San Martin de Porres: Vida, Milagros y Oraciones | Devoción
san martin de porres es el santo de la caridad y la humildad. Conoce su historia completa, sus milagros increíbles y aprende a rezar con devoción para pedir fav

Índice del artículo
San Martin de Porres: El Santo de la Caridad y la Humildad para Nuestra Vida
¿Quién fue san martin de porres? Una vida extraordinaria
Nuestra historia comienza en el vibrante y complejo contexto de la Lima del siglo XVII, una ciudad donde el rigor de la fe católica convivía con las profundas divisiones sociales del imperio español. Nacido el 9 de diciembre de 1579, Martín de Porres recibió su bautismo en la ciudad del Rey, Perú, fruto de un amor que la sociedad de la época no podía legitimar plenamente. Su padre, Juan de Porres, era un caballero español, un hombre de sangre noble pero de pocos recursos, que se unió en un vínculo estable con Ana Velázquez, una esclava africana liberta de origen panameño. En ese tiempo, la mezcla de castas generaba prejuicios que el joven Martín tendría que enfrentar desde sus primeros años de vida, sin embargo, Dios ya estaba tejiendo en su corazón el diseño de una santidad que trascendería barreras raciales y sociales.
La infancia de Martín fue marcada por la pobreza y la necesidad, pero también por una inteligencia brillante que asombraba a quienes lo conocían. Su padre, al ver que no podía sostener a toda su familia, tomó la difícil decisión de enviar a Martín y a su madre a vivir en una situación de mayor pobreza, mientras él se quedaba trabajando. Martín, aún muy joven, tuvo que trabajar para sostener a su madre. Realizaba trabajos humildes: era barbero, lo que le permitía aprender a cuidar el cuerpo físico, pero también le dio la oportunidad de escuchar las historias y dolores de la gente común. En ese oficio de barbero, se formó su paciencia y su capacidad de servicio, aprendiendo a tratar a todos por igual, sin importar si eran nobles o plebeyos.
A pesar de las muchas dificultades y de ser tratado con dureza por algunos miembros de la Orden de Santo Domingo debido a su origen racial, su corazón permaneció siempre abierto a la gracia. Un día, mientras caminaba por las calles de Lima, fue conmovido por la vida de los frailes dominicos que veía en el convento. Su vocación no fue un capricho, sino un llamado profundo que no podía ignorar. A los 15 años, pidió ingresar como hermano lego en el convento de Santo Domingo de Lima. Aunque fue rechazado en un principio por su condición de mestizo, insistió con tanta humildad y persistencia que finalmente fue aceptado, no como miembro de la orden, sino como hermano lego, sirviendo en las tareas más bajas de la comunidad.
Su vida en el convento fue un martirio silencioso de la propia carne y del orgullo humano, pero también un jardín de virtudes que floreció en la oscuridad de la humillación. No se quejó de su posición, no buscaba privilegios, y se entregó con una alegría desbordante al servicio de la comunidad. Comenzó lavando los platos, limpiando los retretes, atendiendo a los enfermos y cuidando a los niños. Lo que muchos veían como una limitación, Martín lo transformó en su mayor herramienta de santidad. Entendió que para ser grande ante los ojos de Dios, primero debía ser pequeño ante los ojos de los hombres. Esta es la esencia de su vida: una voluntad inquebrantable de hacer la voluntad de Dios en lo cotidiano, convirtiendo cada tarea doméstica en un acto de amor divino.
El camino hacia la santidad
El camino hacia la santidad de san martin de porres no fue una línea recta que sube hacia el cielo sin tropiezos; fue un camino de ascenso a través de la montaña de la abnegación total. En aquella Lima colonial, la jerarquía de la piel y el linaje era un obstáculo insalvable para muchos, pero para Martín, se convirtió en el combustible de su humildad. Cuando ingresó al convento, los frailes le asignaron las peores tareas. Se le decía que no era digno de llevar el hábito completo, que solo podía ser un hermano lego. Sin embargo, esta no fue una imposición que él aceptó con resentimiento, sino una oportunidad que él abrazó con amor. Su conversión no fue un momento único en una celda, sino un proceso diario de morir al egoísmo y resucitar en la caridad.
