Novena a la Medalla Milagrosa 2026: 9 Días y Oraciones
Reza la novena a la Medalla Milagrosa del miércoles 18 al jueves 26 de noviembre de 2026, para su fiesta del viernes 27. Meditación diaria y oraciones.

Índice del artículo
Novena a la Medalla Milagrosa: nueve días hacia el 27 de noviembre
La novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa se reza del miércoles 18 al jueves 26 de noviembre de 2026. La fiesta cae el viernes 27, el mismo día en que, en 1830, una novicia de veinticuatro años vio en una capilla de París el modelo de la medalla que hoy lleva al cuello gente de todo el mundo. Es una novena de cosas pequeñas: una medalla de unos pocos gramos, una monja que se pasó la vida entre una cocina y una sala de ancianos, y una oración de doce palabras.
Cuándo se reza la novena a la Medalla Milagrosa en 2026
| Día | Fecha | Se medita |
|---|---|---|
| Día 1 | miércoles 18 de noviembre | Una novicia a la que nadie conocía |
| Día 2 | jueves 19 de noviembre | Al pie del altar |
| Día 3 | viernes 20 de noviembre | Sin pecado concebida |
| Día 4 | sábado 21 de noviembre | El mundo entero y cada persona |
| Día 5 | domingo 22 de noviembre | La serpiente bajo sus pies |
| Día 6 | lunes 23 de noviembre | Las gracias que nadie pide |
| Día 7 | martes 24 de noviembre | La M y la cruz |
| Día 8 | miércoles 25 de noviembre | Los dos corazones |
| Día 9 | jueves 26 de noviembre | Las doce estrellas y la vida escondida |
La fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa es el viernes 27 de noviembre de 2026. Si empiezas tarde, no la dejes: reza el día que te toca y recupera el que falta cuando puedas. Y la novena se puede rezar en cualquier época del año.
Esta semana trae dos coincidencias: el sábado 21 es la Presentación de la Virgen y el domingo 22, la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el último domingo antes del Adviento.
Qué pasó en la rue du Bac en 1830
Quién era Catalina Labouré
Catalina Labouré nació el 2 de mayo de 1806 en Fain-lès-Moutiers, un pueblo de Borgoña. Su madre murió en 1815, cuando ella tenía nueve años. La biografía que difunde la capilla de París cuenta que la niña se subió a una silla, abrazó una imagen de la Virgen y le dijo: «Ahora tú serás mi madre».
En 1830 entró en las Hijas de la Caridad, la congregación de san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, y esa primavera llegó al noviciado de la casa madre, en el número 140 de la rue du Bac, en París.
La noche del 18 de julio
A las once y media de la noche del 18 de julio de 1830, víspera de la fiesta de san Vicente de Paúl, un niño apareció a los pies de la cama de Catalina y le dijo: «La Santísima Virgen te espera». La acompañó hasta la capilla, y allí, junto al sillón del sacerdote, Catalina vio a la Virgen sentada.
Según su relato, la Virgen le habló largo rato, le anunció una misión difícil y le señaló el altar con el sagrario: allí se derramarían las gracias sobre todos los que las pidieran con confianza y fervor.
La tarde del 27 de noviembre
El 27 de noviembre de 1830, a las cinco y media de la tarde, durante la oración de las novicias, Catalina vio de nuevo a la Virgen, de pie sobre medio globo y pisando una serpiente.
Primero sostenía un globo de oro coronado por una cruz, y Catalina oyó: «Esta bola representa al mundo entero, a Francia y a cada persona en particular». Después, de los anillos de sus dedos salieron rayos de luz: «Estos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden».
Alrededor se formó un óvalo con letras de oro: «Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos». Una voz le encargó hacer acuñar una medalla según aquel modelo: quienes la llevaran con confianza recibirían grandes gracias. Luego el cuadro giró y Catalina vio el reverso: la inicial de María coronada por una cruz y, debajo, dos corazones, uno rodeado de espinas y otro atravesado por una espada.
Un detalle que suele pasarse por alto: no todas las piedras de los anillos despedían rayos. Según Catalina, las apagadas eran las gracias que la gente se olvida de pedir.
Diciembre, y cuarenta y seis años de silencio
En diciembre de 1830 la Virgen se le apareció por última vez y le dijo que ya no volvería a verla. Su confesor, el padre Aladel, al principio le pidió que dejara de darle vueltas a aquellas «imaginaciones». Con el tiempo llevó el asunto al arzobispo de París, monseñor de Quélen, sin revelar quién era la vidente. Con su aprobación, el 30 de junio de 1832 se acuñaron las primeras medallas.
