Novena al Señor de los Milagros: los 9 días completos
La novena al Señor de los Milagros completa, día a día, para rezar del 9 al 17 de octubre. Oraciones, meditaciones y la historia del Cristo de Pachacamilla.

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Novena al Señor de los Milagros: los 9 días completos para el 18 de octubre
Cada octubre, muchísima gente vuelve los ojos hacia una imagen que guarda siglos de silencio, fe y resistencia. Se trata del Señor de los Milagros, un Cristo crucificado que mira desde un antiguo muro de adobe en Lima, Perú, con una ternura que atraviesa fronteras y generaciones. Para muchos, especialmente para los peruanos que viven lejos de su tierra, rezarle es una manera de sentirse en casa. Es encontrar en medio del exilio espiritual o geográfico un punto fijo al que aferrarse. Esta imagen, conocida también como Cristo de Pachacamilla o Cristo Moreno, no es un amuleto ni una fórmula mágica; es un rostro de Dios que acompaña, que escucha y que permanece cuando todo a nuestro alrededor parece derrumbarse.
La novena al Señor de los Milagros es un camino de oración que se abre durante nueve días para preparar el corazón ante su fiesta principal. No se trata de una negociación con lo divino ni de una promesa de que todo cambiará de la noche a la mañana. Es, sobre todo, un ejercicio de confianza. Como aquel muro que resistió cuando las casas caían, quien reza esta novena busca aprender a mantenerse en pie interiormente. Es una invitación a detener el ritmo frenético de la vida, a mirar la cruz y a descubrir que, en medio de la fragilidad humana, hay una presencia que no se abandona. Tanto si eres devoto de toda la vida como si te acercas por primera vez a esta devoción, estos días de oración quieren ser un espacio sereno para hablar con Dios, para pedir por los que amamos y para reconocer que, en la debilidad, también habita la gracia.
Cuándo se reza la novena al Señor de los Milagros
La fecha central de esta devoción es el 18 de octubre. Ese día, Lima y tantas otras ciudades del mundo donde viven comunidades peruanas viven un momento de intensa oración y celebración. Sin embargo, la preparación comienza antes. La novena se reza durante los nueve días previos, es decir, desde el 9 hasta el 17 de octubre inclusive. Esos nueve días forman un tiempo de gracia en el que el creyente puede ordenar su vida interior, revisar sus prioridades y acercarse con humildad al encuentro con el Cristo Moreno.
Además del 18 de octubre, las procesiones principales tienen lugar los días 19 y 28 del mismo mes, así como el 1 de noviembre. Pero el 18 de octubre sigue siendo el eje de todo: es la jornada que da sentido a la novena y la que marca el corazón del llamado Mes Morado. Durante estos nueve días, muchos devotos buscan un rato de silencio, ya sea en una iglesia, en su casa o incluso en su lugar de trabajo, para entregar al Señor de los Milagros las intenciones que cargan.
| Día | Fecha |
|---|---|
| 1 | 9 de octubre |
| 2 | 10 de octubre |
| 3 | 11 de octubre |
| 4 | 12 de octubre |
| 5 | 13 de octubre |
| 6 | 14 de octubre |
| 7 | 15 de octubre |
| 8 | 16 de octubre |
| 9 | 17 de octubre |
Rezar la novena no exige grandes gestos externos, sino la constancia de quien sabe que la oración cotidiana transforma. Esos nueve días son una pequeña peregrinación interior que culmina cuando la Iglesia celebra con especial intensidad a esta imagen que, desde el siglo XVII, no ha dejado de interpelar a cuantos la miran. Si es la primera novena que rezas, puede ayudarte leer antes qué es una novena y cómo se reza.
La historia del Cristo de Pachacamilla
La historia del Señor de los Milagros comienza en la humildad más absoluta. Durante la segunda mitad del siglo XVII, en el barrio de Pachacamilla, en las afueras de Lima, un esclavo de origen angoleño —cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros— tomó pinceles y pintó sobre un muro de adobe la figura de Cristo crucificado. No lo hizo sobre lienzo ni en un templo; lo hizo en una pared de barro, en un lugar modesto, probablemente sin imaginar que aquella imagen perduraría mucho más que las construcciones de piedra y cal que la rodeaban.