Uno de los desafíos más grandes que enfrentó fue la prueba de la paciencia frente a la injusticia. Hubo momentos en los que fue golpeado, escupido o ignorado por sus superiores y hermanos por razones racistas. En lugar de defenderse o buscar justicia humana, Martín se escondía, rezaba y ofrecía su sufrimiento por la santidad de sus ofensores. Se cuenta que una vez, cuando fue injustamente acusado y golpeado, se quitó la túnica y se presentó ante el superior, diciendo: "Padre, si me merezco esto, recibo con gusto. Si es una prueba, la acepto". Esta actitud radical de no resistencia ante el mal, basada en la confianza absoluta en la providencia divina, es lo que definió su camino. No había en él rastro de amargura, solo una sonrisa serena que desarmaba a sus enemigos y cautivaba a sus amigos.
La vida religiosa de Martín se caracterizó por una mortificación extrema y una oración constante. Dormía muy poco, a veces solo unas horas en una cama dura o incluso en el suelo, usando un bloque de madera como almohada. Su ayuno era riguroso, a menudo subsistiendo con pan y agua, o comiendo lo que caía en la mesa de los demás, sin reclamar por una porción mejor. Pero lo que más definía su vida espiritual era su relación con el silencio y la oración. Se retiraba largas horas a la capilla, en medio de la noche, para conversar con Jesús en la Eucaristía. Decía que el convento no era solo un lugar de trabajo, sino un taller donde Dios forjaba su alma. Para Martín, trabajar y orar eran la misma cosa. Cuando lavaba un plato, lo hacía como si fuera un gesto litúrgico. Cuando atendía a un enfermo, lo hacía como si atendiera al propio Cristo.
La caridad de Martín fue su sello distintivo y su mayor cruz. A pesar de su propia pobreza, nunca cerró la puerta a nadie que necesitara ayuda. Se cuenta que tenía una alcancía llena de monedas que él mismo ganaba con su trabajo de barbero, y que las distribuía discretamente entre los pobres que llamaban a su puerta. No solo daba dinero, sino que su propia casa se convirtió en un hospital de campaña. A menudo, traía enfermos a su celda, les lavaba las heridas, les cambiaba las vendas y les daba de comer. Lo hacía sin que nadie lo viera, porque temía que si otros supieran de sus obras, perdería la humildad que tanto valoraba. Su caridad no buscaba aplausos, ni reconocimiento, ni gratitud humana; solo buscaba la gloria de Dios y el alivio del prójimo.
El camino de Martín también incluyó la lucha contra la soledad espiritual. Al ser tratado con desprecio, podía haber sentido el abandono de Dios, pero él veía en ese rechazo un reflejo del rechazo de Cristo. En la noche de su vida, él sentía compañía de Jesús, quien le decía que su sufrimiento era su corona. Esta unión mística lo sostenía. Sabía que Dios veía su corazón, incluso si el mundo no veía su valor. Su santidad fue reconocida póstumamente, pero en vida, solo sus intimistas y el confesor que lo guio comprendían la profundidad de su espíritu. Él vivió en el anonimato, pero desde ese anonimato, su luz iluminó a todos los que se acercaban con el corazón limpio.
También te puede interesar: San Judas Tadeo: Patrono de Causas Difíciles, Oración a San Miguel Arcángel, Santa Rita de Casía
Los milagros y prodigios de san martin de porres
La vida de san martin de porres está atravesada por numerosos testimonios de prodigios que la Iglesia ha estudiado y reconocido. Estos milagros no son solo curiosidades históricas, sino signos del amor de Dios que operó a través de este humilde hermano. El primero de estos milagros, y quizás el más famoso, ocurrió en el convento mismo, cuando una plaga de ratas y ratones invadió la cocina, amenazando con destruir los alimentos y causar una epidemia. Martín, al ver la situación, no utilizó venenos ni trampas. Se arrodilló en el suelo, rodeado de los animales, y les habló con dulzura. Les dijo que salieran del convento y que no volvieran a molestar a los frailes. Según los testigos de la época, los animales obedecieron inmediatamente, abandonando el lugar en procesión silenciosa, sin hacer daño a ninguno de los otros animales. Este milagro mostró su dominio sobre la naturaleza y su capacidad de pacificar hasta a los seres más temidos.
