Evangelio del 26 de marzo de 2027
Viernes Santo de la Pasión del Señor
Lecturas de la misa del 26 de marzo
- Primera lecturaIsaίas 52, 13–53, 12
- Salmo ResponsorialSalmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25
- Segunda lecturaHebreos 4, 14-16; 5, 7-9
- EvangelioJuan 18, 1–19, 42
Evangelio según san Juan
Juan 18, 1–19, 42
1Como Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesús y sus discípulos. 2Y también Judas, el que le entregaba, sabía aquel lugar; porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos. 3Judas pues tomando una compañía, y ministros de los pontífices y de los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas. 4Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre él, salió delante, y díjoles: ¿A quién buscáis?
5Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús: Yo soy. (Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.) 6Y como les dijo, Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra. 7Volvióles, pues, a preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno. 8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy: pues si a mí buscáis, dejad ir a éstos.
9Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí. 10Entonces Simón Pedro, que tenía espada, sacóla, e hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber? 12Entonces la compañía y el tribuno, y los ministros de los Judíos, prendieron a Jesús y le ataron, 13Y lleváronle primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año.
14Y era Caifás el que había dado el consejo a los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo. 15Y seguía a Jesús Simón Pedro, y otro discípulo. Y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesús al atrio del pontífice; 16Mas Pedro estaba fuera a la puerta. Y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló a la portera, y metió dentro a Pedro. 17Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy.
18Y estaban en pie los siervos y los ministros que habían allegado las ascuas; porque hacía frío, y calentábanse: y estaba también con ellos Pedro en pie, calentándose. 19Y el pontífice preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos, y nada he hablado en oculto. 21¿Qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado: he aquí, ésos saben lo que yo he dicho.
22Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? 23Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres? 24Y Anás le había enviado atado a Caifás pontífice. 25Estaba pues Pedro en pie calentándose. Y dijéronle: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.
26Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, [le] dice: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó. 28Y llevaron a Jesús de Caifás al pretorio: y era por la mañana: y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua. 29Entonces salió Pilato a ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
30Respondieron y dijéronle: Si éste no fuera malhechor, no te le habríamos entregado. 31Díceles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar a nadie: 32Para que se cumpliese el dicho de Jesús, que había dicho, dando a entender de qué muerte había de morir. 33Así que, Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?
34Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han entregado a mí: ¿qué has hecho? 36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los Judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí. 37Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.
38Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra vez a los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él ningún crimen. 39Empero vosotros tenéis costumbre, que os suelte uno en la Pascua: ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos? 40Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón. 1Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
2Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron[la] sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana; 3Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas. 4Entonces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en él. 5Y salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Y díceles [Pilato]: He aquí el hombre.
6Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen. 7Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios. 8Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo. 9Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
10Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? 11Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado de arriba: por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, a César contradice. 13Entonces Pilato, oyendo este dicho, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebreo Gabbatha.
14Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo a los Judíos: He aquí vuestro Rey. 15Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino a César. 16Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y le llevaron. 17Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19Y escribió también Pilato un título, que puso encima de la cruz. Y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS. 20Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesús era cerca de la ciudad: y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latín. 21Y decían a Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos: sino, que él dijo: Rey soy de los Judíos. 22Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23Y como los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la túnica; mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. 24Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto. 25Y estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María [mujer] de Cleofas, y María Magdalena. 26Y como vio Jesús a la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
27Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo. 28Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo. 29Y estaba [allí] un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada a un hisopo, se la llegaron a la boca. 30Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dio el espíritu.
31Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera [de la Pascua], para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del sábado, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados. 32Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33Mas cuando vinieron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas: 34Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua.
35Y el que [lo] vio, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. 36Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él. 37Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. 38Después de estas cosas, José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto por miedo de los Judíos, rogó a Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jesús: y permitióselo Pilato. Entonces vino, y quitó el cuerpo de Jesús.
39Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40Tomaron pues el cuerpo de Jesús, y envolviéronlo en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar. 41Y en aquel lugar donde había sido crucificado, había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto ninguno. 42Allí, pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
Texto: Reina-Valera 1909 (dominio público), con la ortografía actualizada. En la misa se proclama la traducción litúrgica aprobada en cada país.
Para rezar este Evangelio
El 26 de marzo, viernes Santo de la Pasión del Señor, la Iglesia lee el pasaje de Juan 18, 1–19, 42. Estamos en Semana Santa, los días más importantes del año para un cristiano. Los Evangelios acompañan a Jesús en su entrada en Jerusalén, en la Última Cena, en su pasión y su muerte en la cruz, hasta la noche de la Resurrección.
San Juan escribe el más reflexivo de los cuatro Evangelios. Más que muchos milagros, cuenta algunos «signos» y los explica con largos discursos de Jesús, como los del «Yo soy»: el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor.
Cuatro pasos, unos diez minutos
- 1
Leer. Lee el Evangelio despacio, mejor dos veces. La segunda, en voz baja. Fíjate en quién habla, a quién y qué pasa.
- 2
Meditar. Quédate con una frase o un gesto de Jesús que te haya llamado la atención. Pregúntate qué te dice a ti, hoy, en lo que estás viviendo.
- 3
Orar. Háblale a Dios de lo que has leído: dale gracias, pídele perdón o pídele ayuda. Con tus palabras, sin fórmulas.
- 4
Contemplar y actuar. Quédate un momento en silencio. Antes de terminar, elige una cosa concreta que puedas hacer hoy a la luz de este Evangelio.
Tres preguntas para llevarte el Evangelio a lo largo del día: ¿qué palabra o qué gesto de Jesús me ha llamado la atención? ¿Qué me pide hoy, en concreto? ¿Por quién voy a rezar con este texto?

Santo del 26 de marzo
El 26 de marzo la Iglesia celebra a San Braulio de Zaragoza.
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Más para rezar hoy
Preguntas frecuentes sobre el Evangelio del día
¿Qué es el Evangelio de hoy?
Es el pasaje de los Evangelios que la Iglesia católica proclama en la misa de ese día. Las lecturas de cada día están fijadas en el Leccionario, el libro litúrgico que reparte la Biblia a lo largo del año, de modo que todos los católicos del mundo escuchan prácticamente las mismas lecturas el mismo día.
¿Por qué cambian las lecturas cada día?
Los domingos siguen un ciclo de tres años: en el ciclo A se lee sobre todo a san Mateo, en el B a san Marcos y en el C a san Lucas; san Juan aparece en los tiempos fuertes. Entre semana, la primera lectura cambia según el año sea par o impar, y el Evangelio se repite cada año. Así, en tres años se recorre una parte muy grande de la Biblia.
¿Es el mismo Evangelio en todos los países?
Casi siempre. Las diferencias vienen de los calendarios de cada país: en México, Estados Unidos y buena parte de América Latina la Epifanía, la Ascensión y el Corpus Christi se celebran en domingo, mientras que en otros lugares, como en España con la Epifanía, se mantienen en su día. También cambian las fiestas patronales, como la Virgen de Guadalupe en México. Aquí seguimos el calendario de México y Estados Unidos.
¿Qué traducción de la Biblia usan?
Las citas son las del Leccionario de la misa. El texto que mostramos es el de la Reina-Valera de 1909, una traducción clásica que es de dominio público, con la ortografía actualizada. En la misa se proclama la traducción litúrgica aprobada por la conferencia episcopal de cada país, así que algunas palabras pueden ser distintas aunque el pasaje sea el mismo.
Del 29 de noviembre de 2026 al 27 de noviembre de 2027 los domingos se leen del ciclo B y las ferias, del año I.