Catalina, mientras tanto, fue destinada en 1831 al hospicio de Enghien, en Reuilly, un barrio pobre de París: la cocina, la lavandería, los ancianos, la portería. Sirvió a los pobres cuarenta y seis años y solo poco antes de morir contó que la novicia de la medalla había sido ella. Murió el 31 de diciembre de 1876. Pío XI la beatificó en 1933 y Pío XII la canonizó el 27 de julio de 1947. Sus restos reposan en la capilla de la rue du Bac.
Cómo es la medalla, por delante y por detrás
El anverso:
- La Virgen, de pie sobre medio globo, aplasta con el pie la cabeza de una serpiente.
- Tiene las manos abiertas hacia abajo, y de sus anillos caen rayos de luz sobre la tierra.
- Alrededor, en óvalo, la jaculatoria: «Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos».
- Abajo, el año 1830.
El reverso:
- Una M grande, la inicial de María, con una cruz encima apoyada en una barra.
- Debajo, dos corazones: el de Jesús, rodeado por una corona de espinas, y el de María, atravesado por una espada.
- Alrededor, doce estrellas.
Nada de esto es adorno. La serpiente remite al Génesis (Gn 3,15). Las doce estrellas recuerdan a la mujer del Apocalipsis (Ap 12,1), y la capilla de París las explica también como los doce apóstoles, es decir, la Iglesia. La espada es la profecía de Simeón (Lc 2,35). La M unida a la cruz es María junto a la cruz de su Hijo (Jn 19,25).
Por qué se llama «milagrosa»
Nadie la bautizó así por decreto. En 1832, el año en que se acuñaron las primeras, París sufría una fuerte epidemia de cólera. Las Hijas de la Caridad empezaron a repartir la medalla y pronto se habló de curaciones, de protecciones y de conversiones. Fue la gente de París la que empezó a llamarla «la medalla milagrosa», y el nombre se quedó.
Aquí no vas a encontrar listas de milagros con nombres y fechas. Muchas de las historias que circulan no se pueden comprobar, y la devoción no las necesita.
Lo que la Iglesia dice y lo que no
Las apariciones de la rue du Bac son lo que la Iglesia llama una revelación privada. El Catecismo lo explica: estas revelaciones no pertenecen al depósito de la fe ni completan la revelación de Cristo; su papel es ayudar a vivirla mejor en una época concreta (CIC 67). Ningún católico está obligado a creer en ellas.
Lo que sí hay es una larga aprobación eclesial. El arzobispo de París autorizó la medalla. León XIII aprobó en 1894 una fiesta con misa y oficio propios para el 27 de noviembre, concedida a los paúles (la Congregación de la Misión); hoy la celebran la Familia Vicenciana y muchas parroquias. Y Pío XII canonizó a Catalina en 1947. La canonización reconoce la santidad de su vida, sus años entre ollas, sábanas y ancianos; no convierte en dogma lo que vio.
La medalla, además, no es un amuleto. Es un sacramental: por la oración de la Iglesia, prepara a recibir la gracia, pero no la produce por sí sola (CIC 1670). Atribuir la eficacia a la sola materialidad de un objeto es lo que el Catecismo llama superstición (CIC 2111). La propia aparición lo pone en su sitio: grandes gracias para quienes la lleven con confianza. Lo que cuenta es la confianza; la medalla la recuerda.
Qué se pide en esta novena
Es la novena natural de quien tiene una medalla milagrosa de la abuela en un cajón, o colgada del cuello desde la primera comunión, y nunca se ha parado a mirarla. Nueve días dan para aprender a leerla.
Sirve para pedir por los enfermos. La medalla se hizo conocida en plena epidemia y sigue entrando en muchas habitaciones de hospital. Se puede llevar una medalla bendecida a un enfermo sin prometerle nada: no se trata de obligar a Dios, sino de poner a esa persona en sus manos.
Sirve para pedir por los que se han alejado: el hijo que dejó de ir a misa, la hermana que ya no cree. La jaculatoria habla de «los que recurrimos a vos»; esta novena pide también por los que todavía no recurren.
Sirve para lo que se te olvida pedir. Y para los que sirven sin que nadie lo vea: cuidadores, auxiliares de residencia, la vecina que lleva años con su madre enferma. Catalina fue una de ellos.
No es una novena de promesas. La Virgen de la rue du Bac no prometió que nunca pasaría nada malo a quien llevara la medalla. Habló de gracias para quien la llevara con confianza. Es la novena de quien quiere aprender a pedir.