En 1655, un devastador terremoto sacudió Lima. Las casas cayeron, los muros se desplomaron y el caos se apoderó de la ciudad. Sin embargo, cuando todo se calmó, los habitantes descubrieron que aquel muro de adobe con la pintura del Crucificado seguía en pie, intacto entre los escombros. La sorpresa se repitió en 1687, cuando otro gran terremoto volvió a poner a prueba la resistencia de la ciudad. De nuevo, la imagen permaneció. Fue a partir de esos acontecimientos cuando comenzó a gestarse la devoción que, con el tiempo, se extendería por todo el Perú y más allá de sus fronteras.
Con los años, aquel lugar de Pachacamilla encontró su centro en la iglesia de las Nazarenas, en el corazón de Lima, que hoy es el santuario del Señor de los Milagros. Allí reside la imagen original, objeto de la veneración de generaciones. El Cristo de Pachacamilla, llamado también Cristo Moreno por el tono oscuro de su rostro, se convirtió en un símbolo de permanencia divina en medio de la fragilidad humana.
Octubre es conocido en Perú como el Mes Morado. Durante estas semanas, los devotos visten un hábito morado con cordón blanco, caminan en procesión y llenan las calles de oración y cántico. Las andas que llevan la imagen son sostenidas por los cargadores y las sahumadoras de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas, organizados en cuadrillas que se relevan con disciplina y entrega. Se trata de una de las procesiones más multitudinarias del mundo católico, un río de fe morada que recorre las calles limeñas y que también se reproduce, con el mismo cariño, en otros países donde ha llegado la devoción. Comunidades peruanas en Estados Unidos, España, Italia, Japón y Chile organizan en octubre sus propias procesiones, demostrando que esta imagen ha trascendido su origen para convertirse en patrimonio espiritual de un pueblo disperso por el mundo que, sin embargo, se reencuentra cada año bajo la mirada del mismo Cristo.
Oración inicial para todos los días
Señor de los Milagros, Cristo Moreno que permaneciste en pie cuando todo se derrumbaba, abre hoy mi corazón para que aprenda a mantenerme firme en la fe. Te pido por mi familia, por los que están lejos, por los enfermos y por todos los que cargamos silencios que pesan. Que estos nueve días sean un tiempo de gracia en el que tu presencia sane lo que en mí está quebrado. Amén.
Los nueve días de la novena
Día 1. La fe que sostiene en el temblor
El primer día de esta novena nos invita a mirar el muro. Ese muro de adobe que resistió cuando Lima tembló en 1655 y que volvió a resistir en 1687. No era un muro de granito ni de mármol; era barro, algo frágil, algo pobre. Y sin embargo, allí donde la firmeza humana falló, la imagen del Crucificado permaneció. Eso es lo que la fe puede hacer en nuestra vida: no eliminar los terremotos, pero sostenernos dentro de ellos. Porque la fe no es una viga de acero que impida que las cosas se muevan; es la certeza de que, aunque todo se mueva, Dios no se ausenta.
Muchas veces sentimos que el suelo se estremece bajo nuestros pies: una mala noticia, la pérdida de un empleo, la distancia de los seres queridos, la enfermedad que llega sin avisar. En esos momentos, la tentación es creer que Dios ha abandonado el lugar. Pero la historia del Cristo de Pachacamilla nos dice lo contrario: Él permanece en el muro. Permanece en medio del polvo, del ruido y del derrumbe. Rezar hoy es decidir confiar en que, aunque no comprendamos todo, hay una presencia que no se desploma. Es pedir la gracia de no desfallecer cuando la tierra tiembla, sino abrazar la cruz y saber que desde ella se mira el mundo con amor.
Oración del día:
Señor de los Milagros, fortalece mi fe cuando sienta que todo se tambalea. Dame la seguridad de que Tú estás en el centro de mi temblor, sosteniendo lo que yo no puedo sostener. Que mi confianza en Ti sea más firme que mis miedos. Amén.
Petición final:
Por todos los que atraviesan momentos de inestabilidad personal, familiar o espiritual, para que encuentren en la fe un muro que no se derrumba.