Otro milagro extraordinario fue el de la multiplicación del alimento. En tiempos de escasez, cuando el convento no tenía suficiente comida para todos los hermanos y necesitaba invitar a huéspedes pobres, Martín a menudo se encontraba sin recursos. Se cuenta que en una ocasión, al no haber nada en la panadería, él tomó unos pocos granos de trigo, los bendijo y los molieron. De esa pequeña cantidad, salió suficiente pan para alimentar a toda la comunidad durante varios días. Este prodigio no fue solo un acto de poder, sino una enseñanza sobre la confianza en la providencia divina. Martín nos enseñó que cuando confiamos en Dios y compartimos con los pobres, Él nunca deja faltar lo necesario. La Iglesia reconoce estos hechos como manifestaciones de la gracia que actúa sobre la materia a través de la santidad de su siervo.
El milagro de la sanación de los enfermos es quizás el más cercano al corazón de los devotos hoy en día. Muchos enfermos acudían a Martín no solo por su consejo médico, sino por su bendición y por el toque de su mano. Se documenta el caso de una monja dominica que sufría de una enfermedad crónica y dolorosa que los médicos no podían curar. Martín, sin usar medicamentos, se acercó a ella, rezó sobre ella y la toco. La monja sintió inmediatamente un alivio profundo y su salud fue restaurada por completo. Este tipo de curaciones no eran mágicas en un sentido superficial, sino que sanaban el cuerpo y el espíritu, devolviendo la esperanza a personas que habían perdido la fe en la medicina humana. Martín siempre decía que la verdadera cura viene de Jesús, y él era solo el instrumento.
Uno de los milagros más impresionantes y documentados para su canonización fue el de la visión de los místicos. Se cuenta que Martín tenía la capacidad de estar en dos lugares a la vez, o de recibir visiones de lo que sucedía en el mundo. A menudo, se le veía ausente en el convento, pero estaba en el campo atendiendo a campesinos enfermos que vivían lejos, o conversando con personas que estaban en la cárcel. Los superiores lo vigilaban, pero él siempre regresaba a tiempo a sus tareas cotidianas. En una ocasión, vio la muerte inminente de un hermano que estaba muy lejos, y logró que lo ayudaran a tiempo. Estos carismas sobrenaturales no eran buscados por él, sino que eran dones que Dios le otorgaba para servir a la Iglesia y confirmar la santidad de su vida.
Finalmente, el milagro más grande de todos es el de su propia muerte y la santidad de su vida. Murió el 3 de noviembre de 1639, en la celda donde había vivido, trabajando y orando. Su cuerpo, que estaba en el convento, fue venerado por miles de personas. Se dice que en el momento de su muerte, una luz brillante iluminó toda la habitación. Su cuerpo permaneció incorrupto durante décadas, desafiando el paso del tiempo y los elementos, un signo físico de que la santidad perdura más allá de la muerte. La Iglesia, tras un largo proceso, reconoció que su vida fue un milagro constante de amor, humildad y servicio. Estos prodigios no son solo historias del pasado, sino pruebas vivas de que Dios sigue trabajando a través de personas humildes que se dejan usar por Él.
Su mensaje espiritual: ¿qué nos enseña hoy?
En un mundo del siglo XXI marcado por la ansiedad, la competitividad y la búsqueda constante de reconocimiento, el mensaje espiritual de san martin de porres resuena con una fuerza renovada. Para el católico latinoamericano, Martín no es solo un santo de libros antiguos, sino un hermano cercano que entiende nuestras luchas. Su primer gran mensaje es el de la dignidad humana. En una época donde la raza determinaba el destino, él demostró que la sangre de Cristo es igual para todos. Hoy, cuando vemos discriminación laboral, racismo o exclusión social, Martín nos grita al oído que nadie está por encima de nadie. Su vida nos enseña que debemos tratar al otro con el respeto que merecen los hijos de Dios, sin importar su estatus social, su color de piel o su historial pasado.
El segundo mensaje es el de la humildad activa. Vivimos en una sociedad que nos empuja a mostrar nuestros logros, a tener seguidores, a brillar. Martín nos enseña que la verdadera grandeza está en la invisibilidad. No se trata de hacerse pequeño por cobardía, sino de reconocer nuestra dependencia de Dios y de los demás. En el trabajo diario, ya sea en una oficina, en una fábrica o en el hogar, podemos practicar la santidad de Martín. No necesitamos ser santos de convento para imitarlo; podemos ser santos en la cocina, en la oficina, en la escuela. Su mensaje nos invita a que hagamos las tareas pequeñas con amor, sin quejarnos, sin buscar aplausos, entendiendo que Dios ve nuestro esfuerzo silencioso.