Cómo se reza esta novena
Esta novena la hemos preparado en ReligionHoy para 2026. Hay muchas otras en uso, todas válidas; el único texto que procede de la aparición es la jaculatoria. Si quieres repasar los fundamentos, tienes la guía sobre qué es una novena y cómo se reza.
Cada día, el mismo esquema:
- Señal de la cruz.
- Oración inicial (la misma los nueve días).
- Meditación del día.
- La jaculatoria, tres veces.
- Petición propia.
- Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
- Oración final (la misma los nueve días).
Oración inicial:
Virgen María, sin pecado concebida, que en una capilla de París pediste una medalla para recordarnos que eres nuestra madre: aquí me tienes al empezar este día de la novena. Enséñame a pedir con confianza, a no olvidar lo que necesito y a no apartarme nunca de tu Hijo. Pongo en tus manos la intención que traigo y a las personas que llevo en el corazón. Amén.
Jaculatoria (tres veces):
Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos.
Oración final:
Madre de la Medalla Milagrosa, que derramas tus gracias sobre quienes te las piden, no dejes que me vaya sin pedírtelas. Que la cruz y los dos corazones de tu medalla me recuerden cada día que el amor verdadero pasa por la entrega. Guarda a mi familia, acompaña a los enfermos, sal al encuentro de los que se han alejado y haz de mí un servidor de los pobres, como lo fue santa Catalina. Amén.
Los nueve días
Día 1 — miércoles 18 de noviembre: Una novicia a la que nadie conocía
Dios no eligió a una superiora ni a una religiosa conocida. Eligió a una novicia recién llegada de un pueblo de Borgoña, que no destacaba en nada. Y después de verla, Catalina no se convirtió en una celebridad: desapareció en un asilo de un barrio pobre.
Es el estilo de Dios. «Lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso» (1 Cor 1,27). La Virgen misma lo había cantado: «porque ha mirado la humildad de su esclava» (Lc 1,48).
Catalina estaba rezando cuando la Virgen se le apareció. No hizo nada extraordinario para merecerlo: estaba donde tenía que estar. No hace falta ser especial para que Dios cuente contigo. Hace falta estar disponible.
Hoy te pido la gracia de creer que cuentas conmigo tal como soy, y de estar disponible aunque nadie se fije en mí.
Día 2 — jueves 19 de noviembre: Al pie del altar
En la primera aparición, la de julio, la Virgen no habló de medallas. Señaló el sagrario y dijo que allí se derramarían las gracias. Antes de la medalla, el altar. Antes del objeto, la presencia de su Hijo.
El orden importa. María nunca quiso que la devoción se quedara en ella. En Caná lo resumió en una frase: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Una medalla que no lleva a misa, a la confesión o al sagrario se ha quedado a medio camino.
Si puedes, entra hoy unos minutos en una iglesia y ponte delante del sagrario. No hace falta decir mucho. Aquella noche de julio, Catalina sobre todo escuchó.
Hoy te pido la gracia de volver al altar, y de que mi devoción a tu Madre me lleve siempre a ti.
Día 3 — viernes 20 de noviembre: Sin pecado concebida
La medalla decía «sin pecado concebida» en 1830. Pío IX no proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción hasta el 8 de diciembre de 1854. Durante veinticuatro años, aquella medalla fue de mano en mano diciendo algo que la Iglesia aún no había definido, pero que el pueblo cristiano creía desde hacía siglos.
¿Qué significa? Que María, por una gracia singular de Dios y en atención a los méritos de Cristo, fue preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción (CIC 491). No es que no necesitara ser salvada: fue salvada antes, y del todo.
Lo que en ella se dio desde el principio, en nosotros es un camino. Por eso la jaculatoria no termina en ella, sino en nosotros: «rogad por nosotros».
Hoy te pido un corazón limpio, y la confianza de que tu misericordia puede rehacer lo que yo he estropeado.
Día 4 — sábado 21 de noviembre: El mundo entero y cada persona
Hoy la Iglesia celebra la Presentación de la Virgen en el Templo; si has rezado también la novena a la Presentación, hoy es su fiesta.
En la aparición de noviembre, antes de los rayos, Catalina vio a la Virgen con un globo de oro entre las manos y oyó que representaba al mundo entero, a Francia y a cada persona en particular. Fíjate en el orden: el mundo, un país concreto y, al final, cada uno. Nadie se le escapa, ni siquiera quien no pisa una iglesia desde hace años.