Día 2. La confianza en la adversidad
La adversidad suele llegar sin permiso. No avisa, no toca la puerta, se instala como quien tiene derecho a hacerlo. Y cuando ya está dentro, la pregunta que más suele repetirse es: ¿dónde está Dios? La imagen del Señor de los Milagros responde desde la historia. Dos terremotos la rodearon, dos veces la muerte pareció llevarse todo, y dos veces el Cristo de Pachacamilla quedó allí, en medio del desastre, para que nadie pudiera decir que la desgracia había tenido la última palabra. Eso es lo que la adversidad necesita: no una negación del sufrimiento, sino la presencia de quien lo transforma.
Confiar en Dios en medio de la adversidad no significa fingir que no pasa nada. Significa reconocer que, aunque pasen cosas duras, no estamos solos ante ellas. El devoto del Señor de los Milagros sabe que la vida no se compone solo de días de fiesta; también hay jornadas de polvo, de ruina, de silencio. Y precisamente en esas jornadas, la confianza se ejerce como un músculo. Cada vez que elegimos creer que Dios sigue obrando, aunque no veamos cómo, estamos fortaleciendo el alma. Hoy pedimos la gracia de no cerrarnos en la amargura, de no dejar que el peso de lo que nos sucede nos defina por completo. Queremos aprender a dejar que la adversidad nos acerque a la cruz, porque desde ella se ve el mundo de otra manera.
Oración del día:
Señor de los Milagros, en los días en que la adversidad aprieta, enséñame a confiar en Ti sin condiciones. Que no busque solo respuestas, sino tu compañía. Que mi corazón aprenda a descansar en la certeza de que Tú nunca retiras tu amor. Amén.
Petición final:
Por quienes atraviesan pruebas difíciles, especialmente por los que sienten que no tienen fuerzas para seguir, para que recobren la esperanza.
Día 3. La humildad
El Cristo de Pachacamilla fue pintado por un esclavo angoleño cuyo nombre se ha perdido en el tiempo. No hay firma en la obra, no hay gloria humana que reclamar. Solo hay un muro de adobe en un barrio humilde de Lima, y un pincel movido por manos que la historia oficial no recordó. Sin embargo, Dios eligió ese lugar y esas manos para dejar una huella que duraría siglos. La humildad del origen es el secreto de la grandeza de esta devoción. Dios no necesita grandes escenarios; necesita corazones dispuestos.
La humildad no es una debilidad, aunque a veces la confundamos con ella. Es la verdad sobre nosotros mismos: saber que venimos del polvo, que nuestras fuerzas son limitadas y que, sin embargo, somos amados con una intensidad infinita. Rezar por la humildad es pedir la gracia de no tener siempre razón, de no necesitar brillar ante los demás, de saber recibir ayuda y de reconocer que todo lo que somos y tenemos es don. El Señor de los Milagros, desde su muro sencillo, enseña que la verdadera grandeza no está en el estruendo, sino en la fidelidad silenciosa. Hoy le pedimos que nos libre de la soberbia, de la comparación constante y de la ansiedad por dejar marca. Que aprendamos a ser como ese muro: firmes en lo esencial, humildes en lo visible.
Oración del día:
Señor de los Milagros, que elegiste lo humilde para manifestar tu gloria, dame un corazón sencillo. Liberarme de la soberbia que me aleja de los demás y de Ti. Enséñame a servir en silencio y a encontrar mi valor en ser amado por Ti, no en ser reconocido por el mundo. Amén.
Petición final:
Por todos los que trabajan en tareas invisibles, por los que cuidan, sirven y no son aplaudidos, para que sientan que su labor tiene sentido ante los ojos de Dios.
Día 4. El trabajo y el pan de cada día
Detrás de la procesión del Señor de los Milagros hay un trabajo callado y generacional. Los cargadores y las sahumadoras de la Hermandad de Nazarenas preparan durante meses cada detalle. Las cuadrillas se organizan, se relevan, sudan bajo el peso de las andas, caminan horas sobre el pavimento. Nadie lo hace por fama; lo hacen por devoción. Y esa entrega nos recuerda que el trabajo, cuando se ofrece con amor, se convierte en oración. Hoy rezamos por el trabajo y por el pan cotidiano, esas realidades que ocupan la mayor parte de nuestras horas y que, a menudo, no traen el reconocimiento que merecen.
