.

Cómo vivir esta verdad de fe en tu vida diaria

Entender que es el limbo no debe quedarse en un debate intelectual; debe transformarnos en nuestra vida diaria. La fe católica es una fe para vivir, para amar y para servir. Aquí te doy tres aplicaciones prácticas:

1. En la familia: La importancia de la oración por los difuntos

Si en tu familia ha habido un niño que falleció, o conoces a alguna familia que ha perdido un hijo, no debes dejar tu esperanza en la incertidumbre. Vive esta verdad orando. La Iglesia nos enseña que es bueno ofrecer misas y oraciones por los difuntos. Si bien la salvación de los niños está garantizada por la esperanza de la Iglesia, ofrecer oraciones es un acto de amor fraternal. Di a Dios: "Señor, tú que eres tan bueno, recibe a este niño en tu seno". Haz de tu casa un lugar de oración constante. Cuando reces el Rosario, recuerda a los niños difuntos de tu familia en las avemarías.

2. En el trabajo y la sociedad: La promoción de la vida

La doctrina sobre el bautismo y la vida nos llama a proteger la vida desde el vientre materno. Si creemos que el bautismo es el inicio de la vida eterna, entonces el aborto y el maltrato a los niños es una ofensa directa contra el plan de Dios. Vive esta verdad defendiendo la vida. Si estás en un entorno donde hay injusticia con los niños, únete a organizaciones que promuevan la evangelización y el cuidado de los niños. La misión de la Iglesia es traer luz a las familias, y si una madre no puede bautizar por ignorancia, tú puedes enseñarle el camino.

3. En la oración personal: La confianza en la misericordia

No vivas con miedo a la muerte de tus seres queridos. Usa que es el limbo como una oportunidad para confiar más en Dios. Cuando te sientas preocupado por el destino de alguien, repite el acto de confianza: "Dios mío, en quien yo confío, no te olvides de mí". Recuerda que la Iglesia no nos ha dado un "mapa del infierno", sino un "mapa de la misericordia". Vive cada día con la certeza de que, si algo sale mal, Dios está ahí. No permitas que la duda te robe la paz.

Conclusión: por qué esto importa para tu vida espiritual

Al final de este recorrido, llegamos a la conclusión de que que es el limbo es una pregunta que, aunque técnica, tiene un corazón pastoral. Nos importa porque nos toca en la carne, en la herida de la pérdida y en la pregunta sobre el destino de los inocentes.

Entender la evolución de esta doctrina nos libera del miedo. Nos libera para amar a Dios sin la sombra de un Dios tirano. Nos enseña que la Iglesia es una madre que nos acompaña en nuestro dolor, no un juez que nos condena en nuestro miedo.

Vivir esta verdad de fe es vivir con esperanza. Es ir al bautisterio con alegría, sabiendo que estamos entregando a un hijo a Dios, pero es también ir al cementerio con paz, sabiendo que Dios tiene un lugar para todos los que amamos. La Iglesia nos ha dado, en el Catecismo y en la liturgia, una mano extendida para que no nos caigamos en la desesperación.

Que tu vida diaria esté llena de esta confianza. Que cuando mires a un niño que ríe, le veas el rostro de Dios. Y que cuando mires a un niño que está en paz, le veas el abrazo de Dios. No hay espacio para el miedo en el corazón del cristiano, solo espacio para la esperanza en la misericordia.

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Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.

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Preguntas Frecuentes

¿Existe realmente el limbo según la Iglesia Católica?
El término "limbo" no es un dogma de fe definido por la Iglesia. Es una hipótesis teológica histórica que la Iglesia ha ido abandonando en favor de una mayor confianza en la misericordia de Dios para los niños que mueren sin bautizar.
¿Qué pasa con los niños que mueren sin bautizar?
La Iglesia enseña que debemos encomendar a estos niños a la misericordia de Dios. El Catecismo nos invita a tener confianza en que Dios, que no quiere que nadie se pierda, les ofrece la vida eterna a través de caminos que nosotros desconocemos.
¿Es el limbo un lugar de castigo?
No, el limbo no se considera un lugar de tormento o castigo. La hipótesis antigua sugería una privación de la visión de Dios, pero sin sufrimiento. Hoy en día, la Iglesia prefiere hablar de la salvación de estos niños por la misericordia de Dios.
¿Por qué bautizar a los niños si Dios puede salvarlos sin bautismo?
El bautismo es un mandato de Jesús y es el medio ordinario para la salvación. Bautizar es un acto de obediencia y de inserción en la familia de Dios. Sin embargo, Dios no está atado a los sacramentos y puede salvar a quienes no los reciben por razones ajenas a su voluntad.
¿Qué dice el Catecismo sobre la salvación de los niños?
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 1260-1261) afirma que la Iglesia tiene el deber de encomendar a los niños muertos sin bautismo a la misericordia de Dios y que existe una esperanza fundada de su salvación.

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