Además, su mensaje de caridad radical es urgente hoy. La desigualdad en Latinoamérica es un tema constante, y Martín nos enseña a dar sin esperar nada a cambio. No es solo dar dinero; es dar tiempo, es dar escucha, es dar amor. La caridad de Martín era "oculta", como dice el Evangelio, y eso la hace más pura. Nos desafía a buscar a los que más sufren, a los que nadie ve, y a servirlos con la misma dedicación con la que servimos a nuestros amigos. Su vida nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a nuestro prójimo, especialmente a ese prójimo que nos es difícil ayudar.
Su testimonio también nos enseña la importancia de la oración en medio del ruido. Martín oraba mientras trabajaba. Nos invita a llevar el silencio de Dios a nuestras ciudades ruidosas. En medio del tráfico, del estrés laboral y de las distracciones digitales, podemos encontrar a Jesús si mantenemos nuestro corazón unido a Él. La oración de Martín no era una huida del mundo, sino una forma de estar en el mundo con una perspectiva divina. Él nos enseña que no necesitamos retirarnos a una cueva para hablar con Dios; podemos hacerlo en el mercado, en la calle, en el hospital.
Finalmente, su mensaje de paciencia es un bálsamo para nuestros tiempos de inmediatez. Martín fue tratado injustamente durante toda su vida, pero nunca perdió la calma. Nos enseña a soportar las adversidades sin perder la fe. Cuando las cosas no salen como queremos, cuando somos malinterpretados o cuando el trabajo es pesado, podemos recordar a Martín y decir: "Esto también es para mí, y Dios me dará la fuerza para hacerlo con amor". Su vida es un recordatorio de que la paciencia no es resignación, sino una forma activa de confiar en el tiempo de Dios.
La devoción a san martin de porres en México y Latinoamérica
La devoción a san martin de porres ha crecido de manera exponente en México y Latinoamérica, convirtiéndose en una de las figuras patronales más queridas de la región. En Perú, su tierra natal, Lima es un centro de peregrinación constante. El Convento de Santo Domingo alberga su tumba, y cada 3 de noviembre, miles de fieles se agolpan para pedir sus favores, especialmente por la sanación de enfermedades y la paz en las familias. Pero su influencia se extendió rápidamente a través del Océano Atlántico. En México, la devoción es particularmente fuerte en la Ciudad de México y estados como Jalisco y Michoacán.
En la Ciudad de México, la Basílica de San Juan Bosco y diversas parroquias tienen altares dedicados a él. Es común ver en las casas mexicanas imágenes de san martin de porres, no solo en los altares principales, sino en lugares de trabajo, en los espejos de los autos y en las cocinas. Esto refleja su rol como protector de los oficios y las familias. Los mexicanos lo consideran el "santo de los pobres" por excelencia, un compañero de lucha en las calles y en los mercados. Se dice que cuando una familia está pasando por una crisis económica difícil, rezar a san martin de porres trae la solución inesperada.
En Colombia y Argentina, también se han fundado asociaciones y ligas que llevan su nombre. En Argentina, se le llama "El Santo de la Humildad", y sus festividades son acompañadas de procesiones donde se llevan sus estatuas por las calles, a menudo bajo la lluvia, lo cual se considera un signe de su cercanía. Los devotos suelen llevar flores blancas, su color litúrgico, a los altares. En Ecuador y Venezuela, la devoción se mezcla con tradiciones populares donde se pide su intercesión para la protección de los niños y la salud de los ancianos.
Las tradiciones populares en México incluyen la costumbre de rezar un rosario especial antes de pedir un favor. A menudo, se deja una vela encendida frente a su imagen durante nueve días. También es común que los barberos y los trabajadores de la salud lleven su medalla en el bolsillo o la cuelguen en sus consultorios, reconociendo en él a su protector natural. En festividades patronales, las bandas de música tocan himnos dedicados a él, y se comparten alimentos con los vecinos, siguiendo su ejemplo de caridad. Esta devoción no es solo religiosa, es cultural; san martin de porres es parte del ADN espiritual de Latinoamérica, un símbolo de resistencia y esperanza para los pueblos originarios y los mestizos.