Ganarse la vida, alimentar a una familia, cumplir con las tareas del hogar o de la oficina son formas de santidad cuando se hacen con rectitud y paciencia. El Señor de los Milagros no pide que abandonemos el mundo para encontrarlo; pide que le encontremos precisamente en medio de nuestras ocupaciones. El pan de cada día es un derecho, pero también es un misterio de provisión. Por eso, este cuarto día es buen momento para entregarle a Dios nuestras fatigas, nuestras preocupaciones económicas, los proyectos truncados y las jornadas que parecen no tener sentido. Que el trabajo no nos robe la paz, sino que nos acerque a la dignidad de quien coopera con la creación.
Oración del día:
Señor de los Milagros, bendice el trabajo de mis manos y el esfuerzo de mi jornada. Que no me sienta solo en mis obligaciones y que encuentre en el pan de cada día un signo de tu providencia. Por los que buscan empleo y por los que trabajan en condiciones difíciles, te pido alivio y justicia. Amén.
Petición final:
Por quienes viven la incertidumbre económica, por los desempleados y por todos los que sustentan a su familia con el sudor de su frente.
Día 5. La familia
La devoción al Señor de los Milagros se transmite muchas veces en el seno de las familias. Abuelos que cuentan a sus nietos cómo rezaban en octubre, padres que ponen el hábito morado y salen a la procesión con los hijos a cuestas, hogares donde la novena se reza en voz alta antes de cenar. La familia es el primer santuario, el primer muro de adobe donde Dios decide quedarse. Y por eso, hoy dedicamos este día a pedir por ella, por nuestra familia de sangre y por nuestra familia elegida.
Ninguna familia es perfecta. Todas llevan grietas, silencios incómodos, heridas que no sanan del todo. Pero precisamente en esa fragilidad, la presencia de Dios puede ser más visible. El Cristo Moreno no nos pide familias de apariencia impecable; nos pide familias que se amen con ternura, que perdonen con paciencia y que caminen juntas hacia la fe. Si hay distancias que cerrar, si hay palabras que nunca se dijeron, este es un buen momento para confiarlas al Señor de los Milagros. Que nuestras casas sean como el muro de Pachacamilla: lugares humildes, pero indestructibles en el amor.
Oración del día:
Señor de los Milagros, protege mi familia. Sana las heridas que no veo o que no sé nombrar. Da sabiduría a los padres, paciencia a los hijos, y ternura a todos los que convivimos bajo un mismo techo. Que nuestro hogar sea un refugio de paz y un lugar donde Tú te sientas bienvenido. Amén.
Petición final:
Por las familias separadas, por las que atraviesan conflictos y por quienes han perdido a un ser querido, para que encuentren consuelo y unidad.
Día 6. Los enfermos
La enfermedad nos desnuda. Nos quita certezas, nos interrumpe planes y nos recuerda que no somos dueños de nuestro cuerpo ni de nuestro tiempo. En esos momentos de vulnerabilidad, la mirada del Crucificado adquiere una profundidad particular. Él, que cargó con el dolor físico y moral, sabe lo que significa sufrir. El Señor de los Milagros no promete una vida exenta de dolencias, pero ofrece algo que la medicina no puede recetar: la compañía de quien camina al lado del que sufre.
Rezar hoy por los enfermos es un acto de solidaridad espiritual. Es decirle a Dios que no olvidamos a quienes pasan por hospitales, por habitaciones oscuras, por tratamientos largos y agotadores. Es también reconocer nuestras propias dolencias, las visibles y las invisibles: la ansiedad, la tristeza, el desánimo que a veces es también una forma de enfermar. Pedimos que el Cristo Moreno esté cerca de todos los que sufren, no como un espectador lejano, sino como un hermano que comparte el peso de la cruz. Que los enfermos sientan que no están solos, que su dolor tiene sentido unido al de Cristo y que su vida, aunque limitada, sigue siendo valiosa e irremplazable.
Oración del día:
Señor de los Milagros, mira con ternura a todos los enfermos. A los que padecen en el cuerpo y a los que duelen en el alma. Dame la gracia de no mirar hacia otro lado ante el sufrimiento ajeno. Que los enfermos sientan tu cercanía y que quienes los cuidan no se desalienten. Amén.
Petición final:
Por todos los que enfrentan enfermedades graves, por los que cuidan a los enfermos y por los que sufren en soledad, para que reciban alivio y compañía.