«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito» (Jn 3,16). El amor de Dios es universal y personal a la vez. Hoy reza por un país que esté sufriendo y por una persona concreta que te cueste.
Hoy te pido por el mundo entero y por esa persona que me cuesta, y la gracia de no dar a nadie por perdido.
Día 5 — domingo 22 de noviembre: La serpiente bajo sus pies
Hoy es la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, y la imagen del día encaja: en la medalla, la Virgen pisa la cabeza de una serpiente. Si has rezado la novena a Cristo Rey, hoy es también su fiesta.
Es la escena del Génesis. Después del pecado, Dios le dice a la serpiente: «Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón» (Gn 3,15). La tradición cristiana ha leído ahí el primer anuncio de la victoria de Cristo, con María unida a ella.
La victoria no es de María por su cuenta. Es de su Hijo, el Rey que reina desde una cruz. Y eso vale para ti: el mal no tiene la última palabra en tu vida, aunque hoy te lo parezca. «Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20).
Hoy te pido que no me rinda ante el mal que veo en mí y a mi alrededor, y que confíe en que tu Hijo ya lo ha vencido.
Día 6 — lunes 23 de noviembre: Las gracias que nadie pide
De los anillos de la Virgen salían rayos, símbolo de las gracias que derrama sobre quienes se las piden. Pero algunas piedras no brillaban: eran, según Catalina, las gracias que la gente se olvida de pedir.
Es una de las ideas más fuertes de esta devoción. Hay gracias que se quedan sin repartir porque nadie las pide: no por tacañería de Dios, sino por falta de confianza nuestra.
La carta de Santiago lo dice sin rodeos: «No tenéis, porque no pedís» (St 4,2). Y Jesús insiste: «Pedid y se os dará» (Mt 7,7). A menudo pedimos lo urgente y olvidamos lo importante: la paciencia, la paz en casa, el perdón que no somos capaces de dar, la fe de un hijo.
Hoy escribe en un papel lo que nunca pides porque te parece imposible o te da vergüenza. Y pídelo.
Hoy te pido lo que nunca me atrevo a pedirte, y la gracia de no dejar ninguna piedra apagada por no haber abierto la boca.
Día 7 — martes 24 de noviembre: La M y la cruz
En el reverso, la M de María sostiene una cruz. No están una al lado de la otra: están unidas.
El Evangelio lo cuenta así: «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre...» (Jn 19,25). María no estuvo allí de paso. Estuvo hasta el final, cuando casi todos se habían ido. Y desde la cruz, Jesús se la dio como madre al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27).
Quien lleva la medalla lleva esa escena colgada del cuello. La fe no promete una vida sin cruces, sino compañía en ellas. María no le quitó la cruz a su Hijo; se quedó con Él.
Piensa en alguien que esté ahora junto a una cruz: un enfermo, una madre con un hijo en problemas, alguien que se ha quedado sin trabajo. Reza por esa persona y, si puedes, llámala hoy.
Hoy te pido la gracia de quedarme junto a la cruz de los que quiero, como tu Madre, sin huir cuando se pone difícil.
Día 8 — miércoles 25 de noviembre: Los dos corazones
Debajo de la M hay dos corazones: uno rodeado de espinas, el de Jesús; otro atravesado por una espada, el de María. Cuando Jesús era un recién nacido, el anciano Simeón ya se lo anunció a su madre en el Templo: «y a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2,35).
Los dos corazones están juntos porque el amor de María por su Hijo la hizo sufrir con Él. Quien ama, sufre con lo que ama, y la medalla no lo esconde: tiene espinas y una espada.
Precisamente por eso consuela. Quien sufre puede mirarla y saber que Dios conoce el dolor desde dentro, y que su Madre también. Nadie te pide que finjas que no te duele.
Hoy te pido por los que tienen el corazón atravesado por una pena, y la gracia de seguir amando aunque duela.
Día 9 — jueves 26 de noviembre: Las doce estrellas y la vida escondida
Rodeando el reverso hay doce estrellas. Recuerdan a la mujer del Apocalipsis: «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1).
Es el último día, y merece la pena mirar a quien recibió la medalla. Después de 1830, Catalina pasó cuarenta y seis años en Reuilly, entre la cocina, la lavandería, la portería y los ancianos. Mientras la medalla se extendía por el mundo, ella seguía con sus pobres sin decir a nadie quién era.
Esa es la corona que de verdad importa: una vida gastada en servir. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Mañana es la fiesta. Cierra hoy la novena con un servicio que nadie vaya a ver.
Hoy te pido la gracia de servir sin que se note, y de que mi vida, como la de santa Catalina, hable de ti más que de mí.