La devoción también se ha adaptado a las necesidades modernas. Hoy en día, hay grupos de WhatsApp que rezan novenas en línea, y se comparten testimonios en redes sociales. Los jóvenes lo ven como un modelo de santidad que rompe barreras, muy cercano a su realidad de identidad y justicia social. Para el católico latinoamericano, san martin de porres es un amigo que camina con ellos, que entiende sus dolores y que tiene la capacidad de ayudar en lo urgente y lo eterno. Su presencia en los hogares es una garantía de paz y una invitación constante a la caridad.
Oración a san martin de porres
Oh glorioso San Martín de Porres, humilde hermano lego de la Orden de Santo Domingo, tú que fuiste modelo de caridad, paciencia y humildad en la vida cotidiana, acudo a ti con confianza para rogarte por mis necesidades. Tú que conociste el sufrimiento de la pobreza y la injusticia, intercede ante el Señor para que bendigas mis trabajos y me concedas la paz en mi hogar.
Ayúdame a vivir con alegría las pequeñas cosas de cada día, enseñándome a ver a Jesús en el rostro de cada persona que encuentro. Que tu ejemplo de humildad me libre de la vanidad y del orgullo, y que tu amor por el prójimo me impulse a ser generoso y compasivo con los que sufren.
Oh santo protector de los barberos y trabajadores de la salud, cuida de mi cuerpo y de mi familia. Consigue la gracia que tanto necesito en este momento, para que pueda superar mis pruebas con la fortaleza de tu espíritu. Amén.
Novena y otras devociones
La novena a san martin de porres es una de las devociones más efectivas y antiguas practicadas por los católicos de la región. Se trata de un rezo de nueve días consecutivos que se realiza con la intención de pedir un favor espiritual o material. Para rezar la novena, es recomendable comenzar el primer día nueve días antes de la fecha en que se desea recibir el favor, o bien, comenzar el 3 de noviembre, fecha de su muerte, y rezar hasta el 11 de noviembre. Sin embargo, se puede hacer en cualquier momento del año.
El rezo de la novena incluye una oración inicial, la lectura de un pasaje de la vida del santo, la oración de petición, una oración por los difuntos y la oración final. Se recomienda rezarla frente a una imagen del santo, encendiendo una vela blanca como símbolo de luz y pureza. Durante los nueve días, es importante practicar una obra de caridad diaria en honor a san martin. Esto puede ser desde ayudar a un vecino anciano, dar un alimento a un indigente, o simplemente orar con más devoción por alguien que nos cae mal. Esta práctica activa la gracia de la novena, conectando la petición con la acción.
Además de la novena, hay otras devociones que se pueden practicar. Una es llevar la medalla de san martin de porres, que se vende en muchas tiendas religiosas de México y Latinoamérica. Llevarla en el bolsillo o en el cuello actúa como un recordatorio constante de su presencia. Otra devoción popular es la de rezar un avemaría en honor a él cada vez que se pasa por un convento dominico o cuando se ve su imagen. También existe la devoción de ofrecer el trabajo diario en honor a su silencio y obediencia.
La novena se debe rezar con fe, sin duda de que Dios escuchará. Aunque el favor no llegue de la forma que esperamos, siempre llegará de la forma que es mejor para nuestra salvación. Es importante mantener un corazón abierto y agradecido, incluso antes de ver el milagro. La novena no es un trato, es un diálogo de amor con el santo. Se puede rezar en familia, lo cual es muy recomendable, especialmente los domingos, para pedir la protección de san martin sobre todos los miembros del hogar.
Es común que los devotos dejen un exvoto o una nota escrita en el altar del santo con sus peticiones. Estas notas se acumulan en los conventos y templos, creando un muro de fe que es una prueba poderosa de la intercesión de san martin. La Iglesia recomienda que, si se recibe un favor, se dé una limosna o se visite el templo para agradecer. La gratitud es el sello de la verdadera devoción. No se debe rezar la novena solo cuando se tiene un problema, sino como una forma de mantener la comunicación con el santo en tiempos de paz, para fortalecer la amistad espiritual.
Fecha litúrgica y cómo celebrarla en familia
La fiesta litúrgica de san martin de porres se celebra el 3 de noviembre de cada año. Esta fecha marca el día de su muerte en el cielo, en un año de 1639. Sin embargo, en muchas parroquias de México y Latinoamérica, la fiesta se traslada al domingo más cercano al 3 de noviembre para facilitar la participación de los fieles. La canonización de san martin de porres ocurrió el 6 de mayo de 1962, durante el pontificado de Juan XXIII. Fue el primer santo de la raza negra y mestiza en ser canonizado por la Iglesia Católica, lo que le dio un significado especial para todo el continente americano y para los pueblos de África.