Día 7. Los que están lejos de su tierra
Este día está pensado especialmente para los millones de peruanos que viven fuera de su país, pero también para todo aquel que siente la distancia como un peso constante. Los que están en Estados Unidos, España, Italia, Japón, Chile u otros rincones del mundo saben bien lo que significa abrir los ojos en una ciudad que no huele como la de uno, donde el calendario no marca las mismas fiestas y donde octubre puede pasar casi inadvertido. Para todos ellos, la novena al Señor de los Milagros es un puente hacia casa.
Rezar esta novena desde el extranjero no es solo una cuestión de nostalgia; es una forma de pertenencia. Es decirle a Dios que, aunque estemos lejos, nuestra fe sigue anclada en los mismos signos. Cuando un peruano en Madrid o en Tokio reza esta novena, no está solo: está unido a Lima, a la iglesia de las Nazarenas, a la procesión que recorre las calles moradas. Dios no está limitado por las fronteras. Él puede acompañar al migrante en su soledad, al que extraña la mesa familiar, al que llora en silencio por no poder regresar. Hoy pedimos que el Señor de los Milagros sea patria espiritual para los que no tienen patria geográfica cerca.
Oración del día:
Señor de los Milagros, acompaña a los que están lejos de su tierra. A los que emigraron buscando un futuro mejor y a los que extrañan el calor de lo conocido. Que sientan que Tú eres su hogar verdadero y que la distancia no rompe los lazos del amor ni de la fe. Amén.
Petición final:
Por todos los migrantes, especialmente los peruanos dispersos por el mundo, para que encuentren trabajo digno, respeto y la posibilidad de mantener viva su identidad y su fe.
Día 8. El perdón
Mirar a un Cristo crucificado es mirar el rostro del perdón más grande que puede imaginarse. Desde la cruz, no devolvió la violencia, no clamanó venganza, no cerró el corazón. Extendió la mirada, abrió los brazos y siguió amando. El Señor de los Milagros, desde su muro limeño, nos interpela en esa misma línea: ¿cuánto espacio hay en nuestro corazón para perdonar? El perdón no es un sentimiento que surja espontáneamente; es una decisión que se renueva cada día, a veces cada hora.
Muchos cargamos heridas que no hemos sabido soltar. Palabras dichas, silencios prolongados, traiciones que cortaron algo esencial. Perdonar no significa olvidar ni justificar lo que estuvo mal. Significa dejar que Dios sane la herida para que nosotros no sigamos sangrando. Significa elegir la libertad sobre el rencor. Hoy, ante el Cristo Moreno, podemos ser honestos y decirle que perdonar nos cuesta. Pero también podemos pedirle la gracia de dar el primer paso, aunque sea pequeño. Que su cruz sea el modelo de nuestro perdón, no porque seamos capaces de tanto, sino porque su amor nos lo hace posible.
Oración del día:
Señor de los Milagros, Tú que perdonaste desde la cruz, dame un corazón capaz de perdonar. Sana las heridas que me impiden amar con libertad. Por los que me han hecho daño, te pido la gracia de desearles el bien. Por los a quienes he lastimado, pide tú mismo mi perdón. Amén.
Petición final:
Por todos los que viven en medio del rencor o la ruptura, para que encuentren en el perdón un camino de paz verdadera.
Día 9. La perseverancia
Llegamos al último día de la novena, y este es un buen momento para hablar de la constancia. Nueve días no parecen muchos, pero en la práctica de la oración diaria surgen mil obstáculos: el cansancio, la monotonía, la sensación de que nada cambia. Sin embargo, terminar lo que se empezó es ya en sí mismo un milagro pequeño. La perseverancia es la virtud de quien no se deja vencer por la rutina ni por el desánimo. Es la capacidad de seguir caminando, paso a paso, como lo hacen las cuadrillas de cargadores que llevan las andas del Señor de los Milagros por kilómetros de calles limeñas.
El Cristo de Pachacamilla no surgió de un día para otro. Pasaron años, décadas, siglos, para que la devoción creciera y se extendiera por el mundo. La perseverancia de los primeros devotos, la fidelidad de quienes fueron a rezar ante un muro de adobe cuando nadie les pedía que lo hicieran, es lo que nos ha legado esta hermosa tradición. Hoy pedimos la gracia de no abandonar la oración, el matrimonio, la amistad, el trabajo, la fe. Que aprendamos a ver en la constancia cotidiana una forma de amor que, aunque silenciosa, es profundamente transformadora. Y así, listos para la fiesta del 18 de octubre, entreguemos al Señor de los Milagros no solo nuestras peticiones, sino nuestra promesa de seguir adelante.