El viernes 27 de noviembre, día de la fiesta
Si puedes, ve a misa. En las casas y parroquias de la Familia Vicenciana, paúles e Hijas de la Caridad, es una fiesta grande. Si tienes una medalla sin bendecir, pide a un sacerdote que la bendiga al terminar. Y si tienes otra, regálala: la medalla se extendió así, de mano en mano.
Al día siguiente, el sábado 28, la Familia Vicenciana celebra la memoria de santa Catalina Labouré. Y el domingo 29 empieza el Adviento, camino de la Inmaculada del 8 de diciembre: la fiesta de lo que dice la medalla. Si quieres seguir, la continuación natural es la novena a la Inmaculada Concepción, y aquí te contamos qué se celebra el 8 de diciembre.
Para los días normales del año tienes también la oración a la Virgen Milagrosa para pedir un favor, y el rosario, el compañero natural de cualquier devoción mariana: aquí explicamos cómo rezar el rosario completo paso a paso.
Marca los días
- Día 1 — miércoles 18 de noviembre
- Día 2 — jueves 19 de noviembre
- Día 3 — viernes 20 de noviembre
- Día 4 — sábado 21 de noviembre
- Día 5 — domingo 22 de noviembre
- Día 6 — lunes 23 de noviembre
- Día 7 — martes 24 de noviembre
- Día 8 — miércoles 25 de noviembre
- Día 9 — jueves 26 de noviembre
Rezarla en familia o con niños
Esta novena tiene una ventaja con niños: se puede tocar. Dale a cada uno una medalla y miradla juntos por las dos caras. Del día 4 al 9, cada meditación habla de una parte de la medalla, así que el juego sale solo: ¿dónde está la serpiente?, ¿cuántas estrellas hay?, ¿de quién es el corazón con espinas?
La jaculatoria es corta y se aprende enseguida. Que la diga el niño en voz alta, y que lea él la petición si ya sabe leer.
Cuéntales la historia de Catalina sin adornos: una chica de pueblo que se quedó sin madre a los nueve años, le pidió a la Virgen que lo fuera ella y de mayor pasó la vida cuidando ancianos. No hace falta añadir milagros que nadie puede comprobar.
No la conviertas en castigo. Si un día se retrasa, se retrasa. Las casillas de «Marca los días» ayudan: nueve noches, nueve casillas, una cuenta atrás hasta la fiesta. Lo que se queda de una novena en casa no suele ser la explicación, sino el gesto: que en casa se paraba a rezar.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se reza la novena a la Medalla Milagrosa en 2026?
Del miércoles 18 al jueves 26 de noviembre de 2026. La fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa es el viernes 27 de noviembre, aniversario de la aparición de 1830 en la que Catalina Labouré recibió el modelo de la medalla.
¿Qué dice la inscripción de la Medalla Milagrosa?
«Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos». Rodea la figura de la Virgen en el anverso, con el año 1830 debajo, veinticuatro años antes de que Pío IX definiera el dogma de la Inmaculada Concepción.
¿Hay que creer en las apariciones de la rue du Bac?
No es obligatorio. Son una revelación privada, y el Catecismo recuerda que estas revelaciones no forman parte del depósito de la fe (CIC 67). La Iglesia sí aprobó la medalla, León XIII aprobó su fiesta en 1894 y Pío XII canonizó a santa Catalina Labouré en 1947.
¿La medalla protege por sí misma?
No. Es un sacramental, no un amuleto: dispone a recibir la gracia, pero no la produce por sí sola (CIC 1670). Lo que cuenta es la confianza con la que se lleva y la vida de fe que la acompaña.
¿Tiene que estar bendecida?
Es costumbre pedir a un sacerdote que la bendiga antes de empezar a llevarla. Se hace en unos segundos, por ejemplo al terminar la misa.
¿Qué pasa si me salto un día?
Se sigue. Reza el día que te toca y recupera el que faltó cuando puedas. La novena no es un contrato con Dios; es una ayuda para rezar con constancia.
Equipo editorial
Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.
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Preguntas Frecuentes
¿Cuándo se reza la novena a la Medalla Milagrosa en 2026?▼
¿Por qué la fiesta de la Medalla Milagrosa es el 27 de noviembre?▼
¿Qué dice la jaculatoria de la Medalla Milagrosa?▼
¿Quién fue santa Catalina Labouré?▼
¿Es obligatorio creer en las apariciones de la Medalla Milagrosa?▼
¿La Medalla Milagrosa es un amuleto?▼
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