Para celebrar la fecha en familia, lo primero es preparar el ambiente. Se puede decorar el altar de la casa con flores blancas, velas y una imagen de san martin de porres. Es importante que los niños participen en la preparación, pintando cuadros del santo o escribiendo cartas de agradecimiento a Dios. En la cena de ese día, se puede compartir un plato sencillo, recordando que Martín vivía en la pobreza y comía lo que tenía. Esto enseña a los hijos el valor de la gratitud y la sencillez.
Durante el día, se puede asistir a una misa especial en honor al santo. En esta misa, el sacerdote debe predicar sobre la vida de Martín, destacando su humildad y su caridad. Es bueno llevar ofrendas para los pobres, como ropa, alimentos o juguetes para niños, y entregarlos en nombre de san martin. Esto convierte la fiesta en una acción de justicia social, que es lo que él más hubiera deseado.
En la noche, se puede hacer una reunión familiar donde cada miembro de la familia comparta un momento de su vida donde sintió la ayuda de Dios, y lo atribuya a la intercesión de san martin. Se puede encender una vela grande en el centro de la mesa y rezar la oración de san martin en voz alta todos juntos. Si es posible, se puede tocar música religiosa o cantos al santo. La celebración no necesita ser costosa, sino espiritual. Lo importante es que la familia se una en la fe y recuerde que san martin de porres es su compañero y protector en la vida diaria.
Testimonios de devotos
Uno de los testimonios más conmovedores proviene de una señora de Guadalajara, México, llamada María González. María estaba pasando por una crisis de salud muy grave, con un diagnóstico reservado por los médicos. Su familia estaba desconsolada y no sabían qué hacer. En un momento de desesperación, María encontró una imagen de san martin de porres en una tienda. La compró y la puso en su mesita de noche, rezando a todo lo que podía. Durante tres días, no comió ni durmió, solo rezando. En la noche del tercer día, soñó que san martin le decía que no se preocupara. Al despertar, estaba sintiendo un alivio total, y los exámenes médicos posteriores mostraron que la enfermedad había desaparecido por completo. María dice que desde entonces, nunca ha dejado de rezar al santo y que su sanación fue la prueba más clara de su amor.
Otro testimonio viene de un joven barbero en la Ciudad de México, llamado Carlos. Carlos trabajaba en un barrio muy difícil, donde la gente tenía muchos problemas de violencia y drogas. Él sentía que no podía ayudar a nadie con su trabajo. Un día, se encontró con que un vecino no tenía dinero para comer. Carlos le ofreció comida y le dijo que le pidiera a san martin de porres que lo ayudara con su trabajo. Desde ese día, Carlos comenzó a dar parte de sus ganancias a los necesitados. Su negocio creció, no por un milagro mágico, sino por la reputación de bondad que ganó en el barrio. Él dice que san martin de porres lo inspiró a ver el trabajo de barbero no como un oficio, sino como una vocación de servicio.
Un tercer testimonio es de una familia en Lima, Perú, que vivía en un departamento pequeño y con muchas deudas. El padre perdió su trabajo y la familia no tenía qué comer. Una tarde, el hijo menor, que solo tenía 7 años, tomó una foto de una imagen de san martin y la pegó en la nevera. Todos rezaron una novena al santo. Al terminar la novena, el padre recibió una llamada de un antiguo jefe que lo necesitaba urgentemente para un trabajo temporal, pero que resultó ser permanente y mejor pagado. La familia dice que san martin de porres les dio la solución cuando ellos ya no tenían recursos. Hoy en día, la familia pasa el 3 de noviembre en la iglesia, dando las gracias y compartiendo con los pobres.
Equipo editorial
Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.
Conoce al equipo →Artículos Relacionados
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es la fecha de la fiesta de san martin de porres?▼
¿Qué problemas puedo pedirle a san martin de porres?▼
¿Cómo se reza la novena a san martin de porres?▼
¿Por qué es tan famoso san martin de porres en Latinoamérica?▼
¿Qué simboliza san martin de porres en México?▼
Comentarios
¿Tienes una experiencia o duda sobre este tema? Compártela con la comunidad.