Oración del día:
Señor de los Milagros, dame la gracia de no desmayar. Cuando la oración se sienta seca, cuando el camino se haga largo, cuando quiera rendirme, recuérdame que Tú permaneciste en pie. Que mi perseverancia sea mi forma de amarte y de construir algo duradero en medio de un mundo que todo lo quiere inmediato. Amén.
Petición final:
Por todos los que sienten que no pueden más, para que reciban un aliento nuevo y la fuerza para continuar su camino con dignidad y esperanza.
Oración final de la novena
Señor de los Milagros, Cristo Moreno de Pachacamilla, hemos llegado al final de estos nueve días llevados por tu mirada. Gracias porque en cada jornada has estado cerca, en la meditación, en el silencio y en la súplica. Te pedimos que guardes en tu cruz las intenciones que hemos depositado aquí: las familias, los enfermos, los que trabajan, los que están lejos, los que necesitan perdonar y los que necesitan ser perdonados. Que tu presencia, la misma que resistió el derrumbe de Lima, resista también en nosotros cuando todo quiera venirse abajo. Danos la paz de saber que no caminamos solos, la humildad de reconocer que dependemos de Ti y la alegría de ser testigos de tu amor en medio del mundo. Que esta novena no sea solo una oración cumplida, sino el comienzo de una vida más cercana a Ti. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo empieza exactamente la novena al Señor de los Milagros?
La novena comienza el 9 de octubre y termina el 17 de octubre. Esos nueve días preparan la fiesta central del 18 de octubre, fecha en que la Iglesia celebra con especial intensidad al Señor de los Milagros. Rezarla del 9 al 17 permite vivir con la Iglesia de Lima y con todos los devotos del mundo que se preparan para la procesión principal.
¿Por qué los devotos visten de morado durante octubre?
Octubre es conocido en Perú como el Mes Morado. Los devotos visten un hábito morado con cordón blanco como signo de penitencia, oración y pertenencia a esta devoción. El color morado es tradicionalmente el de la preparación espiritual en la liturgia, y en este mes se convierte en identidad visible de quienes caminan con el Cristo Moreno.
¿Se puede rezar esta novena en otro momento del año?
Sí. Aunque la novena se reza tradicionalmente del 9 al 17 de octubre para preparar la fiesta del 18, nada impide que un creyente la rece en cualquier época. Dios no está limitado por las fechas del calendario, y muchos devotos la utilizan como camino de oración en momentos de especial necesidad o como preparación para otras procesiones que se celebran en octubre en distintos países.
¿Qué se le pide al Señor de los Milagros?
Se le pide principalmente fortaleza espiritual, protección en medio de las dificultades, salud, trabajo, unidad familiar y el acompañamiento de Dios en la vida cotidiana. No se trata de hacer pedidos mágicos, sino de colocar las necesidades personales y comunitarias ante una imagen que simboliza la permanencia de Cristo cuando todo parece derrumbarse.
¿Es necesario ir a Lima o participar en una procesión para rezar la novena?
No es necesario. Aunque el santuario del Señor de los Milagros está en la iglesia de las Nazarenas, en el centro de Lima, la novena puede rezarse desde cualquier lugar. De hecho, comunidades peruanas en Estados Unidos, España, Italia, Japón y Chile organizan también procesiones en octubre, pero quien no pueda asistir a ninguna de ellas tiene la misma posibilidad de unirse en oración desde su casa o parroquia.
¿Se puede rezar la novena en familia o en casa?
Sí, y de hecho es una de las formas más recomendables, especialmente para las familias peruanas que viven en el extranjero y desean mantener viva la tradición. Basta con disponer un pequeño espacio, encender una vela si es posible, y rezar juntos la oración inicial, la meditación del día y la oración propia. Rezar en familia fortalece los lazos y hace de la fe un bien compartido.
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Preguntas Frecuentes
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¿Por qué los devotos visten de morado durante octubre?▼
¿Se puede rezar esta novena en otro momento del año?▼
¿Qué se le pide al Señor de los Milagros?▼
¿Es necesario ir a Lima o participar en una procesión para rezar la novena?▼
¿Se puede rezar la novena en familia o en casa?▼
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